Puno Estado Federal I parte
Contra el centralismo
Durante la República, desde antiguo y declarativamente por lo menos, se ha tratado de dotar a las regiones de atribuciones que, supuesta y finalmente, condujeran a la descentralización del país. La decisión, al final, quedaba en manos del poder en Lima. Y ya conocemos los resultados.
Es decir, y para esta fecha, todo el país se encuentra “acostumbrado” a la concentración absoluta del poder en Lima. Por ello se explican algunas reacciones tan viscerales de algunos “críticos” a la propuesta federativa.
Desgraciadamente las supuestas competencias de los gobiernos regionales como son “desarrollar y regular actividades y/o servicios en materia de agricultura, pesquería, acuicultura, industria, agroindustria, comercio, turismo, energía, minería, vialidad, comunicaciones, educación, salud medio ambiente, conforme a Ley” quedan absolutamente en el papel. Es decir, sigue prevaleciendo en todas las instancias de la centralista estructura del Estado peruano actual, un deplorable espíritu mediatizador y castrante, esencialmente antidescentralista: las autoridades regionales sólo se dedican a administrar las miserias que Lima les arroja y a la postre, actuar “conforme a las leyes” que finalmente disponga el poder intrínsecamente centralista en Lima. Paradójicamente nadie puede desconocer que en el actual Congreso de la República hay una nítida mayoría de representantes de provincias. ¿Cómo explicar entonces su conducta y vocación centralista? Porque resultan siendo miembros de partidos políticos esencialmente centralistas o en todo caso prevalecen sus intereses personales e inevitablemente voces provincianas terminan asfixiadas o contaminadas por la corrupción centralista.
En nada avanzaremos en las próximas décadas, ni en siglos, si los pueblos del Perú no son capaces de dar el golpe de timón que la historia reclama. En esa dirección hacemos la propuesta de Federalizar el Perú.
Criterios de demarcación
Un país, como una región, o una región federal, es al propio tiempo el pueblo que lo compone y el territorio sobre el que aquél se asienta. Concurren el sujeto protagónico y el objeto de que aquél se vale para la consecución de sus objetivos.
Pues bien, por múltiples razones sobre las que la Historia, en particular, no puede evadir su responsabilidad, cada vez que se estudia o focaliza la atención sobre un país, o sobre una región, tradicionalmente se tiende a privilegiar la importancia del segundo elemento: el territorio, el objeto; y todos los otros elementos que le son consustanciales (situación económica, integración física, riquezas disponibles, etc.).
Basta escuchar a nuestros gobernantes o a los técnicos del Fondo Monetario Internacional, por ejemplo. En sus discursos o en sus recetas, hacen tabla rasa de las diferencias que existen entre nuestros pueblos o que se dan al interior de los mismos No, no se trata de desarrollar un territorio por el territorio mismo, sino en la medida en que es el recurso para el desarrollo del pueblo que se asienta sobre él.
Ni de desarrollar tampoco entonces la economía de un territorio por la economía misma, sino en tanto y en cuanto es la expresión de la situación de bienestar o frustración del pueblo que la sostiene. Consistentemente, pues, no se trata de emprender la descentralización en función del territorio o de la economía que se da en él, sino en función del pueblo, de sus intereses y sus expectativas.
De allí entonces que, para definir la demarcación territorial, o, si se quiere, el escenario en el que deberá darse el proceso de federalización, debe privilegiarse los aspectos humanos y sociales de la cuestión, antes que los aspectos no humanos o materiales del asunto. En virtud de ello, y en principio y sobre la base del conocimiento aportado por las ciencias sociales, y en particular la Sicología, la Antropología, la Sociología y la Politología, postulamos que uno debe ser el criterio rector: cada Región o, como postulamos, cada Región Federal debe reunir una población homogénea, o lo más homogénea que sea posible.
Porque a mayor homogeneidad, mayor identidad de intereses y, en consecuencia, mayor identidad de objetivos; en definitiva, y a la postre, mayores posibilidades de consenso.
En otros términos, a mayor homogeneidad menor potencialidad de conflictos. Cómo desdeñar este principio, habida cuenta de la enorme importancia y trascendencia que la ausencia de conflictos y el consenso que de ella intrínsecamente se deriva, tienen en el manejo de los asuntos públicos. Más aún cuando, como en el caso de nuestro país, la experiencia de manejo descentralizado hasta diríamos que debe partir de cero.
No se crea sin embargo que estos son planteamientos puramente académicos. No, aspirar a reunir en cada Región a una población homogénea no es sino recoger la que aunque por lo general poco reivindicada, es sin embargo, y sin duda, la más importante constatación que puede hacerse sobre los pueblos desarrollados del planeta: son básicamente poblaciones homogéneas.
He ahí, por ejemplo, Suiza, Alemania, Suecia, Inglaterra, la mayoría de ascendencia anglosajona de Estados Unidos, Japón, etc. Y precisamente por homogéneas es que se han descentralizado. Es decir, siendo homogéneas es que, desde muy antiguo, en salvaguarda de sus legítimos y similares intereses individuales y familiares, todos entendieron que tenían igual derecho a disponer de las riquezas del territorio; y, en salvaguarda de sus legítimos y comunes intereses colectivos, todos reconocieron la importancia de ocuparlo y desarrollarlo en toda su extensión, sin dejar espacios vacíos que siempre son vulnerables a ser ocupados por terceros.
Pues bien, cuando se habla de homogeneidad poblacional, normalmente se tiende a hacer prevalecer, cuando no a considerar exclusivamente, la homogeneidad socioeconómica. No, no hablamos de ella. O, en todo caso, no hablamos preponderantemente de ella. Bastante más significativa es la homogeneidad sociocultural, en su sentido antropológico y sociológico, y en cuya definición adquieren preeminencia las variables históricas, étnicas, lingüísticas y políticas.
Éstas, pues, serán las variables instrumentales o criterios con los que se deberá tratar de precisar y reunir poblaciones homogéneas en los Estados Regionales:
De orden histórico
De orden étnico y etnolingüístico
De orden político
Sin embargo, y bajo la insoslayable condición de que no colisionen con ellos, habrá que recurrirse a criterios complementarios, que en general son precisamente aquellos que tienen a estar relacionados con el territorio
De orden geográfico
De orden económico
De integración física
Creemos que estos son los criterios básicos a emplear para definir la demarcación de los Estados Regionales. Como se verá, el uso consecuente de ellos da curso a una demarcación sensiblemente distinta a la departamentalista. Puede haber serias resistencias para adoptarlos.
Más todavía entre quienes, con precipitación y vehemencia, están defendiendo el centralismo -porque muchos de ellos se benefician con ello-, y como sea. Nuestra propuesta no sólo puede suscitar entonces resistencias porque supone estudio y reflexión. Sino, además, porque una demarcación diferente a la departamentalista representa afectar los siempre presentes aunque bien mimetizados intereses caciquistas.
En coherencia con un postulado que hemos planteado bajo el principio de Rebelión contra el centralismo somos conscientes de cuántas resistencias habrán de desatarse para mediatizar la descentralización. Los siguientes son los criterios que puede usarse para que vaya progresivamente redefiniéndose la demarcación de los Estados Regionales. Es decir, y en la práctica, para lograr integraciones interdepartamentales adecuadas; o, si se prefiere, lo menos conflictivas.
Criterios para la Federalización
De orden histórico:
Deben pertenecer a una misma Región aquellos pueblos que tienen una larga, centenaria y hasta milenaria, idéntica raíz histórica. Así, a nuestro juicio todos los legítimos descendientes del pueblo kolla deben formar parte de una misma Región. Y otro tanto, por lo menos también, deberán hacer los igualmente legítimos descendientes de las ancestrales naciones chimú, chavín, ica, chanka, inka, tallán y chachapoyas. En sentido inverso, resulta absurdo, porque es potencialmente conflictivo y porque resta fuerzas en vez de incrementarlas, reunir en una misma Región a pueblos con relaciones conflictivas y/o de muy pobre vinculación histórica. En la experiencia de la regionalización que se diseñó y puso en práctica en el período 1987-92, quizá el mejor ejemplo de un error de esta naturaleza fue el que se dio al conformar la Región Inca, en la que se forzó la reunión del pueblo inka, del Cusco, con sus ancestrales e incluso sojuzgados rivales, los pueblos antis del vecino Madre de Dios.
De orden étnico y etnolingüístico:
De igual forma, deben pertenecer a una misma Región pueblos que tienen los mismos orígenes étnicos y la misma lengua. Así, no corresponde, y menos todavía mientras subsistan las diferencias, integrar en una misma jurisdicción a pueblos con raíces étnicas distintas. Ese error también se cometió en el citado caso de Cusco y Madre de Dios. Y se dio en el caso de la forzada y abortada integración entre los pueblos chimú, de La Libertad, y chachapoyas, de San Martín. O, peor todavía, en el caso de la Región Nor Oriental del Marañón, de la aún más forzada integración de los pueblos chimú, de Lambayeque, con los cajamarcas, de Cajamarca, y los chachapoyas, de Amazonas. Menos aún corresponde integrar pueblos que tienen idiomas distintos. Tal fue, una vez más, el caso de la reunión de inkas, quechua parlantes, con los multilingües aunque no quechua hablantes pueblos de Madre de Dios. Pero también fue el caso, en la Región Los Libertadores Wari, con la integración del pueblo ica, castellano parlante, con el pueblo chanka, quechua hablante.
De orden político:
No sólo en el sentido tradicional y restringido del término, referido a filiaciones partidarias; sino sobre todo en su sentido más amplio y rico, y que se refiere a las fuerzas que es capaz de reunir un pueblo en pro de sus objetivos. Deberá procurarse, en la medida de lo posible, que los pueblos numéricamente pequeños se integren con aquellos vecinos con los que se da más homogeneidad. En el sentido tradicional del término “política”, las encuestas, y mejor aún los resultados electorales, son generalmente una buena pauta. Así, por razones históricas que aquí poco representaría ahondar, hay claras manifestaciones de tendencias ideológico políticas más o menos prevalecientes en cada departamento. En conciencia de ello, resulta absurdo reunir en una misma jurisdicción a poblaciones con posiciones políticas que, siendo legítimas, son distintas, e incluso contradictorias. En ese caso, y antes de comenzar, se está restando antes que sumando. Y es esto último lo que, insistimos, corresponde buscar. Ya es bastante suficiente con que el Congreso en Lima refleje pugnas políticas que hacen interminables y tediosos los debates, y difíciles y precarios los consensos.
De orden geográfico:
Los límites geográficos de las circunscripciones estatales deben ser también los más adecuados. Con ello queremos indicar que estén “naturalmente perfilados” o, si se prefiere, preponderantemente perfilados por grandes accidentes naturales del territorio. Bastará con ello para que, a este respecto, sean lo menos potencialmente conflictivos. Estas complejas situaciones deberán ser abordadas y resueltas lo antes que sea posible. En todos los casos, sin excepción, los límites orientales de los Estados Regionales costeños deberán estar definidos por la línea de más altas cumbres de la Cordillera Occidental. Y en el caso de los Estados Regionales amazónicos, sus límites occidentales deberán quedar definidos por la línea de más altas cumbres de la Cordillera Oriental. Y, aunque más difícil de precisar, en la medida de lo posible deberá respetarse el mismo criterio para el caso de los Estados Regionales típicamente cordilleranos. Pero además, y también sin excepción, cada valle deberá quedar bajo jurisdicción de una provincia y sólo una región.
De orden económico:
En definitiva, se trata simple y llanamente de lograr que cada Región tenga suficientes disponibilidades de recursos de distinto género, y de estructura productiva, como para garantizar un mínimo desarrollo autónomamente sustentable. Es decir, que los Estados Regionales deben disponer de una capacidad económica suficiente como para que produzca los excedentes indispensables para reinversión en nuevas actividades productivas, y para atender las enormes demandas de sus poblaciones.
De integración física:
Aunque estrechamente relacionada con la anterior, puede y debe no obstante distinguírsele. Y es que la pobreza inaudita de la infraestructura terrestre peruana es tal que, por lo menos en el corto y mediano plazos, es decir, mientras no se amplíe significativamente las redes viales. Las pocas vías existentes se constituyen en recursos de apalancamiento de repercusiones invalorables. Las vías existentes deben tenerse en cuenta para coadyuvar a definir qué regiones deben integrarse.
BIBLIOGRAFIA BASICA:Luis Guillermo Lumbreras: De los Pueblos, las Culturas y las Artes del Antiguo Perú, Lima, Moncloa. 1972Alfonso Klauer: La República Federal de los Andes, 1ª edición / Marzo, 2002 / Lima • Perú
Puno, Estado Federal: imposible de conservadores
Por Juan Rojas Vargas
Sólo se anteponen los hombres y mujeres de avanzada y revolucionarios y frente a ellos se oponen los conservadores, neoliberalizados y neoliberales que pretenden mantener el status quo del sistema político, social y económico imperante del Perú.
El maestro José Carlos Mariátegui La Chira, sustentaba en el sentido que los departamentos eran funcional al centralismo (1) cobijado en la ciudad de Lima, porque no le hacían problema político, social, económico y cultural al centralismo. Los cuadros políticos pre-Mariátegui, no fueron capaces de generar movimientos políticos de creación de economías que capten elementos modernizantes, tecnológicos y científicos en los andes del Perú que le cause problemas a la costa, particularmente a Lima.
Desde esa ubicación, el Amauta; ha propuesto el nuevo regionalismo en el contexto de la revolución ni calco ni copia, sino creación heroica. Y ese regionalismo tenía que ser político y económico y no sólo semi-político y míseramente económico y completamente administrativo como es la actual descentralización neoliberal y centralista para la Región Puno.
En el incanato, el Qollasuyu; donde se ubicaba Puno, fue un Estado, un Estado líder (qollanan), por que sus hombres y mujeres sustentaban la economía a través de los trabajos de la agricultura, posteriormente, en la época republicana donde reinó los hacendados y gamonales, se añade la ganadería. En los años de 1980, en el departamento de Puno, los que se antepusieron fuimos los de la izquierda (comunistas y socialistas) por la regionalización del Perú, en ese contexto trabajamos y luchamos porque Tacna, Moquegua y Puno sean una región, existió quienes sostuvieron que el departamento de Puno, sólo podrá ser región (2).
Hoy cuando el Gobierno de la Región Puno y siete consejeros regionales, declaran a la Región Puno (departamento de Puno) en Región Federal Quechua-Aymara, hay quienes se oponen desde una ubicación conservadora, neoliberalizado y neoliberal del actual sistema político del Estado peruano, en ella están desde la ciudad de Puno: Victor Madariaga Ancieta, Yonhy Lescano Ancieta y Yehude Simón Munaro, este último de Lambayeque.
Estos conservadores y neoliberalizados creen que la creación de la Región Puno como Estado Federal debe ser amparado en la Constitución y leyes del régimen neoliberal del Perú, olvidando que en los años de 1985-86 para regionalizar Puno y el Perú se han dado declaratorias y manifiestos legítimos y políticos desde las organizaciones populares y del Gobierno Local Puno.
Lescano Ancieta, Madariaga Ancieta y Simón Munaro, no sólo abrazan el conservadurismo y son neoliberalizados, sino también abrigan el catastrofismo y pesimismo cuando se propone lo nuevo en esta era contemporánea, que triste que estas personas sean los magníficos comparsas del centralismo político y económico de la ciudad de Lima y del gobierno del APRA, Alan García Pérez, UN y del fujimorismo.
Expresar que la Región Puno cuando sea Estado Federal, no sobreviviría es pesimismo, catastrofismo y elogiesta del centralismo de la alta casta de Lima y de la descentralización neoliberal y centralista que se puso en marcha por el gobierno neoliberal de Alejandro Toledo Manrique hasta el gobierno neoliberal del APRA y Alan García Pérez, Unidad Nacional (UN) de Lourdes Flores Nano, Ántero Flores Araos,Rafael Rey Rey y del fujimorismo.
Esta descentralización neoliberal y centralista en el departamento de Puno, llegó a su limite y no da más (tiene de denominación como Región Puno, pero en la realidad es el departamento de Puno). La declaratoria del 11 de septiembre por el Gobierno Regional Puno y 07 consejeros regionales a la Región Puno como REGIÓN FEDERAL QUECHUA-AYMARA, todavía no es Estado Federal, sino es un gesto y hecho hacía el logramiento de Puno Estado Federal, por lo que está dentro de los marcos de la Constitución fujimorista de 1993; porque por delante prima el término región, que indica que por muchos tiempos seguirá denominándose como Región Puno, lo importante es que desde el Gobierno Regional Puno se marcó el camino por Puno Estado Federal. Alguien tenía que hacerlo, esta vez fue el Presidente de la Región Puno, 07 consejeros regionales y algunos funcionarios del Gobierno Regional Puno. ¿Por qué la Región Puno debe ser Estado Federal?
Los problemas socio-económicos de los quechuas, aymaras y mestizos de abajo, no se han resuelto de manera concluyente. El Amauta Mariátegui, constató que antes de él y en sus tiempos el federalismo o regionalismo tenía sentido si se proponía a solucionar los problemas del indio y los problemas de la tierra.
Hoy los indios que heredan a los indios de la era de Mariátegui, se denominan campesinos comuneros o campesinos (quechuas y aymaras) y los quechuas, aymaras y mestizos de las ciudades, requieren del progreso y desarrollo a la dimensión del mundo moderno que podrá lograrse a través de obras (¿a caso no es cierto que cada alcalde de cada provincia reclama unas obras de grandes dimensiones?) que podrán crear centros de producción de riqueza para dar trabajo a sus habitantes por que los tengan realizados sus aspiraciones básicas y dignas como la alimentación, educación y salud y que estos estén entrelazados de realizaciones óptimas como la vestimenta y vivienda.
Con los 60 millones de nuevos soles de presupuesto para obras con que cuenta el Gobierno Regional Puno, no es posible realizar obras de grandes dimensiones en cada provincia y distritos. Con los 60 millones, sólo se podrá asfaltar un aproximado de 50 kilómetros de carretera. Y el Estado Federal, tiene que resolver esos problemas de progreso y desarrollo del Puno profundo.
Aparte que la descentralización neoliberal en la Región Puno que tocó el techo, la política de exclusión a la Región Puno del gobierno del APRA, Alan García Pérez, UN y del fujimorismo, no permite al Gobierno Regional a resolver los asuntos socio-económicos de los quechuas, aymaras y mestizos.
¿Es cierto que Puno Estado Federal, no sobreviviría? La Región Puno de principios del siglo XXI aporta al PBI nacional con 3 mil 500 millones de nuevos soles, de los cuáles el Gobierno de la Región Puno; recibe del gobierno nacional centralista: 650 millones, de este monto, 590 millones es para remuneraciones de trabajadores, quedando 60 millones para obras. Los gobiernos locales provinciales y distritales de la Región Puno, receptan del gobierno nacional centralista: 400 millones de nuevos soles. En total, la Región Puno, recibe del gobierno centralista nacional; 01 mil millones 50 mil, quedándose con el gobierno nacional centralista la suma de 2 mil 450 millones de nuevos soles.
Honradamente con este monto de recursos económicos que tenemos podemos ser Estado Federal. A estos montos, añádenoslo las aportaciones que podrán generar nuestros recursos naturales, el nuevo tratamiento del comercio y el nuevo tratamiento del agro y la innovación del turismo.
(1) José Carlos Mariátegui La Chira, pág. 203 de 7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana. (2) Ingeniero, Oscar Chaquilla; sustentaba Región Lupaca, entendido como región sólo al departamento de Puno de los años de 1980 hacía 1990.

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