El gordo del maletín gordo
César Lévano
Desde los días de la última campaña electoral en Argentina se habla del venezolano que fue descubierto en Buenos Aires con un maletín en que llevaba 800 mil dólares, destinados, según los grandes medios, a financiar la campaña de Cristina Fernández, hoy presidenta de esa República.
La grita reaccionaria adujo que esa era prueba de la injerencia de Hugo Chávez en la política argentina. Por su parte, el supuesto agente chavista huyó y no encontró mejor refugio que Estados Unidos. La justicia bonaerense ha pedido la extradición del sujeto, pero no la consigue.
Mas he aquí, ¡oh sorpresa¡, que Jaime Bayly, que nada tiene de izquierdista y sí mucho de antichavista, ha revelado que conoce al portador del maletín, y lo conoce como enemigo jurado de Hugo Chávez y fraterno amigo de Carlos Andrés Pérez, el corrupto ex presidente de Venezuela que es guía y compadre espiritual de Alan García Pérez.
La prensa internacional ha acogido el texto que Bayly publicó el 28 de enero en el diario Correo de Lima. Allí revela que conoció a Guido Antonini Wilson, el hombre del maletín, en Miami, en el 2002. Éste lo reconoció por el programa de televisión que el perua-no conducía en Miami.
Escribe Bayly: “Me contó que era amigo de Carlos Andrés Pérez, que hablaban a menudo, que Carlos Andrés estaba en Santo Domingo, pero venía con frecuencia a Miami. Le dije que conocía a Carlos Andrés, que lo había entrevistado en el año 97 o 98. Cogió el teléfono, llamó a Carlos Andrés y le dijo que estaba conmigo. Me dio sus saludos”.
Luego, Antonini le dijo: “Chávez no va a durar. Va a caer pronto. Lo vamos a tumbar”.
El gordo estaba al pie de un automóvil Mercedes, y contó al periodista que era dueño de un hotel al cual lo invitaba. Cuando se reencontraron, explicó que el hotel era en realidad de su esposa pero él lo manejaba. “Poco des-pués”, relata Bayly, “me llevó a la cochera del edificio y me mostró su colección de autos de lujo: Hummers, Ferraris, Lamborghinis, Mercedes”.
Momentos antes, el gordo había insistido:
“Acuérdate de mí. A Chávez lo tumbamos. Va a terminar en la cárcel”.
Pocos meses después, recuerda Bayly, se produjo el golpe que durante 40 horas sacó del poder a Chávez. Fue, eso no lo dice Bayly, un cuartelazo tramado en Was-hington y en el Madrid del Opus Dei, que se vino abajo gracias a una colérica reacción popular y militar.
Sin quererlo, el francotirador periodístico ha desenmascarado –al reconocerlo en foto– a un provocador, sin duda agente de la CIA.
Nosotros, que hemos sido acusados de recibir petrodólares de Venezuela (calumnia por la que podemos pedir indemnización judicial por 800 mil dólares, suma inspiradora), advertimos a nues-tros compañeros de trabajo: no permitan que se me acerque ninguna persona con un maletín gordo. Me provocan muchas cosas, pero no los provocadores.

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