Más allá de lo mundano, de los campamentos y las cortas vacaciones, la Semana Santa debe ser, sobre todo, un espacio de reflexión sobre la vida y el prójimo, sobre lo trascendente y la solidaridad humana.
Un largo feriado. Eso significa para muchos la Semana Santa. El abismo entre el significado religioso y la celebración cultural que se evidencia en la fiesta de la Navidad, por ejemplo, se ahonda todavía más cuando se trata de la Semana Santa.
Hay como un divorcio entre lo que se recuerda y lo que se vive. Para muchos son apenas unos días más de fiesta a pocas semanas del fin del verano, para otros se trata de celebraciones y ritos religiosos que no tienen nada que ver con la vida real de la gente común y corriente. Es difícil para la mayoría de nosotros intuir el mensaje más profundo de estos días santos de reflexión y descanso.
El zorro de arriba es un hombre identificado con el Pueblo. Ejerce la levitación y la rebelión abierta. Místico sin dios, apátrida, ex poeta y adicto a la lectura. Fue Director de la revista de literatura Consejero de lobo, y de el mensuario El zorro de arriba. Sus poemas sufrieron varias publicaciones pero uno sólo orgánico: Aporía, la duda de la luciérnaga o sus heridas deshojadas (Lima, 2001).
Actualmente se dedica a otros menesteres menores como el estudio de la filología de Agustín García Calvo y los sermones de Buda. Tiene dos caballos, un faisan dorado y una vaca. Tiene un hijo y es un padre ejemplar.