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El zorro de arriba
De política, cultura y cosas peores

02/08/2008 GMT 1

Confesión político social de Javier Valle Riestra

consejerodelobo@hotmail.com @ 15:08
“Soy y seguiré siendo aprista”


“En nuestro medio solo hay dos fuerzas populares, (...) esas son el aprismo y el fujimorismo”
Javier Valle Riestra
Repetiré lugares comunes respecto a mí mismo porque “Caretas” en su último número ha dicho, refiriéndose a mí, “El parlamentario, aún aprista”. Dan a entender que estoy a un paso de la ruptura. Y eso es falsísimo. No estoy inscrito, pero ese es un formalismo burocrático. Siempre he sido aprista. Nunca he tenido otro pensamiento.
 
Soy de una doctrina: el APRA. De un solo Jefe: Haya. De una sola bandera: la de Indoamérica. De un solo himno: la Marsellesa, de Sabroso. He tenido el honor, a los veinticuatro años, de ir al panóptico juntamente con Ramiro Prialé, Andrés Townsend, Jorge Idiáquez, Nicanor Mujica y otros en la última redada de líderes apristas históricos (julio, 1956), cuando mis críticos de hoy no habían nacido. Y a lo largo de estos años he sido electo por el pueblo aprista dos veces Concejal (1963-66, 1966-69), Constituyente (1978), Diputado (1980-85), dos veces Senador (1985-90, 1990-92) y finalmente hoy congresista.
II
Soy aprista desde el Colegio de la Recoleta en que, influido por Alfonso Benavides Correa, con Eduardo Cheesman Jiménez, hoy sacerdote del Opus Dei, forjamos una célula autogenerada del PAP. Era 1944. El Apra estaba en las catacumbas, pero llegaban a mí “La Tribuna” clandestina o “pan caliente”, volantes con la efigie de Víctor Raúl y furibundos slogans contra la bancocracia pradista, el militarismo y el imperialismo. Tenía yo doce años y vivía con mis abuelos maternos, los González Olaechea; mi abuelo, Decano de la Facultad de Medicina, era civilista. Y de filiación pierolista mi abuela (su tío carnal Manuel Pablo Olaechea fue fundador del partido Demócrata y su hermano Pedro Carlos, senador por Ica y Secretario de Don Nicolás). Pero era antiaprista pese a sus raíces liberales. Así que en mi casa tenía mi propia clandestinidad. Devoraba libros de González Prada y textos de Víctor Raúl, como “El Antiimperialismo y el Apra”, “Ex Combatientes y Desocupados”, “Por la Emancipación de América Latina”, etc. que tenía que salvarlos del index librorum expurgatorum doméstico. “González Prada es ateo y Haya comunista”, sentenciaba mi noble abuela.
III
Un día de mayo de 1945 desfilaban las multitudes apristas frente a mi casa de la calle Divorciadas rumbo a la Plaza San Martín, donde escucharían el magistral discurso del reencuentro, donde se dijo por Haya “que en todo verdadero Gólgota había un perdón para los que no saben lo que hacen”. Los hechos históricos demostrarían que esos fascistas sí sabían lo que hacían. Y tres años después volverían a perseguirnos. Desde el balcón de mi vieja casona saludé a esas masas con mi pañuelo blanco.
IV
Conocí a Haya en diciembre de 1957. Había vuelto él del exilio luego de su asilo-prisión diplomática en la embajada de Colombia. Haya tenía sesenta y dos años pero me pareció juvenil y joven. Al verlo en la jefatura mi mente recorrió discursos magistrales como el de diciembre de 1931: “Este no es un día triste para nosotros, vamos a comprobar en el crisol de una realidad dolorosa quizás la consistencia de nuestros principios y la sagrada perennidad de nuestra causa”. Sí; era el mismo Haya legendario y ubicuo de la clandestinidad (1932-1945). Me invitó a viajar, con Jorge Idiáquez a Trujillo. Mi relación con el Jefe era muy tímida. Lo escuché en aquella jornada liberteña amonestar a De la Puente Uceda y otros compañeros, apiñados en el zaguán de la casa del alcalde Zavaleta, por su radicalismo. “Estos son de los niñitos que se hacen pipí en la sala”, me dijo. Aunque De la Puente moriría heroicamente, llevando en su morral de guerrillero un ejemplar de “El Antiimperialismo y el Apra” y de la Biblia. Las dos cosas en las que Lucho creía, como yo.
V
Vino la revolución cubana y con mi generación me sentí sacudido por su mensaje que hablaba de pan y libertad, de revolución agraria, de antiimperialismo; es decir, todo en lo que creíamos los compañeros y que habíamos aprendido en Alfonso Ugarte y de los viejos textos patrísticos del Apra. Por sostener esas tesis fueron expulsados del PAP De la Puente, Fernández Gasco, los Velezmoro. Yo no. Pero decidí sumarme al Apra Rebelde. Y escribí artículos de ortodoxia aprista, reconociendo la precursora figura epónima del fundador del Apra. Llegué a proclamar en “Voz Aprista Rebelde” que el Perú reclamaba nuevamente la virilidad cívica de un Haya de la Torre. A los pocos meses comprobé que mientras yo seguía siendo aprista el movimiento estaba penetrado por el stalinismo. Todo se quería consultar con Jorge del Prado y se recurría paradójicamente a un lenguaje eufemístico y contemporizador que yo repudiaba. Pensé “no he peleado con la organización del APRA para volverme comunista”.
Entonces preparé un artículo para “La Tribuna” (1962) “El 10 de junio votaré por Haya de la Torre” en que abjuraba de mis errores. Y repetía como Riva Agüero “quiero condenar a perpetuo olvido, incluso a costa de mi sangre, mis antiguos despropósitos”. Hubiera querido yo escribir como Pablo de Olavide, otro retractado del siglo XVIII, “El Evangelio en Triunfo”. A pocas horas del artículo, Haya me telefoneó desde Huancayo y me dijo: “Bienvenido, las puertas del partido están abiertas, el campo de trabajo es inmenso”. Me amnistió, en gesto patriarcal de tolerancia. Desde entonces me tuvo inmensa simpatía. Y se rompió la timidez de mi relación inicial con él, lo visitaba en Villa Mercedes, nos vimos en Europa varias veces, me felicitó por polémicas en la TV, singularmente, por una en el canal Cinco, en que Mario Herrera y Grey me dijera “acaba de hacer usted un elogio típicamente aprista de Haya de la Torre”. Le repliqué: “es que usted me ha hecho una pregunta típica de “El Comercio”.
VI
Sí. Fui Primer Ministro muy brevemente. El Parlamento me invistió en 7 de julio de 1998; pedí licencia (porque las discrepancias se hacían insalvables y descubrí que era utópico tratar de democratizar el sistema) del 8 al 27 de julio, en que marché a España. Renuncié irrevocablemente el 5 de agosto de 1998. Dije: “Entre mis convicciones Hayistas y apristas y el puesto, escojo mis convicciones”. Yo no acepté el premierato para servir o servirme de Fujimori o el fujimorismo; incluso ante la prensa española (“El País”, Julio de 1998), declaré que repudiaba el 5 de abril. Intenté vanamente restaurar la democracia por la vía intestina, lo que no lograron mi defendido Jaime Salinas con el sable ni en las urnas Vargas Llosa o Pérez de Cuellar. Y los puntos más resaltantes de mi desempeño fueron: a) exaltar al hayismo y al lema “pan con libertad”; b) Pedir la derogatoria de las leyes totalitarias que estaban en entredicho con el Estado de Derecho; c) No reelección presidencial mediata ni inmediata; d) Desmilitarización de las universidades, lo que conseguí; e) Indultos y amnistías, abogué por Yehude Simon y Lori Berenson –de quien pedí su expulsión por non grata-; f) Insistí, sin éxito, en el nombramiento de una comisión ad-hoc de reforma constitucional para restaurar el orden jurídico democrático de la Carta de 1979; reforzamiento del hábeas corpus y de la justicia constitucional; g) Desburocratizar la PCM; h) Reconocimiento a los héroes del 13 de noviembre, por cuyos derechos abogué, así como elogié a los de Chavín de Huántar; es decir, que mantuve el equilibrio. Lo sostuve en el Parlamento, en medio de la perplejidad del oficialismo y del atonismo de una oposición cómplice disfrutadora de curules. Está escrito en mi mensaje, al que denominé “La Democratización”. Al no ser escuchado, dimití. Si hubiera tenido éxito, expresémonos ucrónicamente, habríamos conquistado elecciones libres y una transición a la democracia sin odio ni traumas, sin parlamentos-patíbulos, sin Poder Judicial tiránico, sin intolerancias, sin anarquía social, con respeto a las ideas adversarias.
VII
Pero el tiempo y las aguas han cicatrizado heridas y he recobrado la confianza del pueblo. Además, ese tiempo y esas aguas también han terminado dándome la razón. Visité a Fujimori en su prisión hace tres meses para pedirle informe sobre el error de su viaje a Chile, ya que estoy preparando la segunda edición de mi obra, “Tratado de la Extradición”, y para solicitarle el apoyo de sus escaños a mi pretensión de renunciar. Fui a título personal y no pacté nada. Pero, hace unos días, el compañero Luis Alva Castro, líder, ministro y congresista, lo visitó en busca de un acuerdo. Y ese agreement se produjo concretándose en la fórmula que tiene como Primer Vicepresidente del Parlamento al prominente jerarca fujimorista y médico personal de AFF. Eso es conversar y pactar. ¿Por qué se me insultó entonces? El APRA siempre ha tenido tolerante y pragmática amplitud democrática para aliarse en pro de la democracia con viejos enemigos vesánicos. En 1945, Víctor Raúl se abrazó con el mariscal Oscar R. Benavides –quien ilegalizó al PAP y lo forzó a las catacumbas-, para fortalecer el Frente Democrático Nacional. Con Manuel Prado, líder de la bancocracia y la oligarquía, en 1956, luego de su tiranía de 1939-1945. Con Odría, en 1962, pese a que proscribió al APRA en 1948, fue responsable de la muerte de Luis Mclean Bedoya en el Frontón y del asesinato de Luis Negreiros Vega (Marzo, 1950) y sobre todo por haber tenido enclaustrado al Jefe en la embajada de Colombia negándole el salvoconducto y sometido el caso al Tribunal de La Haya, pidiendo se le declarara delincuente común.
VIII
Los caviares racistas odian a Fujimori. Más que por tirano, por oriental. Y esa es la gran virtud de AFF. Fue una especie de Obama en el Perú. Nuestros gobernantes, dentro de la topografía étnica y clasista, estuvieron en su perigeo con Fujimori. Recordar que Bolívar era un aristócrata; que Torre Tagle, Riva Agüero y Orbegoso tenían títulos nobiliarios, marqués de Torre Tagle, marqués de Montealegre y Aulestia y Conde de Olmos respectivamente; Manuel Pardo descendía de D. Manuel Pardo y Rivadeneyra, presidente de la Real Audiencia del Cusco; Santa Cruz tenía sus entronques por la vía paterna y cacicazgo por la materna; García Calderón y Piérola, aristócratas. Esos son del siglo XIX. Pero, en el XX, se repite los nombres de grandes señorones: López de Romaña; Candamo; Pardo; Leguía; Prado; Belaúnde. Sánchez Cerro era popularmente llamado ‘cholo’, pero por Cerro estaba vinculado a grandes familias de Piura; y Odría tenía un ancestro común con los Gálvez Barrenechea y los Porras Barrenechea. Dentro de ese escenario de la clase dominante aparece AFF, hijo de un inmigrante japonés remallador de llantas cuyos apellidos no son los ostentados. Técnicamente hablando, el Perú estuvo gobernado durante su decenio por un plebe democrático. Así que dejemos puritanismos y calcémonos las gafas históricas. En nuestro medio solo hay dos fuerzas populares, no son las izquierdas y las derechas como antaño, el APRA o el anti-APRA; el PPC se ha derrumbado, AP se fue a la tumba con FBT, el marxismo-leninismo es de elite, el ollantismo tiene tendencias al aburguesamiento. Esas fuerzas populares multitudinarias y estables son el aprismo y el fujimorismo.
IX
Así que mi premierato no fue un crimen. Y menos mi visita a AFF, en quien se protagoniza una crudelísima violación del debido proceso. A los setenta años y con cáncer, hipertenso, afronta al tribunal, al fiscal, al procurador y a una prensa insultante. Solo he sido un adelantado. Soy y seguiré siendo aprista, lo reitero hasta el hartazgo. Y en un codicilo manuscrito he pedido que se me amortaje, a la hora en que sea polvo en viaje a las estrellas, con la bandera de Indoamérica. En setenta y cinco años se cometen muchos errores. Pero ya lo dije en 1962: “es muy difícil ser aprista pero más difícil es dejar de serlo”.
Comentarios

Un Comentario »

  1. Pues yo le diré para un ser adelantado como dice según usted... que de seguro esta frase la saco de niche verdad. Yo le diría segura mente para mucha gente le cuesta dejar de ser lo que es como aprista por ejemplo... por que teme no ser nada mas........ aun así eso sea nocivo para uno y los demás y por otro lado abra que rogarle adiós para que permita a usted ver con su propios ojos la catástrofe de este nuevo gobierno aprista y para que la historia lo juzgue también a usted como aprista y apoyador de terroristas que tanto daño hizo al pueblo peruano sin antes decirle que si el presidente fugimori nunca nos hubiese gobernado y no esperando seguro de usted que reste merito sobre esta personaje...... quien sabe usted estaría vivo. o acompañando a muchos compañeros de su partido y otros que cayeron en época de violencia... así que agradézcale la vida... y a propósito la marsellesa no es el himno nacional de Francia y encima lo menciona como orgullo pues que hace opinando sobre política de un país que ni es el suyo y mucho menos intervenir en cuestiones de política y estado un adorador de la marsellesa acá el himno es nacional y somos libres seamos lo siempre señor valle riestra

    yackelin valencia | 18-10-2008 - 21:05:58 GMT 1 #

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