Gringos drogadictos o cholos agrococaleros
Alguien ahora dirá que jusitificamos la inmoralidad.
La moral es algo relativo en función al poder y el tiempo. Hace siglo medio, la superpotencia de entonces -Inglaterra- era un franco Narco-Estado que bombardeaba todo puerto chino que se negase a dejarle traficar droga.
Eso fue la “Guerra del Opio”. Es más, la reina Victoria nombraba como “Sires” a los más destacados narcotraficantes que envilecían a las poblaciones asiáticas. Eran los tiempos del “Cartel de Buckinham”.
Con todo no justificamos la “inmoralidad”; la explicamos: es obvio que la droga es tóxica y por ende un flagelo, sin embargo, si nos ponen en la disyuntiva de identificarnos con los gringos drogadictos o con los cholos agrococaleros, definitivamente lo haremos con nuestros compatriotas, no sólo por la cuestión aquella que la coca no es cocaína, sino porque ante todo constituye un tema agrario que debe estar en la agenda del Ministerio de Agricultura y no en la del Ministerio del Interior que lo encasilla como “tema policíaco y criminalístico”. Mientras haya más traición al agro nativo vía el libre mercado globoneoliberalizador, no habrá más salvavidas que la ilegalidad, en legítima necesidad de sobrevivencia, y la necesidad tiene “instinto hereje” y no reconoce ley. Necesidad que se agudizará con el TLC, que a la postre estimulará, aún más, el expansionismo agrococalero y por urgencia vital el narcotráfico.

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