Radiografía de la Clase Media
Hace 25 años que los clasemedieros soportan más que otros sectores los rigores de la crisis económica y, además ven con terror que una avalancha de “indios” y otros marginados está a punto de desbordarse desde cerros y pueblos jóvenes.
Sienten miedo y es lógico que muchos de ellos estén clamando por “debilidad del Estado”. La polarización social es un fenómeno común a todas las democracias latinoamericanas. “Somos personas honestas, pacíficas y profesionales que cumplimos nuestras obligaciones y creemos en un Perú tolerante, deseamos trabajar en paz y por la democracia” suelen repetir con más o menos matices. Sus mayores conductores son el 99% de los periodistas peruanos que protestan diariamente contra lo que ellos denominan la agresión violenta y la irracionalidad de los sectores sociales que hoy están en conflicto.
“Somos peruanos, queremos paz”. Afirman los clasemedieros perjudicados por los reclamos diarios de las clases más bajas. Pero la realidad demuestra que ni son todo el Perú ni la paz se alcanza con sólo desearla. En uno de los países más injustos del mundo en cuanto a la distribución de la riqueza se necesita más que miles de periodistas para domar a la plebe que jode y bloquea harta de tanta desigualdad.
La clase media
Pero, ¿cómo definir esa heterogénea bolsa de gato denominada clase media contemporánea? Tradicionalmente se entiende que clasemediero es todo aquél que tiene algún negocio pequeño o una profesión liberal. Algunos son autónomos económicamente -la pequeña burguesía clásica de Marx, que incluye desde carniceros de barrio hasta joyeros y profesionales libres- y otros asalariados, como los maestros, empleados públicos y profesionales en relación de dependencia.
Algunos son patriotas con educación universitaria, activos y creativos miembros de la sociedad con iniciativa de trabajo, elegante sencillez, vida familiar y religiosidad marcada; otros son consumidores desenfrenados que valoran la belleza física y el poder adquisitivo, y reaccionan con apatía frente a su propia realidad.
Se puede decir que en este grupo tan heterogéneo sólo un rasgo común parece igualar a casi todos: el reconocimiento de la jerarquización social como norma inflexible de convivencia; aunque esa legitimación signifique un destino trágico. La clase media jamás quisiera ser clase media o descender hacia los estratos inferiores y vive atormentada por lo dificultoso que le resulta ascender. Y esa inestabilidad la sume en el más profundo estado de angustia.
Ni aristócrata ni proletario, el clasemediero se roza con la élite y la plebe y se alimenta de ambas. Esa podría ser la explicación de su fertilidad intelectual y de su particular aptitud para gobernar pueblos y ocupar cargos directivos.
Pero de nada sirven los privilegios si no hay seguridad. Los caballeros tecnológicos y otros miembros de las clases superiores están rodeados de miseria y comienzan a sentirse intimidados por los de abajo. Comprenden que los valores y creencias que legitiman la estratificación son reflejo de los intereses de los poderosos. Y como son pocos los que se benefician, esa jerarquización tiende a ser inestable con el tiempo.
En tal grado de instabilidad y desconfianza es normal, indica la psiquiatría, que aparezcan en filas clasemedieras serios cuadros de disociación psicótica, pues el miedo afecta la calidad de vida y nubla la percepción. (1)
Ciega y atormentada
Por prejuicio o tal vez herencia cultural, el razonamiento de las clases medias y altas suele partir del supuesto de que los blancos son superiores y representan lo moderno ante “lo primitivo”, la civilización frente a la barbarie. Una gran mayoría cree firmemente en que el grado de evolución de una sociedad se mide según su proximidad a la sociedad occidental. De ahí que la contraofensiva del Departamento del Estado (de EEUU) identifique al movimiento antisistémico latinoamericano como una especie de “fundamentalismo indígena premoderno” que contamina a Latinoamérica. (2)
Con ese código parecen estar programadas las capas sociales altas que a través de los medios de comunicación piden paz y democracia en abstracto sin reparar en las causas estructurales históricas y económicas de la violencia. ¿Cómo esperar paz duradera si continúan vigentes las causas sociales, políticas y económicas que desencadenaron acontecimientos como el de Ilave?
El 20% más rica de la población peruana recibe hasta 60 veces más de ingreso que el 20% más pobre. En el año 2002, el 10% del total de la población .aproximadamente 28 millones de peruanos- se apropió de más del 46% de todos los ingresos generados en el país, en tanto que el 10% de los más pobres se tuvo que conformar con menos de 0,17%.
Los ricos se vuelven cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Cualquiera que tenga dos dedos de frente comprende que un sistema con tanta inequidad es insostenible, pues la desigualdad se traduce en inestabilidad política y violencia.
Pero ya sabemos que la clase media nativa no se caracteriza precisamente por sus habilidades perceptivas o su sensibilidad frente a la situación de la mayoría. Es una paradoja, el hombre más instruido de la sociedad termina convirtiéndose en el ser que más fácilmente se aleja de la realidad. Y mientras más certidumbres pierde, más conservador y defensor del statu quo se vuelve.
Seguramente es por eso que en los últimos años las dinámicas que buscaron el cambio, -y hasta las caritativas- se gestaron en las clases bajas antes que en la intelectualidad de la clase media. Y es que el clasemediero está predispuesto a defender la sociedad dual y a cerrar los ojos ante la desigualdad y la corrupción y a encontrar disculpas al fracaso neoliberal si eso le garantiza estabilidad, buenos negocios o el mantenimiento de su nivel social. Su adhesión y subordinación ideológica a la clase superior es más que circunstancial. Porque el hombre de las capas superiores prefiere las heridas que le inflinge el capitalismo antes que arriesgarse a un difuso cambio que podría implicarla pérdida de sus propiedades, su imagen y su dudoso estatus.
Los peligros de la manipulación
No es descabellado pensar que los ingenieros de la opinión pública se aprovechen las debilidades emocionales y del temor que sienten amplios sectores de las capas medias para articular un discurso que contrarreste la progresiva radicalización política de las masas.
En realidad, los sectores conservadores reaccionan a la radicalización con un plan de contingencia que se apoya fuertemente en los medios y en los miedos. Y si se toma en cuenta la experiencia argentina y venezolana, los miembros de la clase media y de los sectores menos politizados aparecen como los más expuestos a la manipulación.
El primer paso de dicho plan de contingencia consiste en exacerbar el temor a que la “chusma” plebe o como quiera llamarse, tome las calles, invada propiedades, tierras y desplace del poder a las clases dominantes. El paso dos es hacer que los grupos atemorizados pasen de una actitud pasiva (miedo) a una activa (rabia) y establezcan lazos de solidaridad entre ellos. Para que el plan funcione, es preciso manipular emociones con ayuda de los medios y lograr que las personas tengan una percepción selectiva y sesgada de la realidad.
Así se forma un ejército de clasemedieros con pensamiento dicotómico, que divide al mundo entre buenos y malos. Por ejemplo, después del secuestro de jovencitos “bien” de Lima, los clasemedieros salen a marchar a las calles pidiendo la pena de muerte para todos los secuestradores. Y los organismos de represión aprovechan el lloriqueo hipócrita -porque nada se dice de los miles de marginados que mueren por diversas circunstancias casi siempre trágicas en los pueblos jóvenes- para restringir las libertades sociales y llevar el control social hasta el paroxismo.
Entonces comienza una dictadura disfrazada que inventa penas legales para problemas sociales, y que aplica sin pausa una “guerra contra la inseguridad”, la nueva estrategia de la reacción mundial.
En el país se aplican varios planes: la desestabilización de la sacrosanta democracia, polarizar aún más la sociedad con la creación de grupos que se infliltran en las masas para crear más violencia,, y el siguiente podría ser la exacerbación del crimen o de la protesta.
La clase media se resiente por la permanente amenaza de los soterrados y reacciona con miedo, un estado que está fuera del campo racional y que podría perjudicar a la sociedad en su conjunto. Porque cuando la clase media está temerosa y percibe que su estabilidad económica y emocional se ve amenazada es capaz de sacrificar cualquier valor en nombre de su seguridad personal, inclusive las libertades democráticas.
Notas:
1. La disociación psicótica es un proceso que crea en el subconsciente del individuo una realidad ficticia en la que todos los males y todo lo negativo que le sucede proviene de una sola causa o de una sola percona.
2. Algunos intelectuales de la derecha liberal defienden esta postura.
Soberbios con el débil y sumisos ante el poder
Buena parte de la clase media acepta callada las imposiciones que vienen de arriba, pero no respeta la fuerza de abajo, a la que califica como cáncer social.
Ya muchos clasemedieros han sugerido que es hora de empezar una “guerra pacífica por un Perú productivo y en contra de los dirigentes que están destruyendo el país, cada uno desde la trinchera de nuestro hogar y trabajo”.
Algunos periodistas proponen un plan de acción: “Si declaran paro, trabaja el doble; si te encuentras con un bloqueo, atraviésalo. Esa gente está violando tu derecho al libre tránsito y te está despojando de la esperanza de un futuro mejor”. Y añaden enfáticos “si conoces a un dirigente castígalo socialmente. Desprécialo, insúltalo, quítale el saludo. ¿No harías lo mismo con un ladrón que te está robando tu futuro? Si conoces a un periodista que por flojo o porque está pagado sólo da cobertura a los destructores de nuestro país, primero llámalo a la reflexión y si esto no funciona haz lo mismo que sugerimos hacer con los dirigentes”.
DATITO
Se muere por una fotito en página social y es capaz de hipotecar el alma para matricular al niño en una escuela de ricos. Como está al medio del sándwich y no es ni chicha ni limonada, el clasemediero se encomienda todos los días al dios de las apariencias y rinde culto al “Como te veo te trato”, su axioma general.
El periodista Abelardo Sánchez León pinta un retrato de la clase media limeña en la revista Caretas: “No tiene el ímpetu de la burguesía europea; nació cansada. Se entiende a sí misma como un esmerado grupo profesional del sector servicios, limpios, de baño diario y sin ensuciarse jamás las manos. Es la feíta de la clase con la que nadie quiere bailar. Tímida, medrosa, contrita, sueña con patios y se contenta con quintas, quiere jardines y se conforma con macetas colgando de alguna pared. Cuida lo poco que tiene: una virginidad absurda, unas monedas en el banco, alguna herencia de un pariente lejano que le daba bruscamente la espalda”.
La clase media jamás de anima a pretender más de lo que Dios se dignó darle y está acostumbrada a pedir progresiva y gradualmente. Criolla, blancona, rodeada de ricos que la desprecian y de indios que la odian, trabaja para los de arriba y los imita. Forma parte de la burocracia servical, profesional, tecnificada, que vende alma y espíritu para no tener pensar.
Se supone que los clasemedieros son cristianos, socialistas, progresistas, comunistas, radicales de modeles finos, sensibles, leídos, pero tienen unas mujeres que miran todo con espanto cuando están en riesgo bienes, casita, abrigo, auto y sueldo. Su terrible verguenza es envejecer empobrecidos.

Meneame
del.icio.us
Entre los criminales que recibieron “felicitación por las exitosas operaciones” del reo Alberto Fujimori por los crímenes de la Cantuta y de Barrios Altos, y que además obtuvo “calificación sobresaliente” por el condenado y presidiario Juan Rivero Lazo, jefe de la Dinte, destaca el cabecilla de la despiadada organización criminal "Grupo Colina", Enrique Fernando Rodríguez Zabalbeascoa, alias "potro".
Este individuo, después de vivir prófugo durante 8 años, fue capturado en enero del año 2002 por la Policía Nacional en el inmueble, que había arrendado con identificación falsa y que le servía de cubil, sito en la calle Doña Elvira Nº 208 departamento 303, Urbanización Los Rosales de San Borja de Lima; acusado de crímenes contra la humanidad o genocidio: Asesinatos colectivos [ejecuciones extrajudiciales], de estudiantes, mujeres y niños; asesinatos de Pedro Huillca Tecce, Secretario General de la Confederación General de Trabajadores del Perú; del periodista Pedro Herminio Yauri Bustamante; desaparición forzada de personas; torturas en los sótanos del Servicio de Inteligencia, lesiones graves y otras atrocidades encubiertas, cometidas por este grupo criminal asociado para delinquir.
Haciendo memoria, este siniestro personaje, en el momento de su captura, tenía en su poder un falso D.N.I. Nº 015481300 que lo identificaba con un nombre postizo. Esta conducta delictiva es muy propia del hampa que vive hurgando en los bajos fondos. Representa un grave atentado no solamente contra el propietario del inmueble que conducía como inquilino, a quien defraudó induciéndolo al error, sino, lo que es más grave, contra las instituciones jurídicas del Estado Peruano, a quien, como militar debe respeto y sumisión porque así ha sido formado: con amor a la patria, con respeto a sus instituciones tutelares, y con la permanente y disciplinada disposición de defender su soberanía. Sin embargo, pese al tiempo transcurrido, no se sabe, hasta ahora, si el Procurador del RENIEC lo ha denunciado ante Ministerio Público, ni menos si ha sido condenado por los delitos de falsificación de documentos y contra la administración de justicia.
La libertad de Rodríguez fue dictada, en el año 2005, por el Quinto Juzgado Penal Especial de la Corte Superior de Lima, que despachaba la juez Antonia Saquicuray, y la concedió por exceso de carcelería sin sentencia. Sin embargo, lo que hasta ahora no se conoce, es si esta conducta delictiva fue denunciada por el Procurador del RENIEC ante el Ministerio Público, por los delitos contra la Fe Pública -Falsedad ideológica- en agravio del Estado. Recordemos que su cómplice, el tristemente célebre Alberto Fujimori, por delitos de allanamiento de morada y usurpación de funciones, cuya punición es menor, fue condenado a seis años de prisión efectiva.
Al parecer, desde el interior de los cuarteles, los miembros del Ejército peruano en actividad, se dan maña para estafar al Estado con fraudes y robos de elevado octanaje, que han alcanzado dimensiones alarmantes. La dolosa conducta fraudulenta de estos personajes, continúa aun después de haber pasado al retiro. Y el caso más evidente, es la comisión delictiva perpetrada por Enrique Rodríguez, quien defraudó a la Nación con una falsa identificación para burlar la acción persecutoria de la Justicia y de la Policía Nacional.
Ahora que, nuevamente está citado a estrados con toda su gavilla de asesinos, para responder ante el mundo sobre sus perversas y abominables atrocidades, es necesario que la Primera Sala Anticorrupción de la Corte Superior de Lima, establezca el grado de responsabilidad de la conducta delictiva de Rodríguez, que luego de sus nefandos asesinatos y otros no menos horrendos crímenes contra la Nación, dirigió posteriormente su agresión contra el Estado peruano, el que a través del caballerizo de un cuartel militar, lo formó para que cumpla con respetar y hacer respetar los símbolos nacionales, las instituciones y las leyes.
Dr. Alejandro Cruzado Balcázar
Alejandro Cruzado Balcázar | 15-11-2008 - 22:30:00 GMT 1 #