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El zorro de arriba
De política, cultura y cosas peores

Categoría: Literatura

07/08/2007 GMT 1

Poemas de Denisse Vega Farfán

consejerodelobo@hotmail.com @ 01:40

Oscuridad

Humedecida hollada

Y no saciada la oscuridad

Persiste

Dilata más las cuencas

Estruja la cárdena cima

La mujer en su insistencia

Cede su cuerpo como la sed del jaguar

A la sangre de una liebre

Es la cruz central del sacrificio

Cada poro se desbasta y vuelve a tramarse

La ebullición cuesta abajo

Es un hogar de rojas y azules exequias

En la oscuridad esa mujer sortea nombres

Mientras que cómo infantiles recuerdos

Punzantes manos la auscultan más allá

Del revés de sus ojos

Hasta que finalmente en medio del más alto gemido

Encuentra el suyo

Despegarse de sí

Como el sol de sus vanas metáforas

Descubrir los verdaderos reflejos del silencio

Verse partir de mil formas

Como un pequeño fuego

Un animal mitológico

Una égloga vacía

U otro camino de batientes horizontes

Ah

Pero todo sería menos soez

El hundir fúlgidamente mis pasos

Hasta en cualquier lenguaje surcado

Por venenosas fragatas con baluartes

De sanguinolentas patrias

Sin fermentar mis raíces

Si tan sólo la mano túrgida de luz

Emancipadora

Que prometiste sobre mi cabeza

Se construyese

Hasta quedar en mis ojos un pabellón

De definitivas señas

Tu cuerpo cae en el poema

Como en un lecho de vivas lápidas

Ha muerto tu nombre

El aire de tus alas

El misterio que aullaba advirtiéndote el encanto

Como en una procesión detrás de tus ojos también van

Los seres que amamantaste

La soledad como fantasma mordaz y riente

El placer como caracol que se encoje succionando

Lo áureo de tus llagas

Tu cuerpo cae en el poema

Y acaso estas palabras germinando en tu tierra muerta

Sean los perfectos pies

Para comenzar los verdaderos pasos?

Cubierta

Moldeada de ti

Renazco

Para seguir el rigor contrario de tu sombra

De ancianos huimos

Por la vertiente de las demoliciones

Ahí entre rocas y restos de antiguos mares

Que dejamos vaciar de nuestras manos

Por intentar atrapar lo que nunca tuvimos

Encontramos nuestros rostros

Reclamantes letargos de agonía

Y al fin y al cabo

Infinita legua de verdad

Ha de también ver esto la pequeña

(La última de nuestra oscura estirpe)

De una buena vez

Para que cuando retorne a su destino

Ya no tenga que apoyarse en las oquedades de nuestros pasos

Dejados en la vertiente como un advertencia

Sino ascender como la blanca trayectoria de un ave

Luego de ver cómo cortan los filos

De un absurdo combate contra tropas

Que no son sino uno mismo

No deseas que este día sea una puerta más que se atora

Un salobre elipse más que se desvanece en el río

Olvida las lápidas

Borra los epitafios con los que estocas cada pasado día

Adora tu vientre cortado y sellado seis veces

El emplasto de nubes negras que delinean tus pasos

La esquina cada vez más carcomida y estrecha de sol

La oleosa medalla enmohecida que brilla en tu alma

El último grano de arroz que agoniza en el fondo de tu plato

Las esteras que arman tu cuadrangular de destierros y soledades

Ese timbre celestial que ya no suena

Para llamarte a danzar

A volar

A aterrizar

Como un hacha de luz en medio de tu existencia

Porque es ahí

Donde otro cielo aromado de placenta fresca nace

Porque es ahí

Donde la nada no sólo desova

Sino que también devora sus propias crías

Ven a esta sombra llena de espigas

Llena de rostros sin reflejos y dedos como tijeretas

Que te agujerean el corazón para ensordecerte

Ven

Quítate el pelo

La piel

Las palabras

El cuerpo

El nombre que usas

No te servirán

Ven a esta sombra

Al cordón umbilical de tu verdadero nombre

O retraso

Escupe las estrellas que hurtaste

El estómago vacío y azul es mejor

Tiéndete sobre el agujero

Y sabrás lo que es hablar con las nubes

El mar es una pregunta

El mar es una respuesta

El mar es un escapulario

Donde todos los rostros acuden

El mar es un ojal por el que se engasta la muerte

El mar es el mar de cada uno

El mar es el desierto de cada uno

El desierto también es el mar de cada uno

Pero estamos hablando del mar

Y el mar es una estrofa inabarcable

Que sólo se llega a cantar

Con la cuenca entre sus olas

Hay mucha música

Hasta en la pata seccionada del insecto

Que aún se mueve

En los pinceles frígidos

El lienzo moteado

La lluvia traspasando las paredes

La carta que no se responde

Y la que no llega también

Hay mucha música

En las cuencas selladas de tus pasos

En el azul que te lacta

En el mar que se absorbe entre dos cuerpos

En el cuchillo que retrocede

En la ceniza arremolinándose en el paladar

En los sucios cartones del perro

En las nubes que se atragantan

En la calle que no se cruza

En la puerta que no se toca

Hay mucha música

Demasiada

En el llameante vaivén que se resiste

En el corazón que estorba y muerde

El cuerpo que lo enluta

En las raíces que no cesan de contraerse

En las fuerzas que se rechazan

En el corvo sigilo del exilio

En la prótesis que conjuga al golpe contra el suelo

El dardo sonido de la transparencia

La luna

-ese ojo derramado

esa tundra de vientos que arrastran muñones y

cadáveres celestes-

No aflora

Tu nombre se secciona en carnívoras lianas

La duda es un niño de leche

Y hay mucha música

Desmedida

Hasta donde no ha quedado nada más

Que un cirio chamuscado

Denisse Vega Farfán
Location: Peru
(Trujillo, Perú, 1986). Estudiante de Derecho en la Universidad César Vallejo. Premio Poesía a Vallejo (2001), y Pluma Vallejiana (2006) por la UCV. Autora del poemario EURITMIA (2005). Forma parte de la muestra de poesía joven “GENERACIÓN DEL 2000?” (Claroscuro, Círculo Abierto Editores, 2006) y de la antología de poesía “19 Poetas Peruanos-Generación del 2000” (Miguel Ildefonso, 2006). Integrante de la Galería - Taller de Artes Plásticas “PALAMENCO” de la Universidad Nacional del Santa, participando así en numerosas exposiciones pictóricas locales. Poemas suyos han sido publicados en diarios y revistas nacionales e internacionales. En Abril de 2007 recibió un reconocimiento por su destacada contribución al desarrollo cultural del país, por la Universidad César Vallejo. Actualmente se encuentra preparando su siguiente libro y su primera muestra pictórica personal.

Poesia peruana ultima

consejerodelobo@hotmail.com @ 01:37

ELOGIO DE LA INFANCIA: POETAS PERUANOS DE TRES DÉCADAS (1965-1988)

Por Paúl Guillén

Yo pienso que ya no va a haber nuevas generaciones; pienso que no va a haber 80, 90, nada de esto; pienso que el destino de la poesía peruana se está jugando en estas generaciones del 60, 70 y tal vez 80. Pero creo que a nivel de poesía es así, no hay otra. Es decir se ha llegado a un grado en que el riesgo es lo no planteado hasta ahora; el riesgo de escribir una poesía total.
Enrique Verástegui (1983)

Pienso que es absurdo sostener que tras los años 60 se estancó la poesía peruana. Creo más bien que allí empieza la poesía peruana tal como la entiendo. La modernidad de poetas como Cisneros-Hinostroza-Lauer-Martos es nuestro punto de partida. Y el vendaval del 70 (Hora zero) es una profundización de dicha modernidad (para mí lo más moderno –lo nuevo- es lo más indio, lo más cholo).
Roger Santiváñez (2004)

Un reciente artículo del poeta y crítico uruguayo Eduardo Espina en la Jornada de la UNAM llama la atención sobre la proliferación de antologías a nivel mundial y anota que lo que definiría una buena antología sería articular “las preferencias formales del antologador” con el corpus poético y además “la desmesura de la subjetividad puede resultar más efectiva que la mesura analítica”. Por este camino trataré de inscribir mi lectura sobre un proceso abierto, permutable, discontinuo, fragmentario, que recoge las voces de poetas peruanos nacidos entre 1965 y 1988 e incluso repararé en el grado de transición con sus antecesores, las posiciones frente a un cambio/continuidad en el lenguaje y el imaginario de los poetas comentados o el envío y reenvío de bienes simbólicos -casi nulo- entre Lima y provincias. En ese sentido, algunos esfuerzos han sido desplegados por las antologías Piedra sobre Piedra. Poesía Cusqueña Contemporánea de Mario Pantoja, Literatura de Piura de Harold Alva y Tremos de sur. Antología de una poesía arequipeña de Maurizio Medo.No hablaremos de “generación”, sino que individuaremos a cada poeta según criterios de composición y poética, cuando tengamos oportunidad trataremos de agrupar líneas de escritura. Trazaremos un panorama amplio que tiene diversas aristas que se yuxtaponen, se repelen, se aproximan. En ese sentido, el período analizado (1987-2007) corresponde a momentos álgidos de enfrentamiento y lucha social en el Perú: violación de los derechos humanos de manera sistemática, inflación extrema, violencia política, corrupción, economía regida por narcodólares, persecuciones políticas e ideológicas. Los poetas que empiezan a publicar a inicios de los 90 quizás tengan más puntos de continuidad con lo que se conoce como “generación del 80” o “generación de la violencia”, no en vano una antología representativa de esos años como La última cena recoge las voces de Rodrigo Quijano (Lima, 1965) y Jorge Frisancho (Barcelona, 1967), poetas que han sido considerados cercanos al núcleo principal de Kloaka[1]. Entonces, la pregunta pertinente es: ¿existe un cambio en el lenguaje, en el imaginario, en los paradigmas entre estos dos poetas y los demás incluidos en La última cena? Creemos que no, pero eso no significa que sus poéticas no sean sólidas o, por lo menos, interesantes, es decir, la originalidad o el rompimiento con la tradición, no asegura la concreción simbólica de un libro. Esta línea coloquial/conversacional en el Perú, que viene desde inicios del Siglo XX con las Baladas peruanas de Manuel González Prada o los poemas de Carlos Germán Amézaga tiene una línea de continuidad con la “Rapsodia de Manhattan” de Carlos Alfonso Ríos con una tesitura beat en los años 50 hasta llegar a los paradigmáticos conversacionales de la generación del 60 como Antonio Cisneros, Luis Hernández, Marco Martos e, incluso, Manuel Morales. Esta línea se extremó con los poetas de Hora Zero[2] y Kloaka hasta llegar a los jóvenes del 90 y post-2000. Si reparamos que la década del noventa empezó con dos vertientes básicas los grupos poéticos Neón[3] y Noble Katerva[4] y una continuidad neobarroca que provine desde el tan cercano y actual Martín Adán. Para el primer caso, debemos dejar constancia, que estos grupos repetían la experiencia de movimientos del 70 y 80, pero cada uno de ellos nos ha dejado, por lo menos, un poeta con personalidad propia: Neón tiene en Miguel Ildefonso (Lima, 1970) a un poeta con un proyecto de largo aliento que indaga sobre la mirada del otro, la ciudad, la soledad, lo marginal, a través de la construcción de sujetos subalternos, en tanto, Noble Katerva tiene en Roxana Crisólogo (Lima, 1966) a una poeta que se aproxima y toma la palabra por estos sujetos subalternos y que, además, impregna a sus textos de un lirismo descarnado. En los dos casos, estos sujetos subalternos representados son sujetos eminentemente migrantes y, por ello, son sujetos periféricos, descentrados, ambivalentes, que tienden hacia la oralidad. Por su parte, la línea neobarroca no sería negación de la línea conversacional, sino que coloquialismo y barroquismo serían dos operaciones, en apariencia, contrarias que, en nuestro caso, se complementan, se bifurcan y se unen en varias de estas poéticas, revisemos por ejemplo la obra de José Pancorvo (Lima, 1952), Gonzalo Portals (Lima, 1961) Rafael Espinosa (Lima, 1962) o Frido Martín (Lima, 1963). Siguiendo esta reflexión y llamando la atención sobre la utilización talibanesca de términos como “neobarroco” o “poesía posmoderna”, donde se cree puede entrar todo, si nos apoyamos en un concepto excesivo de lo formal, lo artificial, la pirotecnia verbal podemos darnos cuenta que:

“el barroco del que se habla (…) es un manierismo. Es producto de una orfandad estilística o producto de una ilegitimidad, como dice el buen Rodolfo [Hinostroza]. De alguna ilegitimidad cultural. Es un manierismo; es como un gesto feliz en la escritura poética, no tanto como un estilo”[5].

Por eso, tendremos especial énfasis en la utilización de categorías hermenéuticas que ayuden a trazar un panorama comprensivo de la poesía peruana última y evitaremos que, en la medida de lo posible, estas categorías abstraigan la percepción del lector. Por ejemplo, Luis Fernando Chueca afirma que la “dispersión” que se vive en los 90 se inicia en la década anterior y que, tal vez, esa dispersión se remonta a mucho tiempo atrás. ¿Pero de qué se trata esta dispersión? No es acaso la lectura bipartita de lo conversacional versus lo no conversacional. Entonces, porqué esgrimir nueve líneas de lectura en su ensayo “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa” que, a su vez, no se diferencian del todo, acaso no se trataría de propuestas muy similares que conviven a lo largo del Siglo XX. En el mismo camino, Chueca afirma: “varias de ellas podrían aproximarse entre sí para formar ejes mayores, que se reconocerían, en términos amplios, como un registro coloquial o narrativo conversacional, frente a un espacio de mayor desarrollo de lo lírico o a una vocación más experimental”[6]. En ese sentido, para Chueca, lo no conversacional estaría representado por una poesía del espacio de ritualización, de un lirismo extremo o de un lenguaje que tiende al barroquismo, aunque para esta última línea sólo reconozca a Gonzalo Portals, Rafael Espinosa y Alberto Valdivia.Para afincarnos en la línea que aquí comentamos podríamos conceptuar lo neobarroco como aquello que estaría signado por la repetición, el exceso, el detalle, el fragmento, la inestabilidad, la metamorfosis, el desorden, el caos, la complejidad, la disolución, la distorsión, de la misma manera, lo posmoderno podría ser conceptuado con estos múltiples conceptos, además, de participar de la incertidumbre, la duda, la perplejidad, el vacío, la esquizofrenia, el sentido de agotamiento, la mezcla de niveles, las formas y estilos o su yuxtaposición, el gusto por la repetición y la copia, el manejo de estructuras o superficies, la mezcla en un mismo discurso de lo popular y lo culto, la desconfianza en la razón, la modernidad y su pensamiento universalista, su apuesta por el nihilismo, el anarquismo, la contradicción. Esta línea neobarroca estaría ejemplificada en las figuras de Salomón Valderrama (La Libertad, 1979), Mónica Beleván (Lima, 1982) y Pedro Favarón (Lima, 1978). Valderrama en su libro Amórfor escribe una poesía del deslenguaje, que se aproxima a los bordes del paroxismo, el retorcimiento de sus formas está cargado, en algunos de sus poemas, con una atmósfera de amor/violación y se percibe un gran punto de continuidad con el barroquismo híbrido de José Pancorvo, además, como afirma Maynor Freyre su poesía: “entre Eros y Tánatos, se va construyendo un envidiable mundo de palabras, donde incluye arcaísmos y neologismos con citas culteranas así también términos contemporáneos y hasta locuciones latinas”[7]. Por su parte, Mónica Beleván plantea en un eje experimental una reabsorción de Joyce, Nietzsche, Wittgenstein, dadaísmo, patafísica, por ejemplo, si revisamos su texto “Poda a Gorgias” nos daremos cuenta que el empleo del lenguaje subvierte las categorías de comunicación, sentimentalismo, erotismo, para trabajar con las propias opacidades del lenguaje: “La lengua (enreda, ésta, entre las piernas / Del amanuense, que sescribe a vuelco /Paralelolego, tsk tsk tsk) anota”. En tanto, Favarón podría considerarse como un neobarroco “ligero” con su libro Movimiento o del amor, que propone un recorrido por el mundo platónico, cierto conocimiento esotérico oriental y un espejeo entre el concepto del andrógino y la alquimia, que se engarza con el proyecto de Andrés Piñeiro (Lima, 1967) en Diotima de Mantinea, que también tiene un diálogo con Platón, en el sentido, de reflexionar sobre el alma (Fedón), el amor (El Banquete) y la belleza (Fedro) en clave culterana: “para Piñeiro la antigüedad termina siendo un mundo al cual podemos tener acceso directo y del cual podemos seguir aprendiendo indefinidamente, sobre todo –valga la cacofonía conceptual– aprendiendo clasicismo”[8]. Diotima de Mantinea tiene algunos puntos en común, en tanto lenguaje, con Libro de Daniel de Javier Gálvez (Chiclayo, 1966) que propone “una escritura donde la infancia, al fin, libera sus imágenes. Imágenes que naciendo de la mar se tornan luego rumor de acequias, espigas de arroz, garzas o abejas”[9]. Viaje hacia la infancia acompañado de maestros tutelares como Juan Ojeda, Saint-John Perse o los poetas grecolatinos, de esa manera, Gálvez despliega sus capacidades poéticas en un lenguaje luminoso, lleno de descubrimientos: “Si supones que la noche acaba, no has alcanzado tu visión / La noche es un metal difícil de olvidar”. Juan José Soto (Lima, 1965) en Palabra sobre los abismos signa su poesía desde el orfismo, lo metapoético, lo metafísico y la desconfianza en el lenguaje como medio de comunicación efectiva: “Busco palabras / Que sean más que palabras / Que hablen más que de sí mismas”. Un camino más contemplativo es desarrollado por Miguel Ángel Malpartida (Lima, 1983) en Galería, donde confluyen diversos símbolos (la rosa, el espejo) que reconstruyen las diferentes miradas de una galería, que es el cuerpo mismo del poeta, quien se pregunta por su condición y por la condición del mundo. Javier Morales (Ancash, 1978) en Grabado ceniza asume la contemplación de los paisajes, las figuras, los colores y los describe desde la otra margen para darnos cuenta de la luminosidad de esas realidades: “Todavía recuerdo tus manos / deteniendo la caída de estrellas /cambiando la gravitación de las esferas”.

La poesía trascendentalista[10] tiene en Oileau de Renato Gómez (Lima, 1977) uno de sus desarrollos más fértiles, una poesía reflexiva, que se inscribe dentro de cierta tradición insular alejada de los tonos coloquiales, un camino signado por Antonin Artaud, Francis Ponge y un cierto Emilio Adolfo Westphalen, en apariencia, Oileau propondría un “no compromiso” con la tradición poética peruana, cuando lo que ocurre es lo contrario, este camino tendría un gran valor (abrir un nuevo campo en el que tal vez sólo esta voz pueda habitar):

“podría pensarse en una conspiración ‘para el ocultamiento de la poesía’, tomando estas palabras del título de una prosa de Emilio Adolfo Westphalen, aunque lo propio sería hablar aquí del ocultamiento de los poetas. Quienes desdeñan la publicidad de sus nombres, conscientes de la condición más bien secreta de la poesía y casi clandestina de sus ediciones”[11].

Además, existe un grupo de poetas que escribe desde el surrealismo o desde los bordes del surrealismo como son los casos de Walter Espinoza Ramírez (Lima, 1974), Edgar Saavedra (Cajamarca, 1976), Patricia Serra (Lima, 1978), Nora Puertas (Trujillo, 1988) y, en menor medida, Denisse Vega Farfán (Trujillo, 1986). La poesía de Walter Espinoza Ramírez en Voz sin tiempo está tasajeada por las voces de César Moro, André Breton, Roger Vitrac, entre otros. Algunos de sus textos tienen la capacidad de ser leídos como guiones dramáticos como es el caso de “Silencios”: “La obra transcurre lentamente (…) Dormir es diferente a la muerte / porque su realidad / observa la verdad cromática de las visiones”. En tanto, en la poesía de Edgar Saavedra el gesto terriblemente surrealista hace de su poesía una mixtura entre lo antiguo y lo moderno, en el sentido, de la creación de escenarios de ensueño y en el empleo de paradojas reflexivas. No en vano, y subrepticiamente, en su libro Final aún se propone un camino mítico surrealista, a la manera, en que los grandes surrealistas entendían el arte “primitivo”. Saavedra instala su enunciación “a miles de kilómetros del Pacífico”, nos remite a los Andes, con una tesitura surrealista, y nos propone un altar de sacrificio para su libro: “la sangre aún no conoce sus poderes por todo ello resucita”. Patricia Serra tanto en Exudar como en Laberintos y puentes apunta hacia la descripción de sueños, de parajes desolados, del temor frente a la frontera que separa la realidad de la irrealidad: “lloré durante mil años / mientras sobreviví en el vientre de la abuela (…) hasta aquel día que por un milagro / ella tuvo una alergia extraña a la noche / y me escupió”. Cianosis y Euritmia son los libros de Nora Puertas y Denisse Vega Farfán. Cianosis nos entrega poemas cargados de un lirismo negro, en el sentido de trabajar con imágenes surrealistas, boutades dadaístas, rasgos expresionistas, es decir, historias donde la visión de lo real se exacerba para contarnos de una realidad desmembrada, donde conviven perros rabiosos, mujeres espectrales, brujos, casos clínicos como la santa amarilla y la santa celeste, paisajes imaginarios. Por su parte, Euritmia es la construcción de un paraje fantasmal desde donde se puede ver otra realidad: “Lo veo / no lo veo / mil veces lo escucho / dialogar con la ventana”, que se transforma, en poemas posteriores, en una suerte de locura ante la vida: “Sentada / sobre un peldaño de locura / escucho el claxon de un tren / corriendo dentro de mí”.

En las antípodas de estos poetas surrealistas o surrealizantes, siguiendo la distinción que hace el crítico rumano Stefan Baciu, se encontrarían poetas como Montserrat Álvarez (Zaragoza, 1969) y Lizardo Cruzado (Trujillo, 1975) que transitan el hipercoloquialismo, el malditismo, el nihilismo, el anarquismo. Como modulación distinta, Xavier Echarri (Lima, 1966) se constituye como un poeta de gran dominio expresivo, que desarrolla una veta culturalista. Su único libro Las quebradas experiencias y otros poemas alude a la fragmentación del sujeto poético como símbolo de la historia personal y social. Maurizio Medo (Lima, 1965) en El hábito elemental despliega un diálogo entre culturas y lenguajes. Siguiendo a Pound, encontramos yuxtaposiciones y exploraciones con los idiomas: la presencia del italiano, del inglés: “lenguas maltrechas que intentan decir algo”, es así, como su fraseo en muchos de los poemas sería una asimilación del intervalo Symbol-Cor cordium-Eucaristía de Roger Santiváñez: “Líricas epístolas de novel novalis”. Pero esta no es la única modulación que ensaya, lo cual quiere decir, que percibimos varias formas de encarar el acto poético en sus libros: “Soy mi diáspora / Mi yo, plural y límbico, que atomiza en abstracta conjugación”. Otra aproximación desde lo coloquial se da con Víctor Coral (Lima, 1968), por ejemplo, su poema “Adrián”, de su primer libro Luz de limbo, guarda muchos puntos de continuidad con algunos poemas de Canto ceremonial contra un oso hormiguero de Antonio Cisneros. El segundo libro de Coral, que es un poema extenso titulado Cielo estrellado tiene otras preocupaciones estructurales, espaciales, de lenguaje, de travesía con los signos: “podemos observar la fusión de un lenguaje clásico y depurado con un referente coloquial y de la calle, siguiendo la tradición desarrollada por Jorge Pimentel, Mario Montalbetti y Roger Santiváñez”[12]. Luis Fernando Chueca (Lima, 1965) en Contemplación de los cuerpos, Victoria Guerrero (Lima, 1971) en Ya nadie incendia el mundo y Roxana Crisólogo en Ludy D han indagado sobre los intersticios entre poesía y conflicto armado interno, todas estas ópticas desde diversos puntos de focalización, en concordancia con el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación y desde una perspectiva personal. José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976), influenciado por el verso proyectivo de Charles Olson ha entregado el poema río El libro de la señales que reflexiona sobre “el Estado y el poder, la guerra y el necio conflicto de las razas, la familia y la soledad, así como al respecto del amor uranista”[13]. Yrigoyen en su tercer libro Lesley Gore en el infierno se aproxima a la obtención de un lenguaje e imaginario propios que lo ubican un paso delante de sus contemporáneos. Jerónimo Pimentel (1978) en Marineros y boxeadores asume mascaradas (personajes desconocidos con biografías peculiares) para repensar la ciudad y sus problemas, las interrelaciones humanas, de esa manera, asume la característica de trabajar desde la polifonía y la alteridad.

Otro tema importante es reflexionar acerca de si existe una continuidad con la poesía erótica de mujeres escrita en los años 80 (como ejemplo de poetas del 80 que viraron desde la poesía del cuerpo está el caso de Mariela Dreyfus y los casos de Rosella di Paolo y Magdalena Chocano, que desde un inicio no tuvieron mayor relación con dicha forma de poetizar), podremos ver que en algunas voces todavía perviven esos rasgos, pero, en la actualidad, muchas poetas han virado hacia otros derroteros como la poesía de Mónica Beleván, Nora Puertas, Patricia Serra, Denisse Vega Farfán, Andrea Cabel (Lima, 1982) o Mirtha Núñez (Arequipa, 1971), respecto a esta última Maurizio Medo afirma que: “la erótica ya no se trata solamente desde el cuerpo, elemento característico en la poesía de, por ejemplo, Patricia Alba, sino desde su abstracción y su reflejo”[14]. Por ejemplo, en Las falsas actitudes del agua de Cabel se propone una poesía preocupada por su propio lenguaje, en tanto, representación de una realidad fragmentada, además, esta posición se encuentra en concordancia y diálogo con algunas poéticas de los años 50 como Eielson, Varela, Ferrari, Belli. Creemos que este diálogo fructífero con la tradición es el que hace que su libro se muestre como un punto de continuidad con esas poéticas auráticas:

“es de decisiva importancia que el modo aurático de existencia de la obra de arte jamás se desligue de la función ritual. Con otras palabras: el valor único de la auténtica obra artística se funda en el ritual en el que tuvo su primer y original valor útil”[15].

Otro ejemplo de este viraje hacia otras formas de poetizar sería el libro Tierra láctea de Núñez, donde intenta acercarse a intersticios vegetales, líquidos, terrosos, opacos, por eso, sus poemas se titulan “Humus”, “Subsuelo”, “Sedimento”, como si quisiera decirnos que el mundo y su enunciación poética han sufrido una catástrofe y sólo quedan ruinas de la civilización: “con los montes colgando / en greda filtrando / en lechosa palidez de espada abierta / como roca en agua salada”.

Otras posibilidades, en diferentes caminos, son Clemente Orbegozo (Trujillo, 1967) con El gato rojo; Willy Gómez (Lima, 1968) con Nada como los campos y La breve eternidad de Raymundo Nóvak; Tomás Ruiz (Shalar Huamachuco, 1968-Piura, 2001) con Elogio a la nada; Rodolfo Ybarra (Lima, 1969) con Ruptura de Heje; Jimmy Marroquín (Arequipa, 1970) con Teoría angélica; José Cabrera (Lima, 1971) con El libro de los lugares vacíos; Gabriel Espinoza (Callao, 1971) con Ello; Chrystian Zegarra (Trujillo, 1971) con Escena primordial y otros poemas; Jack Farfán (Piura, 1973) con Pasajero irreal; Paul Forsyth (Lima, 1973) con Laberinto; Gustavo Reátegui Oliva (Lima, 1973) con ALA la estructura del viento; Yuri Guitiérrez (Lima, 1974) con Superfarma; Raúl Solís (Lima, 1976) con Conflicto azul; Carlos Villacorta (Lima, 1976) con Tríptico; Alberto Valdivia (Lima, 1977) con Patología; Harold Alva (Piura, 1978) con Sotto voce; Elisa Fuenzalida (Lima, 1978) con Fiesta; Rafael García Godos (Lima, 1979) con Raggs y Viruspop; Reinhard Huamán (Lima, 1979) con El Árbol; Giancarlo Huapaya (Lima, 1979) con Estado y contemplación; Roberto Zariquiey (Lima, 1979) con Tratado de arqueología peruana; José Agustín Haya de la Torre (Lima, 1981) con Canto de la herrumbre; Cecilia Podestá (Ayacucho, 1981) con La primera anunciación; Víctor Ruiz (Lima, 1982) con Aprendiendo a hablar con las sombras; Romy Sordómez (Lima, 1982) con Présago; Alessandra Tenorio (Lima, 1982) con Porta/retrato; John López (Chimbote, 1983) con Inicio del mundo y Diego Lazarte (Lima, 1984) con La clavícula de Salomón. Sería injusto no mencionar a Carolina Fernández con Un gato negro me hace un guiño; José Carlos Picón con Tiempo de veda y Ana María Falconí con Sótanos pájaros.En un acápite final, mencionamos a Josemári Recalde (Lima, 1973-2000) con su Libro del sol se trata de otra modulación de lo coloquial, pero con un trasfondo místico y chamánico en función de los ritos iniciáticos. El último poema de su libro, quizás profético, presagia su muerte por fuego: “Al final de los mitos / cuando todo se halla evaído, / encontraremos quién sabe una luz, / no quiero / pertenecer más a la realidad verdadera / ni a la falsa, / por eso incendio mi cuerpo”.

Bibliografía consultada

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ALVA, Harold. Los diez. Antología de la nueva poesía peruana. Lima: Ediciones El Santo Oficio, 2005.

BERNALES, Enrique y Carlos VILLACORTA. Los relojes se han roto, antología de poesía peruana de los 90. México DF: Editorial Arlequín, 2005.

CHUECA, Luis Fernando. “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa”. En: Lienzo, número 22. Lima: Universidad de Lima, 2001. p. 61-132.

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ZAPATA, Miguel Ángel. Una piedra que suena como un tambor: novísimos de la poesía peruana. En: Eldígoras. Revista de creación literaria y artística. (http://www.eldigoras.com/eom03/2004/2/aire33maz02.htm)

NOTAS

[1] El movimiento Kloaka (1982-1984) fue un colectivo que unía poesía y rock subterráneo con una estética anarquista. Además, trabajaron en sus textos el lenguaje lumpen, marginal y migrante mezclado con referencias eruditas. Entre sus principales exponentes están Roger Santiváñez, Domingo de Ramos, Frido Martín, Guillermo Gutiérrez y Mariela Dreyfus (con su primer libro Memorias de Electra)

[2] Hora zero grupo parricida de los años 70 que instauró la poética del poema integral (unión de poesía, narración y ensayo). Fue un movimiento de carácter nacional que congregó a un sinnúmero de poetas, entre los más destacables están: Jorge Pimentel, Juan Ramírez Ruiz, José Cerna, Enrique Verástegui, Carmen Ollé, Bernardo Rafael Álvarez, Ángel Garrido Espinoza, Tulio Mora, Jorge Nájar, Feliciano Mejía, Ricardo Oré (†), Mario Luna (†), José Carlos Rodríguez, Yulino Dávila, entre otros.

[3] Neón, grupo poético fundado en 1990, estuvo conformado por Leo Zelada, Carlos Oliva (†), Juan Vega (†), Paolo de Lima, Miguel Ildefonso, Isabel Matta, Harold Alva, entre otros.

[4] Noble Katerva desde los predios de la Universidad Villarreal desde donde había salido Hora zero se conformó alrededor de las figuras de Jhonny Barbieri, Leoncio Luque y Roxana Crisólogo, junto con Neón fueron los grupos más visibles en esa época.

[5] GUILLÉN, Paul. “La poesía no tiene nada que ver con lo intelectual. Un diálogo con Vladimir Herrera”. En: Tsé-Tsé, número 16. Buenos Aires, 2005. p. 38.

[6] CHUECA, Luis Fernando. “Consagración de lo diverso. Una lectura de la poesía peruana de los noventa”. En: Lienzo, número 22. Lima: Universidad de Lima, 2001.

[7] FREYRE, Maynor. “Deidad que rige sombras. Poesía de Salomón Valderrama”. En: http://lechatquipeche.blogspot.com/

[8] LAUER, Mirko y Mario MONTALBETTI. “Post-2000. Nueva poesía peruana”. En: Hueso húmero, número 44. Lima, 2004.

[9] Comentario de contratapa de Libro de Daniel (Lima: Jaime Campodónico editor, 1995).

[10] El término ha sido acuñado por Roberto Fernández Retamar al referirse a la poesía de Lezama Lima, Paz y Eliseo Diego. Cf. FERNÁNDEZ RETAMAR, Roberto. “Antipoesía y poesía conversacional en Hispanoamérica”. En: Para una teoría de la literatura hispanoamericana. p. 159-160.

[11] OQUENDO, Abelardo. “La tentación del anonimato” En: Inquisiciones de Abelardo Oquendo. La República. Lima, 26 de julio 2005.

[12] PALACIOS, Max. “Asalto al Cielo estrellado (Un acercamiento a la poética de Víctor Coral en Cielo estrellado)”. En: http://www.letras.s5.com/

[13] SANDOVAL, Renato. Comentario de contratapa de El Libro de las señales (Lima: Nido de cuervos editores, 1999).

[14] MEDO, Maurizio. Tremos de sur. Antología de una poesía arequipeña (inédito).

[15] BENJAMIN, Walter. Discursos interrumpidos I. Madrid: Taurus, 1973. p. 26.

(tomado de Letras.s5)

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