Confesión político social de Javier Valle Riestra
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Escenario del 2011 Por César Hildebrandt |
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Si el Perú fuera un país menos aluvional, en la derecha del 2011 estaría Rafael Belaunde, que tiene ideas y las tiene claras, compitiendo con Yehude Simon, que podría encarnar una socialdemocracia de los tiempos de Google. Pero como aquí la cacasenería es una vieja inmortal tipo Ña Catita, seguro que tendremos a Luis Castañeda Lossio, el mudo del SAT, por un lado, y a algún inverosímil clon de Ollanta Humala, por el otro. Castañeda Lossio ha precipitado insolentemente la ruptura de Unidad Nacional porque quizá ya tenga en la mochila el acuerdo con Alan García para el 2011. Ese contrato mataría dos pájaros de un tiro: haría posible la elección de un continuista ortodoxo como el alcalde de Lima y abortaría las ambiciones presidenciales de Jorge del Castillo. García no quiere a Jorge del Castillo. Y menos lo quiere como candidato. Lo querría si estuviese convencido de su derrota (como lo estuvo con Luis Alva Castro en 1990). El problema es que Del Castillo podría ganar. Y eso es algo que el narcisismo alanista no está dispuesto a tolerar. Un Castañeda respaldado por la maquinaria nacional del Apra –cada vez más un PRI andino- tendría grandes oportunidades de hacerse con el poder. A no ser que el Apra se declarase en rebeldía, desacatase la voz del caudillo y apoyase al candidato que surgiera de las primarias del 2010. Pero esto implicaría un clima de beligerancias y desgarros que podría hacer temblar la relativa estabilidad de la economía. Como un aporte surrealista y provocador a las profecías sobre el 2011, Carlos Ferrero ha previsto ayer una plancha Castañeda-Keiko-Del Castillo, que sería algo así como la versión tumoral de la “Convivencia” de 1956. Es un modo de decir que los escrúpulos de García son lo suficientemente escasos como para proponerle a Del Castillo ser segundón de Keiko, lo que, en la biografía del Apra, podría llamarse el broche de oro de la promiscuidad. Pero ese vaticinio tragicómico exigiría el suicidio a lo Mishima de Jorge del Castillo, alguien que sigue construyendo, con paciencia y buen humor, su búnker personal de cara al 2011. Si Castañeda fuera el candidato alanista-aprista, Lourdes Flores la representante posiblemente redundante del centro-derecha, Alejandro Toledo el hombre con experiencia “que tú ya conoces” y Humberto Lay (o alguien parecido) el sobrero infaltable, al centro-izquierda le bastaría con un candidato de polendas para pasar a la segunda vuelta y convertirse en una opción de cambio que no atemorice sino que, más bien, alivie. Cambio que, a esas alturas de la crisis internacional, sonará a música celestial para millones de electores. Claro, se me dirá, pero ya no está Barrantes. Pero es que Barrantes nunca fue serio, a pesar de su éxito, su carisma, su bonhomía y su talento. Barrantes inventó el barrantismo, que lo que aportó a las ideas fue un buen vaso de leche en polvo. Y eso de “la izquierda unida jamás será vencida” era para sacarle pica a Hugo Blanco, que fue su bestia negra. Y después de Barrantes, mucho después, llegó Ollanta Humala, que es un buen hombre y un pésimo candidato. Humala patentó el humalismo, que es algo así como frasear el malestar pero sin saber adónde se quiere llegar. Barrantes era una federación de urgencias. Humala es un chilcano de furias. Pero ambos, en el poder, no hubieran salido del día a día. Y a ambos los atormentaba un zafarrancho de ideas que los hacía contradecirse cada semana. Y, sin embargo, el Perú necesita dotarse de un candidato que no esté en el tablero de los Romero y los Miró Quesada, un candidato de las izquierdas renovadas. Yo no sé si a Yehude Simon le alcanza el cuero para la tarea. Lo que sí sé es que es el único que se ha atrevido a proponer un par de novedades en la grasienta agenda política del poder regional. Como no sé, de igual modo, si Rafael Belaunde tendrá ganas de repetir el itinerario de candidato programático en un país que vota muchas veces por los cromos y los miedos mediáticos. Lo que sí sé es que él es de las pocas cosas buenas y prometedoras que le han ocurrido a la política peruana. ¡Y pensar que estuvo callado tantos años sólo por no contrariar a su padre! En todo caso, ojalá gente como Simon o Belaunde ventilen el aire pasmado y acaroso que nos envenena. Es que o nos renovamos o tendremos al picapedrero Castañeda haciendo de las suyas (pero en grande) en el 2011. Y con Marquito Parra de Contralor General, cómo no. El maestro Hildebrandt se olvida del presidente regional de Puno Hernán Fuentes o del mismo Antauro Humala. Las respuestas radicales siempre tendrán acogida electoral en un país arrasado por la miseria. |
LA POLÉMICA HAYA-MARIÁTEGUI
Ante la crisis del anarcosindicalismo para el movimiento obrero y popular quedaron abiertas dos alternativas: aprismo o socialismo. La controversia entre Víctor Raúl Haya de la Torre y José Carlos Mariátegui, representantes más connotados de cada una de esas tendencias, no ha perdido actualidad y gravita profundamente en la vida política presente de nuestra sociedad.
Mariátegui colaboró con Haya de la Torre y el APRA (fundada en México, 1924) mientras esta organización se mantuvo como frente único, como alianza popular de clases oprimidas. Pero cuando en 1928, Haya decidió transformarlo en partido. Mariátegui deslindó abiertamente con el fundador del aprismo y su propuesta política. Debemos decir, en honor a la verdad, que las diferencias se venían incubando desde antes; el cambio del APRA de frente a partido fue el detonante de la polémica, de la confrontación, en ese entonces, del reformismo con la revolución representada por José Carlos Mariátegui.
Lo sustancial de la polémica Haya-Mariátegui puede resumirse en lo siguiente:
Haya de la Torre consideraba que en América Latina el imperialismo es la primera fase del capitalismo, en la medida que en países como el Perú el capitalismo no había nacido como producto de un desarrollo interno sino por influjo del capital imperialista. Siguiendo con su análisis, Haya hacía notar que el capitalismo peruano era incipiente y que la clase obrera estaba poco desarrollada: era numéricamente reducida, no educada y se encontraba dispersa. Además decía Haya, era una clase que no tenía mucho interés en enfrentarse con el capital imperialista porque éste le proporcionaba mejores condiciones de trabajo que los empresarios del país.
Las clases medias, en cambio, nada recibían del imperialismo y eran las más explotadas. En resumen, para Haya, el proletariado peruano no estaba capacitado para organizarse, por sí mismo como clase, ni para tener su propio partido y, mucho menos, para ser vanguardia de la revolución. Por el contrario, eran las clases medias, consideradas más progresistas y revolucionarias, las llamadas a encabezar la revolución antiimperialista y a convertirse en burguesía nacional.
El espacio y el tiempo del Perú así lo determinaban. Las clases medias eran las más numerosas, las más instruidas y las más explotadas, por tanto, según Haya, debían ser la vanguardia de la revolución.
En consecuencia con lo anterior, proponía un partido pluriclasista conformado por obreros, campesinos y clase media, con hegemonía de ésta última. No proponía construir una sociedad socialista, sino una sociedad en transición con un estado antiimperialista cuyo régimen económico de base estaría conformado por la empresa privada, por las cooperativas y por el capitalismo estatal. Con esto se buscaba superar la feudalidad, desarrollar el país y lograr la autonomía nacional. Haya decía que el imperialismo tenía un lado malo: era opresor; y un lado bueno: brinda capitales, desarrollo y progreso.
Mariátegui, por su parte, argumentaba que las clases medias no pueden ser consecuentemente antiimperialistas y, mucho menos, pueden ser clases dirigentes del partido y de la revolución en el Perú. Si acaso alguna vez tomarían el poder, eso no significaría la llegada del socialismo, menos la conquista del poder por el proletariado. Además, una política meramente antiimperialista no era suficiente porque no anulaba el antagonismo de clase, sólo el socialismo garantizaba una valla definitiva a la rapiña imperialista.
Mariátegui proponía un partido de clase; consideraba que la clase obrera y los trabajadores en general sí están en capacidad de organizarse políticamente y ser la base de una fuerza socialista, que tendría que crecer a medida que se desarrollaba la conciencia de clase proletaria y avanzaba la transición del feudalismo al capitalismo en la sociedad peruana. La revolución no sólo tendría una dimensión antiimperialista sino antifeudal, paso previo para sentar las bases del socialismo en nuestro país. Con gran claridad y visión otorgó especial importancia al problema indígena y a la fuerza revolucionaria del campesinado. Trabajó para sentar las bases de la alianza obrero-campesina en el Perú.
LAS CIFRAS DE LA POBREZA
Aunque nos acusen de aguafiestas, esta es la verdad.

• El gobierno del presidente Alan García ha destacado, como uno de sus mayores logros, la reducción de la pobreza. Según el INEI, durante el 2007 disminuyó de 44.5% a 39.3% respecto al 2006. La información –aunque cuestionada por especialistas que dudan de la metodología empleada– fue convenientemente resaltada por los principales referentes apristas en entrevistas y presentaciones públicas.
• Que ha habido una ligera reducción, parece innegable. Sin embargo, esos 5.2 puntos porcentuales –si habemos de creer al INEI– todavía saben a casi nada para un país que viene experimentando un crecimiento económico sostenido, por encima del promedio de la región. Todavía más. De las diez regiones más pobres, 8 se ubican en la sierra y 2 en la selva, todas con porcentajes de escándalo: Huancavelica (85.7%), Apurímac (69.5%), Ayacucho (68.3%), Puno (67.2%), Huánuco (64.9%), Cajamarca (64.5%), Pasco (63.4%), Cusco (57.4%), Amazonas (55%) y Loreto (54.6%).
• Queda bastante claro entonces, como señala Javier Azpur en la entrevista que publicamos, que la brecha entre la costa y la sierra y la selva crece cada vez más. De la misma opinión es Farid Matuk. Desde Jordania, el ex jefe del INEI sostiene que "el crecimiento económico generado en la actual gestión agranda las diferencias entre Lima y provincias, lo que a su vez incrementa la desigualdad". Y, como sabemos, las diferencias sociales son siempre una fuente generadora de conflicto.
• Pero la desigualdad también se nota dentro de las mismas regiones. Según Matuk, mientras determinadas provincias se benefician gracias a alguna actividad económica importante (extractiva, turística, agroindustrial) otras permanecen alejadas del desarrollo. "Aunque Ica crece, la provincia de Palpa sigue en nada. Ese fenómeno se puede generalizar a nivel de todo el Perú", explica.
• Una manera de combatir la desigualdad y reducir el clima de tensión social debería ser a través de la inversión pública. Como nunca, vivimos en un periodo de bonanza económica y hay dinero para invertir en zonas de extrema pobreza. Lamentablemente, y pese a los esfuerzos del gobierno central y los gobiernos regionales por acelerar el gasto, continúan los problemas.
• De acuerdo con información proporcionada por Propuesta Ciudadana, en este primer semestre las regiones han ejecutado el 19% del gasto programado mientras que el gobierno central ha ejecutado el 22%. Así, habiendo superado la mitad del 2008, apenas se ha invertido una quinta parte.
• Y sorprende comprobar que entre los sectores del gobierno central que menos han ejecutado se encuentren educación (17%), vivienda (13%) y salud (con un exiguo 2%). Es decir, tres sectores decisivos en la urgente tarea de elevar el nivel de vida de los peruanos pobres. ¿Cómo puede interpretarse esto? Para empezar, que existe un grave problema de gestión.
• Da réditos políticos afirmar, cifras en mano, que la batalla contra la pobreza se empezó a ganar. Debe quedar claro, eso sí, que la victoria final luce todavía lejanísima y que el descontento de la población más necesitada, lejos de reducirse, se mantiene inalterable. El paro del 9 de julio lo dejó en evidencia.
Fuente: LA REPÚBLICA
| “Con 40% de pobres la democracia no es viable” |
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Por Enrique Patriau –El gobierno presenta como un notable éxito la disminución de la pobreza en cinco puntos. ¿Debemos felicitarlo? –Ponernos a discutir sobre puntos más o puntos menos puede resultar interesante, estadísticamente hablando. Pero asumiendo que las cifras presentadas por el gobierno son reales, y eso es un debate aparte, estamos hablando de 12 millones de peruanos que viven por debajo de la línea de la pobreza. Ese sí que es un problema sustantivo que se tiene que enfrentar ya. –Pero que se arrastra desde muy atrás. –Los hechos demuestran que el largo periodo de crecimiento que se inició en el 2003 no tiene la capacidad de integrar, como debería, a esta población excluida, que no ve ni siente los beneficios. Y ese discurso triunfalista lo que hace más bien es generar mayores expectativas, pero también frustración entre los que menos tienen. –Eso se vio en el paro del 9 de julio. –Que no fue un solo paro. Fueron múltiples paros, en distintas zonas, cada una con sus propios planteamientos. Pero sí hubo un punto en común: todos exigen una mejor distribución. Quieren ser incluidos. –En el gobierno hay voces como la de Mulder, que habla de un complot de comunistas, de extremistas. –Esa explicación no convence. Lo que hay es una demanda de millones de peruanos que están diciendo ‘yo también quiero beneficiarme del mercado, yo quiero ser parte de esta bonanza, tener una mejor calidad en educación y en salud para mis hijos’. Sin embargo, no encuentran respuestas ni en el Estado ni en las fuerzas políticas. ¿Y qué es lo que sí encuentran? Pues formas de canalizar su malestar a través de medidas de fuerza como las del paro. –Es curioso. La inclusión social se puso de moda en la campaña electoral del 2006, un poco por el miedo que generaba Ollanta Humala. Y después se olvidaron... –Ese discurso duró poco, tanto entre las fuerzas políticas que hoy gobiernan y entre los sectores empresariales que se benefician del crecimiento. Hoy olvidan todo eso. Lo que la gente quiere es que la inclusión no sea solamente para algunos sectores o regiones. Debe llamarnos a preocupación la fractura, la brecha que existe entre las regiones. –Una costa en muchas mejores condiciones que la sierra y la selva. –Es que si tú miras los indicadores sociales te encuentras con Huancavelica, con el 85% de pobres. Las diez regiones con mayores niveles de pobreza se ubican en la sierra y en la selva. Todas. Entonces, queda claro que la brecha se está profundizando. –A pesar del crecimiento. – Frente al que nadie puede estar en contra. Qué bueno que haya crecimiento, pero de lo que se trata ahora es que la desigualdad no se profundice. Y eso implica el diseño de estrategias redistributivas y voluntad de aplicarlas por parte de quienes gobiernan. Así como se promueven políticas de atracción de las grandes inversiones, se necesitan políticas de promoción de las pequeñas unidades productivas de la sierra. ¿Qué mensaje se le da a un país cuando el presidente sale a declarar que el gran problema son las comunidades campesinas? En lugar de verlas como una rémora, tendría que alentarse su capacidad productiva, su calidad de vida. –¿Hay en el gobierno voluntad de aplicar políticas redistributivas? –No la veo, y tampoco la ve un amplísimo sector de la población. No olvidemos que en las encuestas previas al paro, más de la mitad estaba de acuerdo. Después el presidente García admitió que existían reclamos justos, aunque eso le duró muy poco porque enseguida denunció un complot comunista. Si caemos en esa lógica de buenos y malos, el error sería enorme. Tenemos que admitir que existen razones que explican los reclamos sociales. –Como la pésima distribución de los recursos del Estado. –En efecto, es muy mala. La inversión por alumno en Huancavelica es menor que en Piura. ¿Cuál es la lógica de eso? Ni siquiera hay indicadores de distribución de los recursos públicos, cuando lo que se necesita es que aquellas regiones más necesitadas tengan realmente prioridad para ir así construyendo nuevas bases de equidad. La brecha en infraestructura es realmente enorme. La costa está muchísimo más integrada. Y el Estado debería preocuparse por los sectores excluidos, porque ahí no se hace nada. Claro, si en vez de promover mejores condiciones de vida y de producción en las comunidades campesinas se piensa en facilitar la venta de sus tierras a las grandes empresas extractivas, las mineras. –Las que no quieren pagar impuestos a las sobreganancias. –Deberíamos recordarle al gobierno que el APRA ha suscrito el Acuerdo Nacional, en donde se dice que, por lo menos, deberíamos llegar a una presión tributaria del 18%. Andamos en el 15%. No hay voluntad de generar mayores ingresos que puedan ser invertidos en educación, salud, caminos. Nadie habla de expropiaciones a lo Velasco. Lo que se pide es que el gobierno negocie con las mineras. –En base a sus grandes ganancias. Eso es perfectamente posible, y no tiene nada de socialista. Eso lo está planteando Barack Obama en Estados Unidos. Es un tema de debate en casi todos los países de la Unión Europea. Pero la cosa es todavía más grave. ¿Por qué los nuevos contratos que se firman siguen manteniendo la figura de la estabilidad tributaria? ¿Qué justificación hay, si los minerales andan con unos precios excepcionales? Eso es lo criticable. –El gran reto de este gobierno, y de los sucesivos, debería ser la redistribución de la riqueza. –Ese es el desafío. Para eso se necesitan políticas y estrategias, no obstante el gobierno se ha comprado, en la práctica, el discurso neoliberal de los noventa. ¿Promover la inversión? Cómo no. Pero hay que apostar desde el Estado a que no solamente se beneficien los grandes empresarios. –Además, si se mantienen las actuales condiciones, podría aparecer alguien en el 2011 que haga ver a Humala como un moderado. –No es viable una democracia en la que el 40% de personas vive por debajo de la línea de pobreza. Pedirle a esa gente que valore la democracia, los derechos civiles, la libertad de expresión, no tiene mucho sentido en realidad. Una democracia que no resuelve problemas, no sirve. Nuestra democracia debe ser eficiente, demostrar que puede resolver problemas y conflictos. –¿Y si no es así ? –Viviremos en un escenario permanente de conflicto, de tensión. ¿Eso puede sorprendernos? ¿Qué queremos? ¿Que el 40% de pobres se queden callados, no digan nada, se resignen a su condición? No pues. Debemos apostar a la estabilidad, a la democracia, sin duda alguna, y a la vez comprender que no hay democracia basada en la exclusión. Los derechos no son solamente políticos: ir a votar, ser elegido. No, los derechos también son económicos y sociales. –Lo preocupante es que vivimos un periodo de bonanza y los problemas de pobreza-exclusión siguen ahí. No van a resolverse inmediatamente, aunque podría hacerse mucho más. –Vivimos en la época de las vacas gordas y ahora es cuando podemos hacer políticas redistributivas. ¿Qué pasa si hay una crisis internacional? Bajan los precios de los minerales, se reduce el flujo de inversiones. ¿Quién va a cargar con el costo de los ajustes? Lo más probable es que sean los pobres. Ya hay especialistas que han advertido que si continúa este proceso inflacionario en los alimentos, el supuesto éxito de la reducción de la pobreza va a volar por los aires. –¿Para pensar en políticas redistributivas no deberíamos tener primero un presidente mucho menos inclinado hacia la derecha económica? –El presidente García parece tener la fe del converso, y no hay ser más dogmático que el convertido. García ha pasado de una visión estatista a una absolutamente pro gran capital, y no logra lo que es la virtud de la corriente socialdemócrata, que el APRA supuestamente adhiere: el equilibrio entre mercado, Estado y sociedad. Nos hablan de competir con Chile. ¿En serio? Bueno, primero mira cuánto invierte Chile en educación y en salud. EL GOBIERNO SE LAVA LAS MANOS –¿Qué opinión tiene de que desde el gobierno central se les tire la pelota a los gobiernos regionales por la limitada ejecución del gasto público? –Eso llama mucho la atención. Es irresponsable. El mensaje es: yo ya transferí todo, me lavo las manos. –La culpa es de otros. –Exacto. Es como el ministro Hernán Garrido Lecca que va a las regiones y con el mayor desparpajo se muestra enojado de que los gobiernos hayan devuelto no sé qué porcentaje de los recursos entregados para salud. Y uno mira el avance de inversión del Ministerio de Salud a junio y descubre que es de apenas el 2%. ¡2% cuando debería andar por el 50%! Yo me pregunto: ¿y con qué cara el señor Garrido Lecca va a provincias a emplazar a los gobiernos regionales? –Hay un problema de capacidad de gestión en general. –Eso ha empeorado con este gobierno. Bajo el prurito de la austeridad se ha reducido al mínimo posible los sueldos de los profesionales públicos. ¿Cómo puedes competir, tú gobierno regional, por un gerente de primer nivel con salarios de 3 mil soles? Ni hablar. El sector privado ofrece seis, siete veces más. El Estado peruano no quiere incrementar los recursos para remuneraciones. Bueno, eso no es austeridad, eso es estupidez, demagogia pura |
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| Documentos desclasificados del Departamento de Justicia de EE.UU. demuestran complicidad de ex dictador con matanzas de Barrios Altos y La Cantuta. | ||||||
| Fujimori sí sabía del Grupo Colina | ||||||
Documentos desclasificados del Departamento de Justicia de Estados Unidos echan por tierra la inocencia reclamada por el ex dictador Alberto Fujimori en cuanto a su participación en los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta. El informe, que será dado a conocer hoy en el Tribunal Especial, que preside César San Martín, certifica que el mandatario tuvo pleno conocimiento del planeamiento y ejecución del accionar del Grupo Colina. El informe de 170 folios enviado por el Estado norteamericano a través su embajada, y traducido del inglés al español revela que el gobierno de Fujimori no mostró voluntad política para investigar a los responsables de la matanza de los Barrios Altos, ocurrido en noviembre de 1991, no obstante que las pruebas y evidencias señalaban que los culpables de los asesinatos eran integrantes de un destacamento paramilitar integrado por elementos del Ejército. En otro de los informes remitidos en diciembre de 1991, el Estado norteamericano hacía ver su extrañeza, porque la investigación de la matanza continuaba en nada. Según fuentes judiciales, los documentos también consignan que la ex fiscal de la Nación, Blanca Nélida Colán, comadre de Vladimiro Montesinos, tampoco demostró voluntad para investigar las matanzas del Grupo Colina. Es más, cambió al fiscal especializado encargado de las investigaciones de las eliminaciones extrajudiciales que conmocionaron a la opinión pública, durante el régimen fujimontesinista. Asimismo, el informe establece que las fuerzas de seguridad estuvieron en el lugar de la masacre de Barrios Altos, realizando trabajo de vigilancia días antes de perpetrar la sangrienta intervención. También señala que Fujimori, habría aceptado cualquier método para destruir a Sendero Luminoso y el MRTA, convencido que la única manera de acabar con el terrorismo era desapareciendo a sus miembros. Sobre el caso de la matanza de los nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta, ocurrida el 18 de julio de 1992, el Departamento de Justicia de EE.UU. informó en ese entonces que la salida de los tanques a las calles dispuesto por el entonces comandante general del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos, fue para tratar de intimidar al Congreso de la República para que se abstenga de investigar y citar a los agentes del Grupo Colina, responsables de los crímenes. César Ascues Uribe |
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| César Hildebrandt |
| Cuando Laura Bozzo fue asesinada por aquel Jack del East End londinense, jamás pensó que, reunida otra vez y muchísimos años después, caminaría por otras calles igualmente sombrías de la mano de quien sería el gran amor de su vida: Charles Manson.
Luego del ataque traicionero de Jack, Laura fue largamente operada y sufrió lo indecible para recordar su identidad. Y el hecho de que su cerebro no recibiera irrigación sanguínea durante sesenta y tres días –hay que admitirlo- dificultó su recuperación. Aferrada a un botellón de formol que goteaba a toda prisa, entubada a un codo de pulgada y media, perturbadoramente amarilla, Laurita parecía el sueño de un enterrador ad honorem y la playmate de cualquier esquizofrénico. De hecho, y sólo por un error inexplicable, alguna vez había sufrido la vergüenza de un entierro prematuro. Sólo su habilidad para escarbar le permitió superar ese malentendido, que se produjo después de un intento de quemarla viva en aquel pueblo bárbaro de Salem. (La injusticia de este episodio está descrita en el capítulo VII del “Necromicón”. Se establece allí que la parte acusadora jamás probó que los cuerpos encontrados en casa de Laurita pertenecieran a las autoridades locales de Salem –tal era el grado de desfiguración que presentaban- y tampoco pudo probar que la alimaña locuaz hallada bajo su cama fuese el hombre que se atrevió a engañarla). En todo caso, la Laura que surgió de su malograda aventura con Jack era una nueva Laura, fundada en otros patrones de gravedad, cosida y rehecha hasta el último centímetro. -Quiero un vaso de agua –fue lo primero que dijo después de la trigésima operación. Su médico, el célebre Peter Knife, hubo de hacer unos cuantos arreglos que algunos consideraron, injustamente, como desmesurados. Lo cierto es que Laurita pudo volver a la circulación luego de permanecer veintiocho días en una morgue, primero, y catorce años en el circuito hospitalario de Londres, después. Y lo cierto también es que un día, en Nueva York, otros muchos años después, muchas plagas y guerras después, un día en Nueva York, como decíamos, adonde había viajado para ver el musical de “La metamorfosis” de Kafka, Charles Manson la vio mirando una vitrina de lencería. Manson andaba en busca de un sostén de brocado porque tenía una fiesta y Laura quería hallar un calzón con tirantes, tal era su delgadez. Manson la miró de reojo –bueno, él sólo podía mirar de reojo- y decidió que esa mujer tenía que ser suya. Laura contaría después que ella también sintió un hormigueo que recorrió cada escama de su espalda. Porque más allá del atractivo físico estaba la comunión de sus inexistentes almas y la afinidad de sus infiernos. Los unía virtualmente todo: las cicatrices exteriores, las sucesivas mortajas de la memoria, la compasión que les inspiraba la preñez de las comadrejas y su devoción sin límites por Barba Azul, a quien jamás consideraron un personaje de Perrault sino el fundador de ese estilo seriado de matar que tanto amaban. Se tuvieron esa misma noche, por partes, e hicieron su promesa de pareja formulando un pacto de sangre tan entusiasta que terminó con ellos en la sala de emergencias del Hospital Presbiteriano. Pasado ese contratiempo menor, se casaron en un quirófano y partieron de luna de miel a Europa, en un periplo que debía de terminar en Rumania, donde, además, Laura tenía que recibir la considerable herencia de un pariente que no terminaba de morir. Al llegar por tren a Bucarest la pareja no cabía de gozo. El invierno empezaba y era un día gris en el que parecían flotar partículas de ceniza. Un mendigo les extendió la mano y Laurita no dudó en desprenderse del bocadillo de salami que había comprado en Padua ocho días atrás. Luego de una corta espera los parlantes de la estación anunciaron la partida del tren a Transilvania. Laurita y Manson se miraron desde sus respectivas cataratas y sonrieron. -Es el nuestro– dijo Laura, tosiendo como en sus mejores tiempos. Como hemos dicho, Laurita debía de heredar a un pariente que, con la firmeza típica de la familia, se negaba a morir. El hombre se llamaba Theo D. Tritus y era un viudo plural y ahora solitario. Y como muchos de su estirpe, había fallecido en un par de ocasiones y había regresado de esas tinieblas más sucio y perverso que nunca. Cuando llegaron a su casa lo encontraron con la suficiente fuerza como para preguntar con hostilidad: -¿Qué quieren? ¿Quién los ha dejado entrar? Fueron sus últimas preguntas. Laura lo mató hasta la redundancia, lo estranguló sin necesidad, lo esparció con vocación de desorden y remató cada trozo de pariente desconsiderado con la misma estaca de encina que siempre llevaba puesta por si fuera menester. Manson estaba emocionado. -Tendremos una casa de playa en el Mar Negro y una cuenta más que linda en la banca suiza –dijo Laurita. Manson se enamoró más que nunca. Años más tarde intentaría encontrar en sus discípulas una sombra siquiera del veneno de Laura, un gramo apenas de su erudición funeraria, una pizca de su genio a quemarropa. No tuvo suerte. Ningún otro cadáver pudo llenar el hueco que dejó Laura en su vida. Sin embargo, llegó un tiempo en que Laura pareció hartarse de sus filudas hazañas. Fue en esos meses cuando empezó a leer literatura vinculada a otras artes: la masacre de los espíritus, por ejemplo. Leyó el diario de Goebbels con lágrimas de granizo, se emocionó con los apuntes del doctor Mengele, vio quince veces el vídeo familiar de Idi Amín Dadá, doce el largometraje que Papá Duvalier les mandó a hacer a los prisioneros de uno de sus campos –ellos mismos ponían la palabra FIN al terminar la obra- y tantas veces que no pudo ni contarlas la película cumbre del cineasta chileno Manuel Contreras: “En el estadio todos cantan”. Esas lecturas y esas visiones la hicieron pensar que su prolongadísima vida había tenido algo de banal. “Deshacerse de la materia es algo relativamente fácil”, se torturaba. Un día, cuando reflexionaba sobre esos asuntos, una amiga que había muerto en el Titanic le escribió una carta que sería decisiva. En ella le hablaba de un país sudamericano donde el gobernante tenía la espléndida obsesión de que sus súbditos llegasen a ser, de ser posible y en orden sucesivo, bagatelas mineralizadas, nadas haciendo colas en mercados donde no hubiese nada. Laura captó la poesía de inmediato. La amiga le describía en la carta el método de esa matanza de voluntades que Chino Maldito –que así se llamaba el gobernante- estaba practicando con la anuencia de todas las cabezas rapadas del Infierno. Se trataba, para empezar, de desalentar toda honradez y fusilar a la decencia. Pero, sobre todo, de que la gente aceptase, agradecida, el lodo del chantaje, los residuos de su sueldo y la viruta de sus futuros negros. Era el holocausto de la libertad que otros habían intentado inútilmente. Su amiga le decía que Chino Maldito, venido del séptimo círculo del Resentimiento, lo que estaba logrando, en el fondo, es que esa gente perdiese toda noción de sí misma y aceptase con hurras ser un guiñapo, haciendo olas el hecho de no tener qué comer, con aplausos su degradación ciudadana y con himnos de victoria la llegada de sus torturadores. Y la prueba de que Chino Maldito estaba teniendo éxito es que era vivado hasta por los que se habían hecho míseros por su política de saqueo de las arcas públicas. Laura decidió que tenía que venir. Así que un día hizo maletas y dejó a Manson, que para entonces ya era el asesino del zodiaco, y aterrizó en Lima dos días antes de los crímenes del Santa. Traía una recomendación de Sirhan Bishara Sirhan dirigida a un tal Vladimiro Montesinos. (Del libro “Biografías Apócrifas”). |
| César Hildebrandt |
| La baja en la popularidad de Alan García no está en relación proporcional al apoyo que buena parte de la prensa le brinda.
El diario “El Comercio”, por ejemplo, es un bastión del régimen que terminó pensando como sus editorialistas, escribiendo como sus colaboradores y demonizando a los adversarios como sus fantasmas de siempre. ¿Qué escribió “El Comercio” al día siguiente del último paro? Escribió lo siguiente: “En Lima (el paro) fue casi nulo y en el interior se apeló a desmanes y bloqueos para forzar una paralización con consecuencias graves en heridos y destrozos de propiedad pública” (Editorial del 13 de julio del 2008). En resumen, para “El Comercio” no hubo paro sino chantaje extremista y violencia. Sin embargo, como la consistencia es escasa virtud en la página editorial del diario en cuestión, a párrafo seguido se admite que algo de protesta hubo (y a escala nacional). Ahora, claro, esos reclamos no estaban dirigidos en contra del régimen solamente: “...las protestas no solo fueron contra el Poder Ejecutivo, sino también contra la ineficiencia y desidia de los gobiernos regionales y locales, así como contra el Congreso, todos los cuales deben asumir su responsabilidad”. ¿Ya ven? El paro fue un fracaso pero fracaso y todo –dizque “El Comercio”- el Ejecutivo, los gobiernos regionales y locales y hasta el Congreso “deben asumir su responsabilidad”. ¿Qué responsabilidad, si el paro fue un desastre proletario y un duro golpe para la CGTP? No es que Aristóteles sea amigo de “El Comercio”, como se ve. Cuando “El Comercio” indaga en las motivaciones de la “abortada” movilización popular encuentra que la principal de ellas es “la opinión de los principales involucrados (que) reacciona frente a la intención de modernizar el país”. Y esa modernización tiene nombres, según el diario. Esos nombres son la llamada “ley de la selva”, la de utilidades mineras “y las normas sobre propiedad y venta de tierras comunales...” ¡Ajá! Es la teoría del perro del hortelano bryceanamente copiada en el editorial de “El Comercio”: los que protestan quieren oponerse a la modernización del país. Y esos protestantes resultan azuzados por la izquierda anarcoide de siempre. Así lo dice “El Comercio”: “...somos conscientes de la persistencia de grupos radicales, felizmente minoritarios, a quienes molestan los avances del país, y que deben ser desenmascarados, denunciados y sancionados con los instrumentos que provee el Estado de derecho”. Entre esos instrumentos, como se sabe, está el uso de las armas y las nuevas leyes que tienden a criminalizar la protesta social. ¿Le ha servido de algo al gobierno un apoyo como el de “El Comercio”? Viendo las últimas cifras de la Universidad Católica, las que sitúan en 31% el apoyo al régimen, se diría que de poco. ¿Le sirve de mucho al doctor García el control evidente que ejerce sobre la televisión y la tierna comprensión que la radio, en general, le dispensa? No parece que le sirviera de mucho, aunque la verdad es que el padrinazgo de la TV y la radio, los medios más poderosos por su influencia, sí están evitando un deterioro mayor de las cifras que las encuestas están revelando. Se diría que sin una TV y una radio tan amigas, la aceleración del descenso gubernamental en los sondeos de opinión llegaría a la velocidad de las desgracias. Lo que no se ha dicho en relación a las encuestas es que éstas no apuntan sólo a Alan García sino al Apra y a sus más rudos mentores. Nadie se ha preguntado, por ejemplo, cuál ha sido el aporte de Mauricio Mulder en la caída de la popularidad del régimen. En opinión de este columnista, el “factor Mulder” ha sido devastadoramente decisivo. En las últimas semanas, este desaforado operador de la calle Alfonso Ugarte ha puesto a Montesinos como fuente de la verdad, ha reconocido que –violando la ley de bancarización- pagó al contado 18,000 soles a Canal 4 por la difusión del inmundo spot montesinista, no ha aclarado el enredo del Pnud apareciendo como facturador y se ha permitido acusar a la CGTP de estar implicada en un plan subversivo para “bolivianizar al Perú”. Pocas veces se ha visto una densidad mayor de metidas de pata, cinismo profesional, sentimiento de impunidad y voluntad de provocación. Para atenuar el asco producido por el uso de Montesinos, Mulder se ha preguntado: “Cuando Montesinos imputa a Fujimori el haber ordenado el asesinato de los estudiantes de La Cantuta, ¿eso es verdad o es mentira?”. Y en seguida argumenta que si creemos en esas palabras también deberíamos asumir como verdad lo que Montesinos dice sobre la presunta cobardía del Sutep durante la dictadura. ¿Qué torpezas estará adquiriendo Mulder para argumentar de esa manera? Porque, precisamente, lo que no dice Montesinos es que Fujimori ordenó matar a los estudiantes de La Cantuta. Como géiser de mentiras, Montesinos vocifera o susurra mendacidad sin pausa alguna. Por lo tanto, a Montesinos sólo podemos juzgarlo por los hechos que lo comprometen y por el cúmulo de indicios que lo sindican como el más sombrío asesor de la banda encabezada por Alberto Fujimori, banda a la cual se acercó Agustín Mantilla y a la que ahora se ha aproximado el secretario general del Apra ¡ante el silencio anuente de casi toda la gran prensa! Pero el telón de fondo de las cifras en las encuestas es la subida anualizada del precio de los alimentos, que ya va por el 9,5%. Es cierto que en eso hay un componente exterior, pero es también cierto que todo sería más manejable si el gobierno hubiera puesto a la agricultura nacional entre sus prioridades. Por lo menos si la hubiera puesto al mismo nivel en el que se encuentra su explícita vocación pro chilena. Y, por si acaso, al despedirse del puesto, el ex ministro de economía Luis Carranza ha admitido con todas sus letras: “Ahora tienes un contexto en el cual la inflación es una amenaza...” Un mensaje nada cifrado en relación al gasto público mal hecho y a punto de desbocarse. Un gancho de derecha que nos remite al exterminio del Inti como moneda. Un recuerdo que ojalá no sea del futuro. |
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