Calles repletas de ira
César Lévano
El pueblo expresó ayer, en Lima y otras grandes ciudades, su rechazo a la política antinacional y antipopular del régimen.
Mientras los trabajadores peruanos se manifestaban, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobaba el TLC con el Perú: con ello abría más ancho cauce al descontento popular. Pronto se sabrá cómo reaccionan frente a los “beneficios” del TLC los algodoneros de Ica, Pisco, Chincha y Piura, o los empresarios textiles y de la industria láctea a lo largo y ancho del país.
El país ha visto el cinismo con que el gobierno de Alan García amparó la movilización de una confederación sindical manipulada por el APRA. Al mismo tiempo, la ministra de Trabajo, Susana Pinilla, condenaba la participación de políticos en la acción de la CGTP. ¡Como si no recordáramos el papel --el papelón-- que Alan García desempeñó en el paro de la CGTP el 14 de julio de 2004!
La CGTP planteó ayer una serie de reclamos justísimos, en particular respecto a los despidos antisindicales masivos; las demandas de los mineros en lucha; el alza del costo de vida que torna urgente un aumento de sueldos, salarios y pensiones; la lucha contra la corrupción galopante.
La central sindical más importante del país ha precisado que, si no se satisfacen los reclamos sindicales, acudirá a medidas más severas. Esto implica la posibilidad de un paro general. La fecha queda sujeta a la evaluación y la decisión democrática de las bases confederales.
Es posible que en ese momento el contingente de los descontentos se haya incrementado con las víctimas del TLC.
En la jornada de ayer no participaron los maestros en la proporción caudalosa con que lo hicieron en la del 11 de julio de este año. El magisterio estaba entonces en plena lucha por sus derechos. No obstante, el contingente de los educadores fue igualmente amplio esta vez, debido a que los docentes universitarios se incorporaron en masa.
Entre tanto, los despidos de sindicalistas, las jornadas de trabajo de doce horas, los salarios de hambre, la negación de seguridad social para los jóvenes, continúan. El Ministerio de Trabajo permanece con los brazos cruzados frente a la arremetida patronal. Algo más, ni siquiera resuelve el caso de los despidos antisindicales perpetrados por funcionarios apristas en los propios organismos del Estado.
La reacción de Alan García y de Jorge del Castillo frente a la masiva demostración de los trabajadores no hace más que reafirmar la traición a las tradiciones mejores del aprismo. Su postura insultante está destinada a irritar aún más a los sectores más pobres y a las capas medias (profesionales, intelectuales, empresarios). Su sumisión al imperialismo y al puñado de dueños del país no los salvará.

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