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El zorro de arriba
De política, cultura y cosas peores

07/08/2007 GMT 1

El rol del MAESTRO PERUANO

consejerodelobo@hotmail.com @ 20:18

El rol del MAESTRO PERUANO

Se necesitan alumnos con espíritu crítico, con afán de investigación científica y rebeldes ante la injusticia social; más claramente, se necesita que los maestros de la escuela pública donde se educa el pueblo, encaminen su labor educativa a formar educandos con conciencia de clase explotada, que asuman como futuros trabajadores y ciudadanos la responsabilidad de luchar contra la injusticia y la explotación.

Es evidente que la educación burguesa está para sostener y reproducir la explotación del hombre por el hombre, el consumismo, el tecnocratismo, la alienación del trabajo, el individualismo, el imperio de la propaganda y de los mass media, que vulneran, incluso, las interioridades del espíritu humano y condicionan sus decisiones. El conductismo y neo-conductismo, la fetichización de la tecnología educativa, la búsqueda inescrupulosa de la eficiencia y la ganancia, etc., son aspectos que informan la pedagogía burguesa más reciente. Se perfila así una educación que es producto y reproduce una conciencia social alienada e inhumana.
En general, cada sociedad produce la educación que conviene a su clase dominante, la educación que plasma los intereses inmediatos e históricos de determinada colectividad humana y de la clase social que en ella se impone. Esto no niega la posibilidad de que las clases subordinadas, una vez poseedoras de conciencia de clase, se esfuercen por generar sus propias alternativas educativas y culturales.

La educación es también una relación social entre individuos de determinadas agrupaciones humanas. Educación implica comunicación, trasmisión de ideas, de conceptos, de conocimientos, técnicas, valores, formas de comportamiento, etc. La educación, espontánea o sistematizada, es una actividad relacionada con la tarea de preservar del olvido o la destrucción la riqueza de ciencia y experiencia acumuladas por las generaciones precedentes. Riqueza destinada a servir de base a ulteriores avances del conocimiento, de la producción, de la técnica, de la ciencia, del arte. “Una de las funciones esenciales de la sociedad humana es almacenar los conocimientos adquiridos por el hombre. El lenguaje, los útiles, la ciencia y la técnica, el arte, la religión, son conservados y trasmitidos no por la herencia, sino por tradición visual, oral o escrita”.
Y en el cumplimiento de esta importante función es donde la educación cumple un rol esencial. “La humanidad progresa en la medida en que las generaciones nuevas pueden apoyarse, en su ascenso, sobre el edificio ya construido por las generaciones precedentes, beneficiándose de la colaboración de las capacidades intelectuales de millares de cerebros de entre los más capaces. Todas las civilizaciones se hundirían simultáneamente si de un cataclismo destructor, como el que hoy podemos concebir, sólo sobreviviesen niños muy jovencitos, y el pensamiento conceptual desaparecería del mundo, para reaparecer, tal vez, después de algunos milenios en un nuevo ciclo histórico”.
Pero la educación como relación social ideológica también puede cumplir (y de hecho cumple) funciones reaccionarias, inhumanas y anti-históricas. La relación entre educando y educador no sólo se da en el aula, se da también en la familia, en el club, en el partido, en el sindicato, etc., y a través de toda clase de medios de comunicación que trasmitan opiniones, conceptos e ideas en general.

“En todo acto educativo concurren básicamente cuatro elementos:
a) Un sujeto que se educa: el educando.
b) Un agente que educa: el educador.
c) Un contenido que se trasmite o ejerce influencia: el contenido educativo.
d) Un conjunto de recursos, circunstancias o ambientes que hacen posible el acto educativo: los medios educativos”.
Es claro que entre semejantes elementos debe establecerse una fluida interacción para realizar adecuadamente el hecho educativo. Sea como fuere, lo cierto es que entre maestro y alumno se establece un determinado tipo de relación que está decisivamente influenciada por las relaciones sociales que se dan en la sociedad. En realidades como la nuestra, “las relaciones sociales de la escuela adaptan al individuo a las características del trabajo burocráticamente organizado: disciplina, sumisión a la autoridad, motivación mediante incentivos externos...a más de cierta preparación cognoscitiva y psicomotora”.
Se pone mucho énfasis en la disciplina catalogada como obediencia; la escuela (y los maestros) apelan a procedimientos cuartelarios. El niño sumiso, apagado y formal es el ideal de alumno educado. Se dice que tal cual profesor es bueno porque mantiene el control del aula y la obediencia del alumnado, no importa si tiene deficiencias en los otros aspectos de la enseñanza. Al final la relación maestro-alumno adquiere características de dominación-dependencia, en la cual, el sujeto que se educa debe aceptar pasivamente los conocimientos, valores, conceptos e ideas que el maestro trasmite. Se establece una relación ideológica desigual donde, por regla general, el que actúa de educador impone a los educandos una concepción del mundo propia de las clases sociales que dominan a la sociedad. Así al proletariado, al campesinado y a los demás sectores populares se les trasmite concepciones ajenas a sus intereses de clase.

El ordenamiento educativo de sociedades como la nuestra busca educandos adecuados a las necesidades e intereses de los explotadores. En él, los alumnos deben ser domesticados para que actúen eficientemente como productores, como capataces, administradores, como soldados o policías al servicio del gran capital. La ideología que se brinda a través de todos los medios educativos está orientada hacia ese fin.
Pero los maestros clasistas tienen el deber de romper con estos esquemas que impone el orden reaccionario de la sociedad y hacer de la relación con sus alumnos un hecho fructífero desde el punto de vista científico, político y social. Se necesitan alumnos con espíritu crítico, con afán de investigación científica y rebeldes ante la injusticia social; más claramente, se necesita que los maestros de la escuela pública donde se educa el pueblo, encaminen su labor educativa a formar educandos con conciencia de clase explotada, que asuman como futuros trabajadores y ciudadanos la responsabilidad de luchar contra la injusticia y la explotación.
Los maestros clasistas tenemos el deber de hacer un trabajo educativo que sirva para la formación de futuros dirigentes populares; que pongan los cimientos en la formación de cuadros para la transformación revolucionaria de la sociedad. Cuadros dirigentes del pueblo para la revolución: ese debe ser nuestro “perfil del educando”.

Para cumplir eficazmente esta tarea los maestros debemos prepararnos adecuadamente. Esto nos exige un determinado “perfil profesional”; nos exige que juguemos un determinado papel progresista o revolucionario en la formación de las nuevas generaciones.
Hace más de 70 años, el gran maestro peruano José Antonio Encinas escribió con mucha claridad: “El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar es el de maestro de escuela. Cuando la sociedad actual se sacuda del egoísmo y de los prejuicios que anquilosan sus más vitales funciones y cuando el maestro, de su parte, deje la rutina y se transforme en un leader social, entonces el magisterio habrá sobrepasado en importancia a cualquier otra actividad humana”.
A nuestro criterio aquí está, propuesto por Encinas, lo esencial del “perfil profesional” del maestro clasista y revolucionario: debe transformarse en un líder social; su ocupación debe llevarlo a estar en la vanguardia de las actividades y luchas de la comunidad por lograr la justicia, la desaparición de la miseria y de la explotación. Debe promover estas acciones. Todos los demás requisitos que se exigen para tener buenos maestros deben estar en función de esta característica esencial.
La emoción social, la paciencia y control emocional, la simpatía, la adecuada capacidad intelectual, la iniciativa y capacidad organizativa, tanto como la sólida cultura y formación pedagógica, deben estar orientados a potenciar la capacidad de líder social que se exige del maestro.
La de docente es una profesión especial, diferente de las otras; “...el educador no sólo debe demostrar su competencia en las aulas sino en toda la comunidad, con sus propios actos, su propia persona; en suma debe estar preparado especialmente”.
El buen maestro no sólo debe preocuparse por establecer una correcta relación social con sus alumnos, sino además, con los padres de familia y la comunidad. Su labor de educador debe exceder los estrechos límites de la escuela y proyectarla a los sectores populares. Esta proyección debe ser organizada, colectiva, con una clara posición de clase y con objetivos sociales y políticos concretos. A través de la escuela y el sindicato puede realizarse con eficacia esta tarea.

El Maestro, para constituirse en líder social y cumplir acertadamente su papel de educador debe esforzarse por tener una concepción del mundo científica y de avanzada, es decir, una concepción dialéctica y materialista; debe manejar una línea política sindical y pedagógica que lo lleve a tomar clara posición junto a los proletarios, campesinos y demás sectores explotados, que son la mayoría de la sociedad peruana.
Debe tener una clara conciencia nacional que lo lleve a hacer de la educación un medio para promover y perfilar la personalidad y la cultura nacional del Perú, al mismo tiempo que trabaja contra la dominación neocolonial que el imperialismo ejerce en nuestra patria.
Por supuesto que el maestro de veras clasista debe comprender que en nuestro país la lucha de clases se desarrolla de diversos modos y el hecho educativo está inmerso en esa lucha, por tanto, es menester tomar una posición clara y esforzarnos por diseñar nuestra labor con los alumnos y la comunidad de manera que favorezca a los intereses populares. No podemos seguir siendo eternamente un ejército destinado a domesticar a las masas en favor de los intereses del imperialismo, la gran burguesía y los terratenientes. Por el contrario, hagamos del aula, de la escuela y de la comunidad un bastión en la lucha contra la dominación de las potencias extranjeras, contra el abuso y la injusticia, contra la explotación del hombre por el hombre.
Para eso debemos contar con los alumnos, con el magisterio de base organizado y conciente; con adecuadas relaciones con padres de familia y la humanidad. Los maestros debemos trabajar para que la escuela y la educación estén al servicio de las masas populares; esto exige tener una clara línea de masas en nuestro quehacer cotidiano.
El educando de los sectores populares, además de constituir como persona una “realidad integrada” (biológica, psicológica y social) es parte de una colectividad, de un sector social mayoritario que está llamado a ser protagonista principal de un cambio radical en la sociedad. No puede ser de otro modo si queremos quebrar la situación de crisis y descalabro permanente que aqueja al Perú. Es una verdad suficientemente demostrada que las masas hacen la historia; entonces, preocupémonos los maestros por contribuir desde la educación a que esta historia avance de modo progresivo. Por tanto, debemos tener una línea de masas claramente diseñada para nuestro trabajo con los alumnos, con los padres de familia y la comunidad, con el sindicato.

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