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El zorro de arriba
De política, cultura y cosas peores

06/04/2008 GMT 1

Mariátegui: El futuro que se siembra en el presente

consejerodelobo@hotmail.com @ 04:25

Como gran materialista, en Mariátegui es fácil apreciar un agudo sentido de la historia y de la evolución de los fenómenos sociales en el tiempo. Así, observa que a comienzos del siglo XIX, cuando se produce la liberación colonial, el movimiento sólo podía ser panamericano porque no podía haber nacionalismo donde no había aún nacionalidades. La revolución no era un movimiento de las poblaciones indígenas. Era un movimiento de las poblaciones criollas. Ese carácter continental se fue perdiendo tras la independencia. Se perdió la continentalidad pero no se ganó la nacionalidad.
Él alude a naciones incompletamente formadas, naciones apenas bosquejadas en su mayoría cuyo proceso tardío de formación también tiene raíces económicas, especialmente el colonialismo, ya que hay más vínculos comerciales con el exterior que internos. Eso expica también la balcanización de todo el continente: los americanos son países agrícolas. Comercian, por tanto, con países industriales. Entre los pueblos hispanoamericanos no hay cooperación; algunas veces, por el contrario, hay concurrencia. No se necesitan, no se complementan, no se buscan unos a otros. Funcionan económicamente como colonias de la industria y la finanza europea y norteamericana.
En enero de 1927 Mariátegui publicó dos artículos en la revista Mundial titulados El indigenismo en la literatura nacional. En el primero afirma que el indigenismo literario está en un periodo de germinación sin haber dado todavía sus flores y frutos, lo cual le hace comparable con el mujikismo (***) de la literatura rusa prerrevolucionaria, que cumplió una misión histórica. En el segundo, sostiene que el auténtico indigenismo involucra una obra económica y política de reivindicación y no de restauración ni de resurrección. Él no mira al pasado como los románticos que desean la vuelta a un mundo pintoresco precolombino; tiene sus ojos puestos sólo en el futuro.
En el Programa del Partido Socialista Peruano se refirió al socialismo incaico, que correspondió a condiciones históricas completamente superadas y del cual sólo quedan como factor aprovechable dentro de una técnica de producción perfectamente científica, los hábitos de cooperación y socialismo de los campesinos indígenas. El socialismo presupone la ciencia, la etapa capitalista, y no puede importar retrocesos en la adquisición de las conquistas de la civilización moderna.
Al mismo tiempo, en el número 5 de Amauta, Mariátegui inserta La nueva cruzada pro-indígena, seguido de los Estatutos del Grupo Resurgimiento. En ellos sostiene que el indigenismo anuncia una profunda transformación nacional y que quienes lo consideran una artificial corriente literaria que se agotará en una declamación pasajera, no perciben lo hondo de sus raíces ni lo universal de su savia. Por tanto, vuelve a apreciarse que Mariátegui está ubicando en el presente las semilas que prefiguran el porvenir.
De esta manera el marxista peruano demostró ser un pensador de una extraordinaria lucidez. En su Réplica a Luis Alberto Sánchez publicada en la revista Mundial el 11 de marzo de 1927 explica qué es el nacionalismo, distinguiendo el europeo del de los pueblos coloniales: el primero es imperialista, reaccionario y antinacionalista; el segundo, revolucionario y confluyente con el socialismo. Mariátegui recomienda dirigir la mirada hacia China, donde el Kuomintang, un movimiento nacionalista, recibe del socialismo chino su más vigoroso impulso. Y añade con una claridad pasmosa:
El obrero urbano es un proletario: el indio campesino es todavía un siervo. Las reivindicaciones del primero -por las cuales en Europa no se ha acabado de combatir- representan la lucha contra la burguesía; las del segundo representan aún la lucha contra la feudalidad. El primer problema que hay que resolver aquí es, por consiguiente, el de la liquidación de la feudalidad, cuyas expresiones solidarias son dos: latifundio y servidumbre.
No deja lugar a ninguna clase de dudas, ni cuando habla del pasado, ni cuando habla del presente, ni tampoco cuando habla del futuro.

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