García aísla al Perú
César Lévano
El viernes último, Álvaro Uribe, presidente de Colombia y el aliado más íntimo del presidente Bush en América del Sur (a pesar de las acusaciones que le llueven por vínculos con narcos y paramilitares asesinos), pidió la inclusión de su país en el Banco del Sur, que es propiciado por el mismísimo diablo con sus cuatro mil cachos: Hugo Chávez.
La creación del Banco del Sur fue anunciada el lunes 8 de este mes en Río de Janeiro por los ministros de Hacienda de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela.
La actitud de Uribe se diferencia de la de Alan García, quien en la línea histórica del neopierolismo prochileno, busca a toda costa una alianza con Chile en el marco del llamado Arco del Pacífico. Es ésta una idea que él quiere hacer pasar como propia, cuando la patente (de corso) le corresponde al Departamento de Estado de Estados Unidos y fue vociferada antes que nadie por el mexicano Jorge Castañeda, el ex aprendiz de guerrillero que ahora pertenece a la izquierda whisky, por su afición a eso que Rubén Darío llamó “el brebaje escocés”.
Con su opción entreguista, García opta por un aislacionismo suicida y pone en peligro la posibilidad de alianzas estratégicas. El Arco ideado por Washington incluye a Canadá, lo cual inhabilita el bloque para una negociación favorable con la Unión Europea y con China y la India. Canadá no es país en vías de desarrollo.
Cualquier alumno de primer año de la Academia Diplomática sabe que los países desarrollados, en particular los europeos, no quieren pactar negocios con países aislados o bloques reducidos.
El Banco del Sur, que se concretará en Caracas en noviembre, busca financiar proyectos regionales de desarrollo e integración. Se complementa con los esfuerzos del Mercosur, y coincide con la vía energética que Argentina, Bolivia y Venezuela van a abrir con la Organización de Países Productores y Exportadores de Gas de Sudamérica (Opegasur).
El hecho de que el ultraconservador Uribe vea en el Banco del Sur un esfuerzo al que conviene sumarse demuestra, en primer lugar, que en las alianzas entre países no pesan en exceso las diferencias ideológicas.
La opción de Uribe indica, en segundo lugar, que no ve en el Arco del Pacífico un arco del triunfo. La verdad es que el Perú necesita una política exterior independiente e integracionista, no aislacionista.
(Señor canciller: ¿no podríamos tener en Chile un diplomático de carrera que, además, no esté tan ligado, como Hugo Otero, a Chile?)
No olvidemos que Chile es el Israel de Sudamérica, el país al que Estados Unidos provee de armas ultramodernas, con fines que deben ser observados con ojo crítico y ánimo previsor. Ni las alianzas ni la Realpolitik se basan en buenos sentimientos.

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