Algo de Puno
PERUAYA
Por: Miguel Ildefonso
Cojo como título la canción número nueve que conforma el Cd Coca kintucha (2006) de los músicos Mino Mele y Gisela Pérez-Ruibal para hablar de unos viajes que he realizado en estos tiempos a través de cuatro puntos del Perú. Viajes conducidos por esa relación, que pareciera utópica, entre poesía y vida. No diré los meses en que estuve en estos viajes, porque el tiempo a veces pasa en vano, o a veces no pasa, y otras veces vuelve a esperar. He viajado al “interior” del Perú, casi siempre en bus, cosa que no es problema para mí, porque tengo buen sueño. Y mi sueño es conocerlo todo.
Es así que llegué a Puno, por primera vez. Y lo que, sin voltear siquiera la cabeza, impresiona es el gran lago Titicaca. Pueblos antiguos, costumbres ancestrales, un cielo brillante en donde uno se mira libre de su pequeñez y temporalidad, en donde uno adquiere esa inmensidad casi inalcanzable para el habitante de las peores urbes. Una fresca ciudad en su buena temporada; paseos por las islas, por sus callecitas llenas de cabinas de Internet. Haber viajado un día entero no dejó ningún cansancio. En la noche, un calientito en la calle Lima, conversar - otro calientito más - con los poetas coetáneos que iba conociendo: Darwin Bedoya y Luis Pacho, hablando de Gamaliel Churata, de Carlos Oquendo de Amat que cumplía cien años y cuya casa ahora era una pollería. Ellos junto a Boris Espezúa, Víctor Villegas, José L. Velásquez G., Vladimiro Centeno y Luis Balcona, conforman el consejo editorial de la revista literaria Pez de Oro. Hablábamos del Movimiento Orkopata, del Boletín Titicaca. Asimismo me fui enterando del círculo de escritores llamado Carlos Oquendo de Amat, el grupo Anclas, del boletín De mulas buhós y otros escribientes, en el que pertenecía la poeta Alessandra Talavera, quien conforma el grupo de poetas y escritores jóvenes, como Cristian Reynoso, que estuvieron ligados al centro cultural de La casa del Corregidor. La tierra de Feliciano Padilla, Jorge Flores Aybar, Omar Aramayo y José Luis Ayala, me dejó una buena impresión, el signo de una gran tradición viviente. La última tarde estuve sentado en una Plazuela donde está el monumento al poeta Dante Nava, una tarde soleada como en las que me sentaba en las bancas de la orilla del lago. Allí ahora leía el poema del vate que frecuentaba a Churata y su grupo de poetas en torno al círculo literario THEA, allá por 1926. Este poema lo conocía de años por la musicalización que le hizo en los años 80s el grupo de mi barrio, La Victoria, Del Pueblo:
Soy un indio fornido de treinta años de acero,
forjado sobre el yunque de la meseta andina,
con los martillos fúlgidos del relámpago herrero
y en la, del sol, entraña de su fragua divina.
El lago Titikaka templó mi cuerpo fiero
en los pañales tibios de su agua cristalina,
me amamantó la ubre de un torvo ventisquero
y fue mi cuna blanda la más pétrea colina.
Las montañas membrudas educaron mis músculos,
me dio la tierra mía su roqueña cultura,
alegría las albas y murria los crepúsculos.
Cuando surja mi raza que es la raza más rara,
nacerá el superhombre de progenie más pura,
para que sepa el mundo lo que vale el aimara.
Orgullo aymara
Tomado de:
http://www.mundoalterno.com/decimas/miguel_ildefonso/mdih_4.htm

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