Puno Estado Federal III parte
Propuesta Regional Multipartidaria
"Este es un tema que se está planteando desde Puno de una manera multipartidaria, conjunta. Planteamos el establecimiento de un nuevo sistema de organización política para nuestro país. En segundo lugar se ha trabajado desde los distritos y provincias"."Es una propuesta para el debate nacional, queremos que lo entiendan de esa manera. No se tiene ninguna intención separatista o divisionista como algunos lo han querido presentar. Lo que planteamos es una nueva propuesta de organización política para nuestro país, que debe pasar necesariamente por el cambio de la Constitución del Estado”
Hernán Fuentes.
¿República unitaria?
El Perú es hoy una república unitaria. Y uno su Estado. Este postulado de “unidad” es tan antiguo como la república misma. La primera formulación explícita del mismo se dio en Art 1° de la Constitución de 1823 bajo el texto: “Todas las provincias del Perú, reunidas en un solo cuerpo, forman la Nación peruana”.
Posteriormente se reafirmó ese postulado en las Constituciones de 1828, 1834 y 1839. Del mismo modo en la de 1856, y se repitió casi literalmente en las constituciones de 1860, 1867 y 1920. Recién en la Constitución de 1933, se explicita “El Estado es uno e indivisible”. En la Constitución de 1979, en el Art. 79, se dice en cambio: “El Perú es una República democrática ... Su gobierno es unitario...”.
Finalmente, en la Constitución de 1993, retomándose exactamente el texto de la de 1933, el Art. 43° postula que “el Estado es uno e indivisible”. Por otro lado, en múltiples ocasiones ha habido gobiernos paralelos. Y, finalmente, por lo menos en una ocasión, no ha habido Estado unitario.
En efecto, en marzo de 1836 quedó constituido el Estado Sud Peruano conformado por los entonces existentes departamentos de Arequipa, Ayacucho, Cusco y Puno. Y meses después, en agosto del mismo año, quedó formado el Estado Nor Peruano con la integración de los departamentos de Amazonas, Junín, La Libertad y Lima.
Uno y otro, conjuntamente con Bolivia, dieron forma en octubre de ese mismo año a la Confederación Perú Boliviana, cuya vida apenas duró veintiséis meses.
Fue liquidada en enero de 1839, tras la batalla de Yungay, con la intervención de la Burguesía chilena y su ejército.
Estados federales para cambiar el Perú
La historia muestra que a este respecto nuestras constituciones, todas, sin excepción, reflejan deseos más no la realidad que se ha dado y se da en nuestro país. Porque no corresponde hablar de “unidad de la nación” en un país que hasta hoy, legítimamente y para orgullo de todos, es “multinacional”.
La propuesta de que la Región Puno sea un Estado Federal, es una premisa para que en el Perú las otras regiones tomen opción por convertirse en estados federales que podrá conllevar a que se modifique la hechura fujimorista de la Constitución Política del Perú de 1993, por que los hechos sociales y políticos de los ciudadanos y ciudadanas se convierten en derecho y legal.
Así fue la lucha de los campesinos por la tierra y reforma agraria. La lucha armada de las guerrillas del Comandante Luis de la Puente Uceda, del Comandante Lobatón Milla, Javier Heraud y del camarada Hugo Blanco Galdos de 1965 fue por reforma agraria, tierra para los campesinos y por el poder político, que obligó a que se legalizara la reforma agraria. Lo legalizó de manera tramposa el primer gobierno de Fernando Belaúnde.
Quién legalizó y ejecutó de manera seria la lucha de los campesinos y guerrilleros por la tierra y reforma agraria, fue el General Juan Velasco Alvarado. En las leyes y constituciones antes de la Carta Magna de 1979, no estaba contemplada la realización de la reforma agraria. La lucha de los trabajadores, campesinos y pueblos de los años de 1970 por la regionalización y descentralización, legalizó la Constituyente de 1979 y lo ejecutó el primer gobierno del APRA y Alan García Pérez, bajo la presión de los pueblos, trabajadores, campesinos y de la izquierda.
Hoy la lucha por Puno Estado Federal y la secuencia de otras regiones como estados federales, quieran o no quieran tendrá que ser legalizado.
La legalización tendrá que hacerse a través de una Asamblea Constituyente. La propuesta de REGIÓN FEDERAL QUECHUA-AYMARA por el Presidente de la Región Puno, 07 consejeros regionales y algunos funcionarios del Gobierno Regional Puno, es una premisa para el cambio estructural del Perú.
Que sepan, los opuestos al encaminamiento de la Región Federal Quechua-Aymara (Puno Estado Federal), que los Estados Unidos de Norteamérica que es el imperio que domina el mundo, principalmente a los países subdesarrollados, entre ellos nuestro país; es la unión de estados federales, por eso se llama Estados Unidos de América (EE. UU. AA.).
La ciudad de Washington que es la capital de los EE. UU. [Distrito Capital de los EE. UU. (Washington DC)], New York y Miami es donde tienen sus mansiones muchos aristócratas, oligarcas, los del poder económico y político del Perú, aunque otros tienen sus aposentos en otras ciudades de los EE. UU. Los EE. UU. que muchos sueñan irse o ya se han ido, es la confederación de 50 estados federales.
El UNITARISMO y el FEDERALISMO en nuestra Historia
La actual República unitaria o Estado unitario, que con tanto fervor defienden algunos “mistis” y alienados de nuestra región, tiene formalmente tiene acumulados 187 años de vigencia. Sin embargo, el esquema “unitario” aparece de hecho en los Andes con el Imperio Chavín, con una vigencia de casi mil años. Se reeditó durante el Imperio Wari, durante casi cuatrocientos años. Y con el Imperio Inka por espacio de casi noventa años.
Todos ellos fueron precisamente los períodos de la historia andina en que contra lo que sostiene la historiografía tradicional, menos se desarrollaron los pueblos andinos. Sometidos a un brutal centralismo, contribuyeron todos con su riqueza a que sólo se desarrollaran los centros hegemónicos: Chavín de Huántar, Wari (Ayacucho) y Cusco.
Tras la conquista, el esquema “unitario” volvió a reeditarse durante los 289 años de la Colonia. La riqueza de los pueblos andinos, en cantidades inconmensurables, fluyó interminable nuevamente hacia la sede imperial: España. A cambio, los pueblos del Perú se empobrecieron hasta el límite de lo inimaginable. Y durante la República, como ha quedado mostrado hasta el hartazgo, el esquema “unitario” viene dejando un saldo de centralismo suicida, y de pobreza y atraso inaudito en todas las provincias del interior del Perú.
Por su parte la hasta ahora frustrada idea de hacer del Perú una República Federal es tan vieja como la República misma. En efecto, se debatió en el primer Congreso del Perú, en 1822, cuando todavía no se habían librado las batallas de Junín y Ayacucho que sellaron la independencia del Perú. Dice Basadre que “el Congreso rechazó en su sesión de 26 de noviembre de 1822, la proposición de Sánchez Carrión para que fuera implantado el régimen federal de gobierno”. Años más tarde, pero pensando en la reunión de los territorios que había ayudado a liberar, Bolívar preconizó la idea de una República Federativa, y la impuso en la Constitución de 1826, que sin embargo no tuvo ninguna vigencia.
Basadre en su célebre Historia de la República del Perú destaca la adhesión de los representantes por Arequipa a la idea federativa, durante las deliberaciones previas a la dación de la Constitución que alentaba Bolívar. Y recuerda que por entonces, con difusión en todo el sur del país, se editaba en esa ciudad un diario llamado nada menos que El Federal, que ya tan tempranamente denunciaba “el centralismo de Lima”.
Poco puede decirse de la experiencia federal, bajo la Confederación Perú Boliviana. Fue básicamente impulsada por el general Andrés de Santa Cruz, con la aspiración de reconstituir tanto la idealizada unidad que se había dado en la antigüedad durante el Imperio Inka, y sólo durante él (porque ni Chavín ni Wari incluyeron el Altiplano); cuanto la unidad administrativa que se había dado durante la Colonia, y hasta 1776 (en que Bolivia pasó a jurisdicción del virreinato del Río de La Plata).
Pero no puede dejar de señalarse que la Confederación Perú Boliviana fue también el reflejó la intensa lucha por el poder entre las aristocracias del sur y norte del Perú, en la que ésta, en alianza con el ejército chileno, derrotó a aquélla, liquidó la experiencia federal y volvió a hegemonizar sobre todos los pueblos del territorio peruano. Y, por lo demás, ni la conformación del Estado Sud Peruano, ni la del Estado Nor Peruano tenían asidero histórico. En ninguno de los dos espacios se había dado experiencia unitaria de ningún tipo en la antigüedad.
Mariátegui erró involuntaria e inadvertidamente cuando sostuvo que la idea federalista no muestra en nuestra historia raíces verdaderamente profundas. Sin duda, con la información de que se dispone hoy, sería un abanderado firme y decidido del federalismo. Pues él, como pocos, combatió tan lúcidamente el centralismo: “Uno de los vicios de nuestra organización política es, ciertamente, su centralismo” dijo con claridad meridiana en la década del 20, en Regionalismo y Centralismo, el sexto de sus célebres 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana.
La Historia nos señala el camino
La Historia, nos dice que desde el colapso del Imperio Chavín hasta el surgimiento del Imperio Wari, es decir, durante ochocientos años, los pueblos andinos desarrollaron verdaderamente, cada uno en su espacio ancestral, ricas y fructíferas experiencias de autonomía. Fue el período de formación de las naciones andinas. Así, manejando sus recursos con autonomía, sin transferir riquezas a ningún otro pueblo, surgieron simultáneamente las magníficas civilizaciones Moche, Lima, Nazca, Huarpa (Ayacucho) y Tiahuanaco, genesis de la actual nación Quechua Aymara, alcanzándose también un gran desarrollo entre los cajamarcas y huancas, entre otros.
Otro tanto ocurrió entre la liquidación del Imperio Wari y el surgimiento del Imperio Inka. Simultáneamente, en lapsos de autonomía que en promedio se prolongaron por trescientos años, resurgieron en el territorio la fuerza, creatividad y capacidad de generación y acumulación de riqueza de los pueblos andinos. Esta vez, fue el período de consolidación de las naciones andinas.
En esas nuevas circunstancias, los mismos pueblos andinos dieron esta vez forma a las civilizaciones Chimú, Chancay, Lima, Chincha, Chachapoyas, Recuay e Inka. Pero no menos meritorio fue otra vez el desarrollo de los cajamarcas y huancas, pero también el de los tallanes, huánucos, chankas y de nuestros antepasados inmediatos los kollas.
Es decir, nunca fue más rico y desarrollado el mundo andino que en los períodos en que los pueblos tuvieron autonomía política y económica. Esto es, durante el tiempo en que estuvieron organizados bajo la forma de lo que hoy denominamos un sistema descentralizado (o no centralizado); o, en su defecto, bajo el equivalente de lo que hoy denominamos un sistema federal.
En fin, tras la Colonia, desconociéndose las grandes bondades de esa riquísima experiencia, al imponerse el sistema de la “República unitaria Estado unitario”, se concretó un engendro histórico. Pues en lugar de recogerse la mejor y más fructífera experiencia de espíritu obviamente federal, se prolongó la nefasta experiencia unitaria e intrínsecamente centralista del Virreinato. Hoy estamos pagando las consecuencias de ese gravísimo error histórico de los inicios de la República.
Tramposas decisiones y remedos de descentralización
Si realizamos un riguroso recuento puede sostenerse que, en 125 de los 187 años de la República, han existido y funcionado organismos departamentales y/o regionales. Si no conociéramos la realidad del país, podría creerse que, con tan larga experiencia, la descentralización actual del Perú es una realidad.
Siendo en cambio que el acusado centralismo en Lima es la realidad palmaria e incontrovertible, puede hasta postularse el principio de que, por lo menos en nuestro país, “a más leyes de descentralización, más centralismo”; a más declaraciones formales de descentralización, más esencia centralista.
Esta impactante constatación no hace sino confirmar uno de los postulados centrales de los políticos peruanos: la posición de los candidatos, a través de sus demagógicos discursos en campaña; y de los gobernantes, a través de las leyes; no sólo es distinto a su discurso implícito (sus acciones cotidianas), sino que hasta anticipa exactamente lo contrario de cuanto están dispuestos y van a realizar.
Nuestra larga historia republicana sugiere que no será a través de proyectos de ley planteados por el Poder Ejecutivo, o de leyes generadas en el Congreso, como los pueblos del Perú podrán dar inicio a un genuino proceso de descentralización.
Todo sugiere también que deberán ser los pueblos del Perú quienes, por todos los medios que estén a su alcance, fuercen al Gobierno y al Congreso a modificar la CONSTITUCION, y a dar las leyes que den realmente inicio a un proceso irreversible y de cada vez mayor descentralización.

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