Qué es el Anarcosindicalismo
Es la aplicación de las tesis anarquistas al movimiento obrero en la fase de transición del capitalismo al monopolismo que expresa el rechazo de la lucha política en favor de las reivindicaciones puramente económicas.
Cuando el capitalismo avanza poderosamente, cuando entra en su etapa madura, monopolista, generando un vasto movimiento obrero, el reformismo de Proudhon queda caduco y lo mismo sucede con las formas anarquistas de organización, reducidas, secretas y conspirativas de Bakunin. Entonces los anarquistas, para salir de aislamiento, ponen sus esperanzas en un movimiento sindical que a finales del siglo XIX se expande como un reguero. El anarquismo necesita remozar sus postulados pero, igual que la burguesía liberal, sigue contraponiendo el poder del Estado a la libertad: cuanto más poder menos libertad, y de ahí su rechazo a toda forma de intervención y de organización políticas del proletariado. La política es una cosa de la burguesía; la economía le corresponde al proletariado. Olvidan, decía Marx, que todo movimiento de clase, como tal es y ha sido siempre necesariamente un movimiento político.
La negación de la lucha política trae como consecuencia un pretendido antiautoritarismo, es decir, un rechazo de todas las formas de poder así como del Estado en favor de las asambleas y la autogestión u organización desde abajo. Sin embargo, las organizaciones anarquistas son tan disciplinarias como todas las demás porque en ninguna se puede prescindir de la autoridad. Así por ejemplo, en el sindicato español CNT las expulsiones se camuflan llamándolas desfederaciones y, según Proudhon, las sociedades anarquistas debían fundamentarse en un juramento de todos sus miembros, de modo que quien lo vulnerase debía ser castigado, incluso con pena de muerte. El rechazo de la política por parte de los anarcosindicalistas es sólo aparente, ya que, aunque generalmente rechacen las elecciones y las instituciones oficiales, también han intervenido siempre en las confrontaciones políticas. Así, son conocidos los devaneos políticos de Proudhon con el emperador Napoleón III o el apoyo de Kropotkin a los imperialistas británicos en la I Guerra Mundial.
La oposición anarcosindicalista al poder y a la política significa igualmente desconocer por completo los partidos políticos y la necesidad de dirigir la lucha obrera hacia la revolución. Según ellos, las formas de organización de los trabajadores deben emular a la sociedad futura: no son instrumentos de lucha contra una situación actual, sino las primeras piedras de las asociaciones humanas del porvenir. Los sindicatos deben sustituir al Estado burgués. Todo este cúmulo de ideas son restos del viejo utopismo que padeció el movimiento obrero en sus orígenes y que hoy le conducen a la pasividad.
Por eso, como la historia ha demostrado en numerosas ocasiones, a pesar de la verborrea radical e izquierdista, el anarcosindicalismo es una forma de reformismo que, salvo en España en el primer tercio del siglo XX, nunca ha participado en ninguna lucha revolucionaria. Lenin decía que era una especie de revisionismo desde la izquierda. La revolución es un acto político, por lo que renunciar a la acción política significa renunciar a la propia revolución. La lucha política es el frente principal de acción de los trabajadores, por encima de la lucha sindical o la ideológica; renunciar a ella significa permanecer eternamente a merced de la burguesía. Con el anarconsindicalismo la clase obrera no interviene en los problemas de la burguesía, a la que deja la manos libres, mientras que la burguesía se hace con el control del movimiento obrero.
Teóricos del anarcosindicalismo fueron Georges Sorel (1874-1922), Hubert Lagardelle (1875-1914) y Antonio Labriola. Los principios básicos del anarcosindicalismo fueron expuestos en la carta de Amiens, declaración programática de la CGT francesa adoptada 1906 y luego en la CNT española, fundada en 1910. Dentro del partido bolchevique se dieron varias corrientes anarcosindicalistas, la primera en 1907 cuando Anatoli Lunacharski prologó elogiosamente un libro de Labriola en 1907; luego en 1915, personalizada en Nicolás Bujarin, y finalmente se reprodujo en 1920, en los inicios de la Nueva Política Económica, cuando se abrió un debate sobre la configuración y el papel de los sindicatos soviéticos, expresada en el libro de Alejandra Kolontai titulado La oposición obrera.

Meneame
del.icio.us