Mariátegui: Lo nacional y lo continental
La búsqueda de una identidad nacional era compleja y aunque no siempre se enfilaba en una dirección única, en aquel fenómeno subyace la emergencia una burguesía mestiza de vocabulario indoamericano que, en sustitución de la vieja oligarquía, trata de hacerse con las riendas del Estado. La oligarquía costeña que había heredado el poder estaba ya gastada y, además, era muy minoritaria. Frente a ella se alza entonces una burguesía menor que trata de sucederla aupándose sobre unas pretensiones falsamente indigenistas porque en ellas el nativo peruano no es el protagonista sino simplemente el cebo.
Algunos escritores indigenistas peruanos dieron entonces un giro del indigenismo hacia el cholismo, pretendiendo sustituir al criollo sobre la base de unas masas indias (explotadas y oprimidas) pero bajo una dirección mestiza (burguesa). Incluso la poesía indigenista de aquel período se expresaba con una estética y técnica vanguardistas. Sus cultivadores eran intelectuales burgueses que se expresaban en términos ininteligibles para la mayoría de los indios que decían defender.
En aquella época en Perú también aparecieron corrientes no estrictamente nacionalistas sino americanistas (panamericanistas), de las que participan tanto el APRA como el poeta peruano Antenor Orrego. El APRA defendía la causa del indio dentro su ideario integracionista interamericano. Por su parte, Orrego publicó un artículo muy interesante en el número 9 de la revista Amauta en el que sostuvo que el carácter del arte nacional y, sobre todo, de la literatura, estaba asentado sobre el equívoco de un peruanismo que nunca había existido después de la Conquista. Para Orrego, el único peruanismo es el retrospectivo de las culturas incaica y pre-incaica, virtualidad arqueológica de pinacoteca y de museo, cuya defensa contribuyó en gran parte a soterrar por mucho tiempo el americanismo. El escritor se oponía a un regreso hacia edades definitivamente muertas, ya que el arte incaico y de las otras culturas americanas, para él sólo puede ser fermento, pero nunca un factor exclusivo y determinante de la nueva cultura, fuertemente influida por la civilización occidental: La vida ascendente y superior no es una repetición o regresión, es siempre una continuidad. Orrego no creía posible la creación de un arte exclusivamente nacional, porque las diferencias nacionales entre los diversos pueblos indoamericanos son tan pequeñas que no pueden generar arte y literatura independiente con acento propia. No defiende el americanismo fundado en un equívoco semejante al del peruanismo, en una ilusión óptica, en un espejismo; rechaza el americanismo de exportación, epidérmico y verbal, alusivo externamente a las peculiaridades geográficas, a la fauna y flora del Continente... mera gesticulación dentro de una expresión estética ajena. En cambio, sí cree en la naciente cultura indoamericana. Para Orrego, los pueblos americanos tienen una cultura continental y no nacional: Pretender un peruanismo, un argentinismo o un chilenismo en el arte es sencillamente necio. La raza primitiva y las invasoras han muerto o están agónicas y se está generando la progenie americana que no es ninguna de ella sino un tipo o producto nuevo. El poeta concluía sosteniendo que dentro del espíritu de América, lo nacional, restrictivo y negativo, de cada país no cabe; lo nacional es lo americano.
Como en otros países, también en Perú la burguesía, todo tipo de burguesía, llegaba tarde a la cita de la historia y no era ya capaz de dirigir a las masas explotadas peruanas, indígenas y campesinas en su mayor parte. El tiempo acabó demostrando sobradamente en dónde acaban siempre todas esas posiciones indigenistas que determinados sectores de la burguesía, como el APRA, promocionaron.
El mérito de Mariátegui estuvo en advertirlo a tiempo, contra viento y marea. Es a él y a los marxistas peruanos a quienes correspondió poner al indígena peruano, y con él a todo el vasto país andino, en el lugar histórico que le correspondía. Por eso es Mariátegui uno de los más grandes pensadores marxistas de todos los tiempos, el que primero demuestra la potencia del materialismo histórico para comprender tanto las sociedades capitalistas desarrolladas como aquellas otrás más atrasadas. Por eso Mariátegui y los marxistas peruanos fueron repudiados cuando plantearon el problema desde el punto de vista social, económico y revolucionario.
Todo esto no significa que Mariátegui no fuera, como Martí, defensor de la unidad panamamericana. En su pensamiento lo nacional no estaba reñido con lo continental. Sobre este asunto escribió otro de sus impecables artículos titulado La unidad de la América Indo-Española en el cual decía que los pueblos latinoamericanos no sólo son hermanos en la retórica, sino también en la historia. Proceden de una matriz única. La unidad continental había sido forjada por los colonialistas españoles:
La conquista española, destruyendo las culturas y las agrupaciones autóctonas, uniformó la fisonomía étnica, política y moral de la América Hispana. Los métodos de colonización de los españoles solidarizaron la suerte de sus colonias. Los conquistadores impusieron a las poblaciones indígenas su religión y su feudalidad. La sangre española se mezcló con la sangre india. Se crearon, así, núcleos de población criolla, gérmenes de futuras nacionalidades. Luego, idénticas ideas y emociones agitaron a las colonias contra España.
Vio en la unidad de América una necesidad histórica, una posibilidad real, y no una utopía; de ahí que afirmara que de una comarca de América española a otra comarca varían las cosas, varía el paisaje; pero no varía el hombre. ¿Qué es lo que une a los americanos?: Ahora como entonces la emoción revolucionaria da unidad a la América indo-española. Los intereses burgueses son concurrentes o rivales; los intereses de las masas no. Con la Revolución Mexicana, con su suerte, con su ideario, con sus hombres, se sienten solidarios todos los hombres nuevos de América. Los brindis pacatos de la diplomacia no unirán a estos pueblos. Los unirán en el porvenir, los votos históricos de las muchedumbres.

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