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El zorro de arriba
De política, cultura y cosas peores

Archivo: Abril 2009

14/04/2009 GMT 1

Cárcel al japonés Fujimori

consejerodelobo@hotmail.com @ 00:16
Un Perú digno contra otro indecente
Por Ricardo Letts 

Muchas y muy sinceras felicitaciones a la Sala del Poder Judicial que procesó, sentenció y condenó por delitos de lesa humanidad y le dio 25 años de cárcel al japonés. Hay allí tres jueces ejemplares. Todo un equipo. Invalorable. Eso, todo eso, es una cosa muy buena para el pueblo y la nación peruana. Excelente para la perspectiva política histórica del país.

¡Que ahora comiencen a temblar de miedo los grandes ladrones, los corruptos, los asesinos, los genocidas, los secuestradores, torturadores, violadores de derechos humanos, es decir en general los grandes delincuentes y sus cómplices!

En sucesivas serias encuestas efectuadas por mí mismo durante el último año entre sectores inequívocamente de la oligarquía, 2/3 defendía al japonés y lo consideraba –crímenes incluidos- “salvador de la patria”. Por ello sé que no es equivocado decir que la oligarquía peruana ha sido seriamente golpeada por el fallo. Toda la delincuencia política que el japonés construyó y está ahora todavía en acción, está por cierto contra el fallo. Un ejemplo: la posición pública de Julio Favre al respecto. Ha sido golpeada duro.

Sabemos bien, que la alianza entre el japonés y García, que se construyó en 1990, funcionó para defender a García e implantar el neoliberalismo. Hacía mayoría contra nuestras justas acusaciones en el Congreso por genocidio y enriquecimiento ilícito. Duró hasta la aprobación de la acusación constitucional contra García y la censura al Ministro de Agricultura a fines del 91. (Es cuando intentan matarme con el “sobre-bomba”). Luego se reconstituyó desde el golpe del 5 de abril del 92. Ahora mismo sigue orientándose con las conversaciones entre Keiko Sofía y García que la dama confesó ciertas durante el último programa de Jaime Bayly. La condena al japonés también golpea a García y al aprismo.

Dentro del PPC y los demás sectores políticos de derecha, donde la oligarquía sin duda reina. ¡Qué no estará pasando! Lourdes Alcorta del PPC ha mostrado cuan grave es esa fisura. Sin embargo Jorge Avendaño, ilustre abogado de ese sector, (también Francisco Miroquesada Cantuarias), sí defienden correcta y rotundamente el fallo.

Esta es una nueva e inédita polarización política e ideológica del país. De un lado, los defensores del japonés y sus crímenes, entremezclados con los sectores inmorales del aprismo, la oligarquía, y el resto de la derecha juntos y por ahora revueltos en un extremo. Contra, de otro lado, quienes estamos todos muy felices por la condena del japonés, y la vamos a defender: la izquierda, el nacionalismo antiimperialista, y en general gente que aunque de derecha es sin embargo digna, decente.

09/04/2009 GMT 1

Caracterísricas de los oligarcas

consejerodelobo@hotmail.com @ 16:42
Guatemala
Si yo fuera un oligarca


Fernando Suazo
Rebelión



Si yo fuera un oligarca, me cuidaría de tener disponible un congreso de tipos corruptos, si más impresentables, mejor (conservando algunas figuras que salven su imagen), de manera que la gente se acostumbrara a la vergüenza de tener esos padres de la patria, y a la impotencia de no esperar nada de ellos, pero, al mismo tiempo, se viera forzada a resignarse porque, a fin de cuentas, esto es la democracia; un congreso, eso sí, que legislara para mis intereses de clase (que nada tienen que ver con los de la nación): mis negocios sobre recursos naturales, mis exenciones fiscales, mis estrategias de control social… A cambio, permitiría a los diputados las maniobras más turbias, incluso amparados en leyes como la de Armas y Municiones, para que todo les resultara más fácil.

Propiciaría una clase política inmoral, unos partidos cortoplacistas, carentes de proyecto nacional, desechables y siempre disponibles para las transacciones más inconfesables.

Negociaría con la institución armada sus inmensos privilegios (su exclusividad inaccesible, sus partidas presupuestarias, su impunidad para crímenes de guerra y para negocios y operaciones ilegales) a cambio de que ellos colaboraran con nuestros intereses de clase y con las estrategias de control social más pertinentes. Los militares y nosotros no estamos dispuestos a permitir que los archivos militares y los de la policía nacional afecten el blindaje de impunidad que garantiza nuestro proyecto político (aunque para ello tengamos que secuestrar y torturar a la esposa del Procurador de los Derechos Humanos).

Trataría de que el organismo judicial fuera sumamente inoperante y corrupto a favor de genocidas, saqueadores del erario público, capos de todos los pelajes, funcionarios actores o cómplices del crimen organizado; pero, ahí sí, exigiría a los jueces aplicar implacablemente la ley, con justicia o sin ella, contra líderes campesinos como Ramiro Choc, contra defensores de los recursos naturales y contra quienes amenacen esta controlada impunidad, patrimonio exclusivo de nuestra clase.

Toleraría que el presidente de la república desplegara un lenguaje y unos gestos que mis antepasados coloniales, liberales o del tiempo de la guerra fría jamás hubieran soportado (como besar la mano de un viejito indio declarándose discípulo suyo; o afirmar que aquí sí hubo genocidio; o prometer que se harán públicos los archivos militares o los de la policía nacional; o cooptar a dirigentes izquierdistas para el gobierno…), pero sólo en la medida en que trabajase para nosotros. Que el presidente diga y haga lo que le ronque en gana para congraciarse con los progresistas de dentro y de fuera, pero que trabaje a tiempo completo al servicio de nosotros, los dueños del país.

Si yo fuera un oligarca, contribuiría al desprestigio de las instituciones del estado y publicitaría ese desprestigio a través de los medios de masas, favoreciendo así la privatización de todos los servicios: comunicaciones, infraestructura, salud, educación, seguridad, vivienda…

Involucraría a los medios de masas, a las pandillas juveniles, a las fuerzas de seguridad del estado, a los cuerpos ilegales y los aparatos clandestinos para mantener permanentemente activado el miedo de la población (femicidios, crímenes diarios en el transporte público, rumores que provocan pánico, etc.); haría todo lo posible para que el ministerio de gobernación y especialmente la policía nacional civil se desprestigiaran ellos solos, y daría publicidad a ese desprestigio. Estimularía la anarquía de las instituciones del estado con el fin de provocar y mantener el pánico social, pero me cuidaría de que el congreso castigara con severas leyes el delito de pánico financiero.

Si yo fuera un oligarca, controlaría las noticias nacionales que recibe la población: fomentaría las que desmovilizan a la gente mediante el miedo, la insolidaridad, la frustración política, la desesperanza y el fatalismo; facilitaría satisfactores eróticos en las imágenes; normalizaría la violencia, cuidando que siempre esté dirigida contra ninguna parte, que nunca tenga una orientación de clase, ni étnica, ni menos de justicia o venganza por los crímenes cometidos en la guerra contrainsurgente; encubriría los intereses y las ganancias de las transnacionales y criminalizaría las luchas comunitarias en defensa de los recursos naturales; ocultaría y manipularía las noticias sobre las consultas comunitarias en relación a los megaproyectos.

Me cuidaría de que la información internacional tuviera un sesgo favorable a los intereses de los USA y del capitalismo neoliberal, desprestigiando y ridiculizando el proyecto antiimperialista de Cuba y otros que actualmente prosperan en el continente. Dejaría muy claro que ni nosotros ni las fuerzas armadas estamos dispuestos a permitir que en Guatemala triunfe un gobierno izquierdista, como acaba de suceder en El Salvador; aunque para ello tuviéramos que dar algunos golpes dolorosos.

Si yo fuera un oligarca, esta Guatemala fracasada sería mi paraíso.

Valle Riestra y Fujimori

consejerodelobo@hotmail.com @ 16:18
Por César Hildebrandt
A mí no me extraña que Javier Valle Riestra, a quien le tengo estima traicionándome, esté hecho una furia por la condena merecidísima de quien fue, durante dos meses, su Presidente y superior.

Y digo que no me extraña porque de don Javier es posible esperar hasta la sinceridad. Y en esto de Fujimori, don Javier se ha presentado en ropas menores para expresar su ira de ex primer ministro y su desprecio de jurisconsulto no consultado (“la condena es putrefacta”, ha dicho desde el aroma de jazmines que lo envuelve).

El mismo día de la condena, alabada por el Colegio de Abogados que don Javier integra casi patriarcalmente, el tribuno preferido de “La Razón” pretendió rectificar a la sala presidida por César San Martín con un punto de vista de lo más provocador y punzante.

Ese punto de vista es el siguiente: si la pregunta básica de los criminalistas es “¿A quién beneficia el crimen?”, ¿cómo es posible pensar –argumenta Valle Riestra- que Alberto Fujimori se benefició de algún modo con “la ejecución de esos actos de barbarie inútiles?”

Pero el crimen estrictamente utilitario está reservado a los mortales comunes y corrientes: el marido que se beneficiará con una póliza, el legatario que apura los funerales del testador, el hombre que mata a un testigo que lo sorprendió robando y así por el estilo.

En los crímenes de índole política, esas ventajas mezquinas se consideran de otra manera.

¿Era importante para el aparato exterminador creado por Fujimori sembrar el terror donde pudiera ser sembrado y dejarlo flotando como una respuesta de Estado frente al terror que desataron Sendero y el MRTA?

Claro que lo era. Y en la concepción que de la autoridad tenía –y tiene- Fujimori, inspirar miedo era vital y demostrar que el Estado podía burlar el cerco de la ley y matar tan salvajemente como el terrorismo, era imprescindible.

De modo, que hasta en la lógica de Valle Riestra, hubo móvil y hubo provecho.

Pero Valle Riestra se pregunta pertinentemente: “Si el objetivo era intimidar, ¿por qué se ocultó entonces los cuerpos?”.

Precisamente, don Javier: para intimidar. Pregúnteles a las Madres de la Plaza de Mayo qué es más terrorífico: un hijo exterminado pero de cuerpo presente o un hijo desaparecido.

Y, al fin y al cabo, como bien sabe el erudito doctor Valle Riestra, sin cadáver no hay crimen y sin crimen no hay investigación y sin cadáver ni crimen ni investigación tampoco hay culpables. Con lo que todo resulta más temible aún: un Estado plagado de criminales que puede borrar huellas, negar detenciones o quemar esqueletos que se entierran dos veces en distintos lugares. O, como en el caso de Barrios Altos, dejar los cadáveres como escarmentadora exhibición.

¿Se benefició Stalin mandando matar a Trotsky después de matar a casi todo el politburó leninista de la Rusia soviética? A la larga no, pero en el plazo breve de su biografía miserable, por supuesto que sí. La mano larga de su red demostró hasta dónde podía llegar el internacionalismo del sicariato comunista. Stalin sólo se concebía produciendo terror.

¿Se benefició Pinochet dándole carta libre a las hienas que mataron a patadas y balazos al cantante Víctor Jara? Desde luego que sí. Pinochet necesitaba paralizar de miedo.

Si la pregunta de Valle Riestra fuese la del siglo, el infame Adolfo Hitler podría haber dicho algo parecido en relación al holocausto de judíos, homosexuales, comunistas y gitanos. ¿Qué provecho podía obtener el Tercer Reich, que aspiraba conquistar a Europa y que tenía la simpatía de la plutocracia de medio continente, matando inocentes por miles y dándole la razón a Winston Churchill? Pues el provecho del terror.

¿Qué provecho podía obtener Videla permitiendo que en la Escuela Mecánica de la Armada las vaginas de las interrogadas fuesen escarbadas por ratas vivas rabiosas? El de convertirse en la pesadilla maligna que llegó a ser.

Y el recientemente condenado a cadena perpetua coronel Theoneste Bagosora, oficial ruandés que dio el primer paso hacia la masacre de tutsis en la Ruanda de 1994, ¿qué provecho sacó llamando al exterminio de “las cucarachas” y exigiendo a sus tropas que no respetaran colegios ni embajadas ni orfelinatos? Ahora que está condenado, da la impresión de que no obtuvo nada de esa matazón. Pero cuando la instigó, su poder se hizo indiscutible.

Los crímenes de lesa humanidad no pueden medirse desde la criminalística vulgar. Son crímenes que parten de doctrinas degeneradas, de locuras que aspiran a ser ideológicas, de crueldades imbéciles e intolerancias sin sentido.

Cuando Martin Rivas le disparó en la cabeza a un niño de ocho años en Barrios Altos, ¿actuaba por su cuenta o interpretaba aquel marco ideológico y doctrinario creado por Fujimori y su entorno?

Y en la hipótesis de que hubiese actuado por su cuenta –dado que, según Valle Riestra, no hay órdenes escritas ni verbales en el expediente-, ¿entonces por qué Rivas fue después felicitado, ascendido, encubierto por Martha Chávez y el Congreso fujimorista y, más tarde, dos veces amnistiado por el mismo Fujimori?

La solución para Valle Riestra es, ahora, la amnistía o el indulto. El derecho internacional prohíbe esas “salidas” para los crímenes por los que ha sido sentenciado Fujimori. Valle Riestra sostiene que hasta la amnistía para el grupo Colina “fue convalidada por sentencia del Tribunal Constitucional (1997)”. ¿Es que Valle Riestra quisiera ver a Rivas y a su banda caminando por el barrio?

Todo es posible en un tribuno tan amplio y generoso como don Javier, quien justifica aun los secuestros de Gorriti y Dyer llamándolos “arrestos por horas” y diciendo “que se produjeron en estado de suspensión de garantías legítimo”.

Yo no puedo olvidar que el 11 de noviembre del 2008, en uno de sus flambeados escritos en defensa de Fujimori, Valle Riestra llegó a decir que fue timorata la actitud de quienes no incluyeron en la amnistía de 1945 a Carlos Steer Lafont.

Steer Lafont, según Valle Riestra, “fue protagonista de un asesinato cruel...pero político”.

Para mis lectores jóvenes, que deben de ser pocos pero son, habré de aclarar que Steer Lafont fue el fanático aprista que mató a balazos, en plena Plaza San Martín, a don Antonio Miró Quesada, director de “El Comercio”, y a su esposa María Laos de Miró Quesada.

Era mayo de 1935 y la primera declaración de Steer Lafont ante la policía fue que “había decidido matar, desde hace muchos meses, al señor Miró Quesada porque con los editoriales de su periódico incitaba a matarse entre peruanos...” (Dictamen del agente fiscal de Lima, 22 de julio de 1935).

Cuando le preguntaron por qué había matado también a María Laos de Miró Quesada dijo que la señora lo golpeó con su bolso de mano y que, luego de ver a su marido en el piso, la que sería su segunda víctima intentó abrir ese mismo bolso; que él (Steer Lafont) sospechó que María Laos podía estar tratando de sacar un arma y que, ante la sospecha, disparó a quemarropa y en el pecho.

¿Un asesinato cruel...pero político? ¿Una amnistía que debió darse?

¿A qué barbarie nos quieren regresar con tal de defender a Fujimori?

¿Por qué Javier Valle Riestra ha decidido huir de la posteridad benévola que parecía estar esperándolo? ¿Por qué un hombre de su inteligencia parece ahora el segundo de a bordo del Estudio Nakazaki? ¿Qué provecho puede obtener de tan extravagante crimen?

La pacificación de Fujimori

consejerodelobo@hotmail.com @ 15:52
Por Carlos Urrutia
Alberto Fujimori mintió tanto que un día uno de sus falsos amigos difundió un vídeo delator, que salió de las entrañas del SIN, y derrumbó su poder como un castillo de naipes. Entonces dijo que regresaría al Perú a cobrar la inversión que hizo en pacificar el país. Ya está en el país, pero ahora tiene una sentencia de veinticinco años de prisión.

No hay que olvidar que autorizó a Montesinos a corromper altas autoridades del Poder Judicial, a intervenir el Consejo Nacional de la Magistratura, las salas de derecho público, de delitos tributarios y aduaneros, así como los juzgados que tenían que resolver asuntos relacionados con las garantías constitucionales, con el fin de presionar y manipular opositores políticos y hacer negocios sucios. ¿Así quería pacificar el país?

Llevó a cabo una despiadada política de despidos masivos, engrosando las filas de emigrantes que buscaban fuera del Perú mejor salario aunque sea con peor trato. Debilitó los fondos de pensiones y las aspiraciones futuras de los trabajadores. ¿Qué paz le regaló el fujimorismo a los peruanos?

Bajo su presidencia, el Perú mantuvo sus indicadores de pobreza sobre el 50% y aumentó la mortalidad infantil. Quiso transformar los servicios de salud en empresas “rentables” y, por si fuera poco, implantó un salvaje plan de esterilizaciones masivas en zonas rurales. Muchas jóvenes murieron en paz por ese camino.

Ni se sonrojó al comprarse la llamada “prensa libre”, haciendo que Vladimiro Montesinos los filmara recibiendo bolsas de dinero y los grabara aceptando sus propuestas indecentes, para vergüenza de la historia de la prensa peruana. ¿Cómo hablar de pacificación?

Cómo será su falta de identidad nacional que antes de huir al Japón le decían “chino”, así se hizo presidente del Perú con “chullo” y poncho y así también renunció por fax a la presidencia y postuló para ser senador en el Japón, aunque casi no tuvo votantes. Hace más de un año volvió al Perú a ser presidente y ahora está preso. ¿De qué pacificador hablamos?

Compró congresistas tránsfugas que abandonaron los partidos por los que fueron elegidos para cobijarse en la impunidad al servicio de Fujimori y Montesinos. ¿Puede haber paz con tanta indecencia?

Por su amor a la patria, construyó una pasarela en el SIN, para que desfilen, como modelos, los altos mandos militares a firmar una acta de sujeción a Montesinos, sus ordenes y sus trampas. ¿Pacificación?

Todas estas “bandideces” han dejado heridas abiertas y vergüenzas latentes en los peruanos, nos han hecho perder la confianza en nuestra democracia, nuestras instituciones, en nuestras autoridades y en la política como actividad legítima de los ciudadanos.

Una de las mayores virtudes de esta sentencia de la Sala Penal Especial de la Corte Suprema de Justicia ha sido devolvernos la esperanza de que en el Perú podemos tener una justicia decente.

Ni indulto ni amnistía para Fujimori

consejerodelobo@hotmail.com @ 15:38
Ni indulto ni amnistía

Ni indulto ni amnistía

La gravedad de los crímenes de Estado y delitos de lesa humanidad (homicidio calificado, asesinato con alevosía, lesiones graves y secuestro agravado) por los que fue condenado a 25 años de cárcel el ex dictador Alberto Fujimori, en calidad de autor mediato, cancela definitivamente la posibilidad de que sea indultado o amnistiado, confirmaron ayer destacados juristas.

El ex procurador anticorrupción Omar Chehade dijo al respecto que la Corte Interamericana de Derechos Humanos prohíbe taxativamente que los Estados miembros, como el Perú, otorguen amnistías o indultos a quienes han cometido crímenes de Estado, como es el caso de Fujimori.

Aclaró que, en teoría, Fujimori podría recibir cualquiera de esas gracias, pero ni el Congreso ni el Presidente de la República lo deberán hacer pues colisionarán directamente con lo que ordena este organismo supranacional, al que se supedita la legalidad de nuestro país. “De hacerlo, estaríamos retrocediendo en materia de derechos humanos y nos convertiríamos en un país paria a nivel internacional”, advirtió. El régimen de Fujimori puso al país en tal condición, al negarse a acatar decisiones de la Corte en materia de derechos humanos e intentar renunciar a su jurisdicción.

Además, la CIDH declarará nula una resolución de este tipo, como lo hizo en el 2001 cuando declaró que carecían de efectos jurídicos las amnistías otorgadas a los miembros del Grupo Colina –ejecutor de las matanzas por las que fue condenado Fujimori- por el Parlamento fujimorista, criterio que fue recogido también en una resolución del Tribunal Constitucional peruano.

La Constitución incorpora a la legislación peruana, por encima de cualquier norma, a los tratados internacionales sobre los derechos humanos, que sancionan los crímenes de lesa humanidad -es decir aquellos crímenes atroces cometidos por quienes detentan el poder-.

El criterio de que Fujimori no podría recibir ninguna de las figuras de perdón u olvido de la pena contempladas en la Constitución, fue compartida por el jurista y catedrático de la Universidad de Chimbote, Luis Arroyo, a la luz de lo que prescribe la legislación internacional de la que el Perú es signatario.

El constitucionalista Alberto Borea, a su vez, apuntó también que el criterio de no permitir que violadores de los derechos humanos se beneficien de la amnistía o el indulto, ha sido ya aplicado en países vecinos como Argentina, que padeció una feroz dictadura en la década de los 70.

Por tanto, añadió, la Corte no aceptará ni el indulto ni rebajas de pena para el caso de Fujimori, y por otro lado nuestra legislación, cuando habla de delitos de lesa humanidad, como se ha hecho en la sentencia condenatoria contra Fujimori, dibuja una figura criminal diferente a la de aquel que mata a alguien en la calle y se refiere entonces a delitos que deben ser pagados de manera ejemplar.

En opinión del jurista, por esta condición (delitos de lesa humanidad), Fujimori no sólo no podrá recibir el indulto ni la amnistía, ni ningún beneficio penitenciario de los que contempla nuestra legislación penal.

Sin embargo, tal como lo señala la sentencia y como lo explicó el jurista José Ugaz, al ex presidente se le podría aplicar la ley vigente en materia de ejecución penal, y por tanto tendría acceso a beneficios penitenciarios, mediante la fórmula de “7x1”, por el cual redimiría por cada siete días de trabajo o estudios probados, un día de prisión, de acuerdo a la ley 28760 que establece condiciones más severas para los autores del delito de secuestro agravado.

Por esa misma legislación, la libertad condicional por buena conducta la podría obtener luego de cumplir las tres cuartas partes de su condena, es decir después de cumplir 18 años y 9 meses de penitenciaría obligatoria a diferencia de los condenados por otros delitos que pueden lograrla al completar un tercio de la misma.

Razones humanitarias
El jurista Iván Montoya, profesor de Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, sostuvo que la figura del indulto es aplicable en casos que planteen razones humanitarias, cuando se trata de personas que están muy enfermas, pero no se puede invocar para delitos contra los derechos humanos.

Por su parte, el doctor Mario Amoretti recordó que el proceso continúa porque la sentencia ha sido apelada y todo dependerá de si la Corte Suprema ratifica la sentencia que los delitos condenados constituyen crímenes de Estado o de lesa humanidad o decide, por ejemplo, que se trata solamente de homicidio calificado, al que si le correspondería el indulto.

Confirman condena
La Primera Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema propinó un nuevo revés al abogado César Nakazaki y su cliente, el ex dictador Alberto Fujimori, al desestimar la apelación que presentó en el caso del allanamiento ilegal de la casa de Trinidad Becerra, esposa de Vladimiro Montesinos, en el año 2000, y ratificar la condena original de seis años de prisión. Esta es la primera sentencia en firme que le impone un tribunal al procesado ex presidente, quien el pasado miércoles fue condenado a 25 años de cárcel por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, además de los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.

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