Biografia completa de Sergio Esenin
Sergio Esenin
(1895-1925)
Sumario:
— El juglar de la aldea
— Obrero tipógrafo en Moscú
— Primeras publicaciones
— El espíritu de la naturaleza
— Influencia de Pushkin
— Los motivos religiosos
— El embrujo de Octubre
— El imaginismo
— Apología del gamberrismo
— Con Isadora Duncan
— Regreso a la URSS
— Entre la revolución y la bohemia
— Los últimos momentos
El juglar de la aldea
El poeta ruso Sergio Esenin nació el 21 de septiembre de 1895 (3 de octubre del antiguo calendario), en el seno de una familia campesina de la aldea de Konstantinov, distrito de Kuzminski (actualmente distrito Ribnoski, provincia de Riazan), una de las provincias más aisladas de Rusia.
En 1909, una vez finalizada la escuela primaria, sus padres decidieron matricularlo en la escuela religiosa de Spas-Kliepik, situada a unos 30 kilómetros de Konstantinov. Una vez graduado, Esenin se examinó para ingresar en una escuela religiosa de magisterio junto con algunos de sus antiguos compañeros; otros, unos pocos, continuaron con la escuela secundaria; algunos más, siguieron en distintos seminarios. La mayor parte de ellos, sin embargo, se trasladó a la ciudad, convirtiéndose en obreros.
Durante los tres años que duró su asistencia a la escuela de magisterio, cada día, mañana y tarde, esencialmente los días de fiesta y con la asistencia del maestro de turno, los alumnos debían asistir a los oficios religiosos en la iglesia próxima a la escuela. Ningún maestro se preocupaba de su formación, de manera que ésta corría por su cuenta. No sólo no había biblioteca, sino tampoco libros de lectura, excepto los manuales imprescindibles. Solicitaban los libros de lectura en la biblioteca de la escuela primaria, que se encontraba a dos kilómetros de donde estudiaban.
Por la noche, cuando estaba fatigado de estudiar, leía poesías de Pushkin, Lermontov y otros poetas, y después les leía a sus compañeros algunos de sus primeras composiciones poéticas. Fue un poeta dotado y muy precoz. Escuchaba a los poetas populares errantes y repetía sus canciones, a la vez que componía las propias. Se unía a los peregrinos para visitar las catedrales, admirar los iconos, haciendo ya entonces una vida de vagabundo. Cantaba sus poemas a los peregrinos que esperaban el tren agrupados en una pequeña estación. En una ocasión conmovió en tal forma a una de esas almas vagabundas, que lo hizo llorar; un viejo se salió del grupo, y aproximándose al poeta, tembloroso de alegría, desanudó el pañuelo que le servía de monedero y sacó de él cincuenta kopeks, toda su fortuna para el camino, que obligó a Esenin a aceptar.
Era entonces un muchacho apuesto de cabello rubio, crespo, rizado y expresivos ojos azules, tremendamente temperamental y vivo.
Amplios sectores campesinos de aquella depauperada Riazán habían comenzado a ser ganados por las ideas revolucionarias, llegando el eco, incluso, hasta algunos grupos estudiantiles. Aquellos fueron los años en que, como escribiera Lenin el gobierno ha comprendido que la paz entre él, una población campesina y una masa a la que arruina y lleva hasta la más completa miseria, no puede existir. En la aldea de Kuzminski, vecina de Konstantinov, vivían dos hermanos Iván y Esteban Klemenov, quienes pasarían a la historia como saboteadores del zarismo y los terratenientes. Iván Klemenov recuerda precisamente a Esenin en su autobiografía, rencordándolo como uno de sus maestros.
Obrero tipógráfo en Moscú
En el otoño de 1912, Esenin se traslada a Moscú y vive allí con su padre en una residencia destinada a los dependientes del almacén Krilov. Alexander Esenin consiguió colocar a su hijo en las oficinas del almacén. Pero bien pronto el poeta empezó a abandonar el trabajo apenas el jefe desaparecía de su vista, conducta que lo llevó a reñir con su padre y a alejarse de él poco tiempo después. Una vez sin trabajo, Esenin decidió regresar a su aldea meses más tarde.
De nuevo en Moscú en marzo de 1913, trabajó en la tipografía de I.D.Sitin, como ayudante del corrector de pruebas. Con razón Lunatcharski escribiría más tarde que Esenin llegó de la aldea no como aldeano, sino en cierta forma, como un exponente de la inteligencia campesina. En modo alguno tenía la apariencia de un campesino, ataviado con su vestido color castaño, cuello almidonado y corbata amarilla. Su cabello rizado le daba un cierto aspecto de fascinante coquetería. Por otro lado, su ánimo era el de alguien hondamente abatido. Su padre le reñía constantemente, reprochándole que no se ocupara de cosas más prácticas que escribir versos. Todo su tiempo lo ocupaba en leer, empleando su sueldo en comprar libros, revistas, alocadamente.
Continuó en la tipografía de Sitin hasta mediados de mayo de 1914 y en septiembre de ese mismo año ingresó en la tipografía Chernichev, donde trabajaba de ocho de la mañana a siete de la tarde, y por tanto le era casi imposible dedicarse a leer y escribir. En diciembre decide abandonar el trabajo y dedicarse por entero a la poesía, escribiendo infatigablemente. En enero comenzaron a publicarse sus poemas en varias revistas.
La agitación revolucionaria que cundía por el país habría de influir, naturalmente, sobre la juventud, despertando en ella sentimientos dormidos. Sobre la influencia que tales inquietudes dejaron sobre Esenin, ha quedado testimonio en las cartas dirigidas por éste, desde Moscú, a su compañero de estudios en Spas-Kliepik, Grigory Panfilov, con quien el poeta compartiera sus ideas progresistas. Esenin no sólo participó en el ambiente político reinante (incluso durante su permanencia en la tipografía de Sitin) sino que llegó a padecer los registros de la policía. Me siento atontado. Una tristeza brutal se agazapa en mí. Ya el verano se extingue con sus rayos dorados y yo no puedo verlo, escondido como estoy detrás de las paredes de la tipografía. Donde quiera que mires, la mirada tropieza con fríos muros y sólo vemos edificios grises sobre una calzada salpicada aún con la sangre de los sacrificados de 1905, escribe el poeta a su amigo Panfilov.
Es suficientemente conocida la importancia literario-musical que sobre la formación de Esenin tuvo el círculo literario del poeta campesino Surikov. Este círculo tenía entre sus miembros a escritores noveles y poetas venidos del campo. En los comienzos de la primera guerra mundial, sus miembros imprimirían el diario El amigo del pueblo. Para esta publicación Esenin escribió su poema Papamoscas, secuestrado antes que viera la luz, sin que haya sido conservado. Desde el punto de vista político, el círculo de Surikov mostraba un aspecto bien abigarrado. Allí participaban eseristas, mencheviques e incluso algunos bolcheviques.
La agitación revolucionaria que conmovía al país, se reflejó en Esenin, que ya había compartido las inquietudes políticas de los obreros de la tipografía Sitin. Esenin llegó a distribuir propaganda entre ellos y a participar en mítines, lo que motivó que fuera puesto bajo vigilancia policial.
En suma, la permanencia de Esenin en Moscú tuvo gran importancia. Una vez superada -pero de ninguna forma olvidada- la atmósfera campesina y estudiantil de su juventud, el poeta experimentará un nuevo universo, esta vez de tipo proletario y urbano, además en una etapa de plena efervescencia política revolucionaria que se manifestaba en incontables paros y huelgas.
Esenin asiste por aquellos días a la Universidad popular de Shaniavski, primera institución a la cual se podía asistir libre y gratuitamente, y en donde destacaban las conferencias de los catedráticos de ideas progresistas. Allí estudiaron muchos coetáneos de Esenin, por ese entonces apenas iniciados en las tareas literarias, tales como I. Filipchenko, V. Nasiedkin, N. Kolokolov, S. Malashkin, D. Simionovski, B. Sorokin y otros.
De esta manera Esenin se vinculó al movimiento progresista obrero y cultural en plena ebullición. Pero no será ni de la ciudad en plena agitación y mucho menos del movimiento revolucionario de donde el poeta extraiga los motivos fundamentales de su verso. Más allá de las imágenes que le propone el medio circundante, su poesía estará motivada por el universo patriarcal de su infancia.
Traslado a Petrogrado
Las publicaciones en donde Esenin logra insertar sus primeros trabajos en 1914, no gozaban de mucho eco. Adaptándose muchas veces al nivel de dichas revistas, Esenin estaba lejos de publicar en ellas sus mejores poemas, como pueden atestiguarlo El sueño de la campana y Oración por la madre, de clara inspiración religiosa.
El medio literario frecuentado por Esenin se componía, en su mayoría, de obreros y campesinos autodidactas procedentes del círculo de Surikov, sin ningún talento poético especial, lo que terminó disgustándole profundamente, consciente como era de su propio talento y de la posibilidad que tenía de conquistar un primer puesto en la vida literaria. Pero las revistas más prestigiosas de Moscú lo ignoraban por completo. Esenin decide entonces probar suerte e Petrogrado, la capital. Su proyecto, de sufrir un nuevo fracaso, era partir hacia Revel, donde vivía un tío suyo y emplearse allí como obrero. Pero sucedió lo contrario: en unas cuantas semanas Esenin se convirtió en la estrella de los más influyentes y refinados círculos literarios de Petrogrado. Y si aún la víspera el poeta no encontraba dónde instalarse, atormentado por la posibilidad de pedir ayuda a su padre, se encuentra de pronto convertido en el poeta de moda y mimado de revistas y salones. La vida entera de Esenin cambia a partir de este momento.
En carta dirigida a Romain Rolland Gorki trazó un retrato excepcionalmente vívido del Esenin de aquellos años: Yo vi a Esenin inmediatamente después de su llegada a la ciudad; de baja estatura, bien formado, pelo claro, rizado, vestido igual que el Vania de 'La vida por el zar', de ojos azules y limpísimos como Lonhgrin, así era él. Y la ciudad lo recibió maravillada, igual que el glotón las fresas de enero. Se comenzó a elogiar su poesía, excesiva e insinceramente como suelen hacerlo los envidiosos e hipócritas. Tenía 18 años entonces y al llegar a los 20 comenzó a adornar sus rubios cabellos con un bombín de moda que le daba el aire de un dependiente de pastelería.
El poeta se convirtió, pues, en el invitado especial de diferentes salones, ya a la torre de V. Ivanov, ya al salón de Hippius, y Merezhovski o al de los condes Kleimnigel o, en fin, a muchos otros salones conocidos por su mundanidad. Pero Esenin, con la sagacidad propia del campesino, captó de inmediato los motivos de aquellas invitaciones y cuál era el precio que se le exigía a cambio para entrar a formar parte de los medios culturales de Petrogrado. Había, por tanto, que aceptar las reglas de juego y no vaciló en hacerlo. Fingió convertirse en el muchacho adocenado que querían ver en él los gastrónomos y secuaces del populismo oficial.
La vida literaria con que se encontró Esenin en Petrogrado era difícil, muy variada, y no fue simple para él orientarse. Pululaban por doquier las más encontradas tendencias: simbolistas, acmeístas, anarquistas, místicos, neo-cristianos, futuristas, ego-futuristas, neo-populistas, etc. Paralelamente estaba el campo de las seguidores de Gorki, quien editaba a la sazón la revista Crónica. Esenin entregó a Gorki su poema María Posadnitsa que la censura vetaría.
El sentimiento anti-militarista a menudo distinguió a Esenin de la mayoría de los escritores petrogradenses, embebidos en loas del jaéz de ya resuena el trueno de la victoria. Sin embargo, Esenin tampoco habría de sumarse a la órbita de Gorki. Alexander Blok más que ningún otro, conocía bien ese mundo extraño que cercaba a Esenin: Yo creo que para Usted -le escribía al novel poeta- el camino será corto y que para no perderse en él hará falta ir despacio, sin inquietarse. Por cada paso que demos, tarde o temprano debemos responder, y avanzar ahora resulta difícil, tanto más si hablamos de literatura.
En efecto, el camino resultó arduo para Esenin. Pese a todo el empeño que el poeta puso en conservar lo más noble, lo más limpio que su primera juventud le diera, la nueva situación terminó por quebrantar su espíritu.
Hasta octubre de 1917 podemos dividir los poemas de Esenin en tres grupos principales. En primer término, los ensayos iniciales que él mismo jamás pensó publicar. A continuación las producciones correspondientes a 1910-1911 e impresas muchos años después. Estos poemas, vistos desde su mejor ángulo, se diferencian claramente de aquellos que el poeta escribiera en sus cuadernos escolares y, en especial, de los que enviara a su joven amigo y poeta Panfilov, entre 1912 y 1913. Del tercer grupo, inmediatamente anterior a la revolución, los más acabados corresponden a los años 1915-1916.
El espíritu de la naturaleza
La lírica de Esenin nos transporta al ámbito de la vida campesina, de donde mana, inagotable, la imperecedera belleza de la naturaleza. En algunos poemas tempranos aparecen ciertos bocetos que bien podemos catalogar como estudios líricos o cuadros de la vida rural: En la barraca, Primeras nieves, El abedul y otros, evocadores, en cierta medida, de la poesía de Nikitin y Surikov; algunas de sus tentativas juveniles, por ejemplo Mi vida, tienen, ciertamente, un carácter imitativo.
Sin embargo, no podría decirse, que estos primeros escarceos definan la lírica eseniana. Bien pronto el poeta ha de encontrar su propio y singular estilo en donde plasmará las más nítidas, delicadas e íntimas imágenes de su espíritu. Su poesía traduce el hondo amor por la tierra natal, el paisaje y las emociones que éste suscita, todo ello expresado con frescas y originales metáforas que son, a un mismo tiempo, júbilo por el esplendor que nos rodea y tristeza al advertir la brevedad de las cosas, la fugacidad de esa irrepetible belleza en un mundo en el cual al hombre sólo le es posible vivir una vez.
Años más tarde Esenin se propuso explicar, a través de toda una teoría contenida en su ensayo Las llaves de María y el artículo Arte y vivencia, su universo poético. Según Esenin, todo arte está basado en imágenes y es la plasticidad de dichas imágenes la que constituye la clave del arte popular ruso. A este respecto es preciso recordar que el poeta se había familiarizado ya, desde los tiempos de su asistencia a la escuela de Spas-Kliepik con el Cantar de las huestes de Igor, cantar épico del siglo XII cuya influencia fue decisiva en su formación. Esenin leería, asimismo, mucho más tarde, los tres tomos del conocido trabajo del folklorista ruso A. Afanasiev, Las concepciones poéticas del pueblo eslavo en torno a la naturaleza. Tanto una obra como la otra habrían de ser no sólo modelo para ejercicios de imitación sino, además, la demostración de la riqueza del sentimiento popular y el vivero de leyendas que subyace en él, en incomparables imágenes.
La lírica eseniana centra la atención sobre la espiritualidad del mundo circundante. Los motivos que elige, al igual que el paisaje mismo, tienen su propio movimiento. Esto viene a explicar la abundancia de su material poético. Así, pues, el mes, el cual el poeta compara con un rizado corderito, se pasea por entre la hierba celeste. Los cuernos del mes reflejados en las aguas tranquilas del lago cornean los carrizos, y si miramos el lago desde el sendero, entonces parecerá que el agua se mece en la orilla. El ajenjo no huele sino que aroma el jardín, no esplende sino que fulgura como una hoguera, etc.
Semejante percepción del mundo, las estrellas, las flores, los árboles, tratados como si fueran objetos animados y en constante movimiento, transformándose unos en otros, forman parte también del material utilizado por Esenin en sus cuentos, leyendas y mitologías populares. Nutriendo todo su sistema poético, dicha concepción, perfeccionada por la realidad, explica la unidad indisoluble del hombre con su entorno, es decir, con la vida misma. Sin embargo, el pensamiento de que tanto el mundo como el hombre que lo habita son perecederos, condujo al poeta al pensamiento de la muerte. Ya en su Canción imitada, el poeta, que apenas contaba quince años, nos habla acerca de una bellísima muchacha que sabía ufanarse por no importa qué; el poema finaliza describiendo una escena en que la joven es llevada a la tumba mientras el poeta observa el paso del cortejo desde su ventana. He aquí una de las verdades constantemente invocadas por Esenin: todo lo bello, como la vida misma, es efímero. Y esa nota impregnará de un extremo a otro la lírica del poeta: Bendito sea por los siglos de los siglos aquel que vino a florecer y a morir.
La influencia de la poesía oral juglaresca sobre Esenin, y en particular sobre su más temprana poesía, presupone un parentesco con la obra de Kolzov. A este propósito, baste recordar tan sólo poemas como Haz sonar, acordeón, tu almibarado fuelle, Oh, tu, Rus, querida mía, Hermosa fue Taniuska, más bella no la hubo en la aldea, Doncellita y otras. La imagen de la muchacha en No errar ni empantanarse en los rojos arbustos recuerda también a las jóvenes rusas celebradas por Kolzov. Incluso la tan utilizada imagen eseniana del pendenciero ruso tiene su deuda con el pendenciero de Kolzov. Tiene plena razón Bielinsi cuando escribe que por su índole como por su situación, Kolzov fue ruso en el más pleno sentido de la palabra. En él se ponían de manifiesto todos los elementos del alma rusa y particularmente, una extraordinaria fuerza tanto frente al sufrimiento como a la alegría, capacidad para entregarse sin reservas a los más opuestos estados de ánimo y encontrar, al mismo tiempo, en no importa dónde, el más turbulento, espléndido e indefinible encanto. Es claro que resulta difícil comparar a un poeta con otro pero, no obstante, teniendo en cuenta la diferencia de edades o la naturaleza de sus respectivas actividades, la riqueza léxica de Esenin no puede menos que asombrarnos; en su obra podemos encontrar unos diez mil giros diferentes.
Como Lermontov, Esenin es de aquellos poetas que llegaron a su plenitud en un lapso de tiempo intenso, fulgurante y extraordinariamente breve.
La poesía de Esenin está muy cerca de la canción popular. Sin embargo, partiendo de este punto, podemos distinguir claramente en su poesía varias etapas, rápidamente transformadas unas en otras. La más temprana de estas etapas está sin duda marcada por su inclinación hacia el habla arcaica rusa, como puede observarse en Canción sobre Evpaty Kolovrat. Esenin aporta al dibujo de su héroe denominaciones típicas del campo relacionadas con la caza, la agricultura, la pesca y la guerra. Así, por ejemplo, aún niño, Esenin compara las nubes con redes de pájaros, también utiliza como medio de comparación la antigua palabra loniezni (en años pasados), puinia (pequeño arbusto), dikomit (halcón). Habrá que tener en cuenta también dentro de esta etapa la supresión o cambió de ciertas vocales y letras.
La relación romántica con lo arcaico y su utilización como medio para poetizar la antigüedad patriarcal corresponden al período prerevolucionario de Esenin. Esta tendencia desaparece en el período siguiente. No obstante, de aquella primera etapa subsisten ciertos elementos tales cómo la utilización de sustantivos apocopados, cuyo papel dentro del poema es eminentemente rítmico.
Se sucede a continuación, como si desembocara una en la otra, una etapa caracterizada por el uso de términos bíblicos y eclesiásticos. Y como resulta ya habitual en Esénín, este nuevo momento de su tarea creadora será también aluvional pero, no obstante, y en el más alto grado, marcado por el alambicamiento, por el exceso de estilización. Es curioso que en el poema Advenimiento, fechado en 1917 y dedicado a Andrei Biely, se haga una alusión a la Revolución de Octubre comparándola... con Cristo resucitado:
Oh Rusia, inmarcesible,
de la muerte vencedora.
Has llegado del firmamento estrellado
a tu lugar en la tierra.
Muchos de los trabajos de Esenin posteriores a la revolución muestran asimismo el uso de imágenes propias de la mitología eclesiástica, como Otkoi (Breviario), Transfiguración, La estrella de Jordán, El monje, etc. En el poema, Viejo amante (1917) lo cristiano se mezcla con lo bíblico-folklórico. A partir de la revolución emplea a menudo expresiones como: Amante mío, mi querido, quien con sus hombros poderosos puede tallar montañas. La imagen del mujik tomado a la manera de la épica rusa aparece levantando sobre sus hombros la tierra misma. Incluso las más caóticas épocas de la historia rusa convocan al pueblo alrededor de los principados, arrastrando consigo a todos los demás, tal como se desprende del cuento El lúgubre enemigo.
Todos estos motivos bíblicos y religiosos desaparecen bien pronto de la poesía de Esenin, una vez el poeta comienza a interrogarse sobre su papel en el proceso revolucionario. Ya hacia 1920 sólo quedan algunos eslavismos en su poesía, utilizados como contrapuntos retóricos.
El tercer grupo de variaciones estilísticas de la poesía eseniana está relacionado con la romantización de las costumbres campesinas y las tradiciones en general, como por ejemplo, la emoción frente a la naturaleza, el amor por la mujer, por el hombre, por la vida, sentimientos éstos que el poeta consigue expresar con un mayor dominio de su arte, valiéndose de un mayor colorido y una mayor concentración y pureza en los tonos. Así, pues, Esenin nos habla del mundo nuevo que se abre ante él, entonces es igual, yo seguiré siendo el poeta de las doradas chozas de troncos. Es de anotar que los colores amarillo y azul fueron siempre sus preferidos, de modo que un resplandor de oro se proyecta sobre todos sus poemas, pasando del sol al pan, los cabellos, la juventud, la vida, la mujer, etc., Mi corazón se vuelve un témpano dorado, Eh, tú, juventud, turbulenta juventud, dorada travesura ¡Azul, sin igual azul! Bajo tu hechizo ni siquiera me duele morir. El azul está presente en todos los momentos: mayo azulado, indecible, celeste, delicado, aire pleno y azul, etc. El dorado puede ser también amarillo y el azul celeste y negro. Es decir, los colores caracterizan los objetos, mezclándose, jugando entre sí.
Como antípodas o disolventes de esta tonalidad romántica, Esenin utiliza a menudo las palabras ruin y torpe. Crea así un contraste sumamente agudo, verificable en expresiones como los sapos negros, las blancas rosas. Dentro de esta línea está escrito el poema, Plegaria.
Es posible distinguir variantes que tienen como fin darle forma a entonaciones epistolares, diálogos y monólogos, cuyo predecesor, Apujtin, había empleado ya en poemas como Carta, Respuesta a una carta, Antes de la operación, El loco y otras. En los poemas de 1924 tales como Carta a la madre, Carta de mi madre, Respuesta, Carta a una mujer, Carta al tío, Carta a la hermana (1925), y Ana Snegin, Esenin creó algunas de las mejores obras en este género, tradicional, por otra arte, en la poesía rusa. Con todo, la lírica epistolar de Esenin se encuentra por encima de la de todos sus antecesores -Apujtin, Apolona Grigoriev, V. Schubin- y más próximo a Pushkin.
Si ahondamos en el lenguaje y el estilo de Esenin y en el sello que imprimió a los diferentes géneros literarios, podremos detenernos en sus poemas de intención publicística ("En el país de los canallas"), en sus relatos épicos, en sus poemas de corte retórico y hondo lirismo ("Estancias"). Un sitio destacado en medio de estas producciones lo ocupa su canción-romance. La entonación de su romance gitano se apoya más en Alexander Blok que en Apolona Grigoriev, pese a que la influencia del primero puede advertirse muy a menudo en su poesía: Si ardes es porque ya eres fuego, etc.
El tema de la juventud o la aflicción por el derroche que de ella hicimos ocupa un lugar predominante en la poesía de Esenin, aunque no sea algo absolutamente nuevo, sino vinculado con la tradición folklórica popular que, además, es característica de Kalzov y Nikitin.
Sería, pues, mucho mejor hablar de la aproximación de Esenin y Kalzov a la canción popular que de la influencia del segundo sobre el primero.
Dentro de esta misma perspectiva podríamos hallar ecos de Nekrásov, si tenemos en cuenta que los poemas de tema rural de Esenin se abren sobre aquella atmósfera triste, pobre, de la Rusia campesina. Esta sería la caracterización que en alguna oportunidad Hertzen hiciera de Kalzov. En fin, que la imagen del campo en Esenin no es sólo una idealización sino la expresión de una vivencia, la traducción de un sentimiento hondamente encarnado en su poesía.
Influencia de Pushkin
Al lado de lo folklórico-popular ha de señalarse en la poesía de Esenin lo que podríamos denominar su ascendencia pushkiniana, tan clara en la poesía popular. La tradición pushksniana dentro de la lírica rusa está en su carácter nacional, en su riqueza, en su capacidad para interpretar y representar el alma rusa, desde los más sutiles tonos de la tristeza hasta la exultante alegría de la autorrealización, desde las más ligeras pinceladas de carácter lírico hasta los poemas políticos, todo este universo gira en torno del amor al hombre, al pueblo, a la patria. Y todo él plasmado en un lenguaje y en unas unas formas poéticas cristalinas, transparentes. De esta manera, Pushkin representa no sólo el pasado, sino la más preciada herencia popular y, al mismo tiempo, el futuro. El mundo de Pushkin es diáfano y capaz de despertar todos los rincones del espíritu.
La lírica de Esenin está fundada sobre esa herencia: veracidad, amor por la humanidad, sensibilidad para cada vivencia, y estas características están fundidas, profundamente imbricadas con el lenguaje y el estilo que le son propios. Esenin maduró dentro de la tradición popular y clásica de la poesía rusa, y el haber tomado como ejemplo a Pushkin y su ternura por la humanidad, ha forjado un poeta un hijo predilecto de su pueblo, de esa tierra regada por tanta sangre y por tantas agresiones conmovida.
La riqueza de la lírica eseniana se proyecta sobre todas sus imágenes, ya se trate de un abedul, el campo, el pan mismo, confirmando su talento de cantor de la naturaleza. Pero el lado social de la vida campesina y sus contradicciones apenas si llegaron a impregnar su poesía. Es cierto que en sus primeros poemas (los que enviara a su amigo Panfilov desde Moscú y entre los cuales podemos citar Gotas y Plegaria), aparecen ciertas preocupaciones urbanas, pero se trata de composiciones inmaduras. Estos primeros poemas evidencian la influencia de Nadson y más aún, la de Kalzov y otros poetas costumbristas como Nikitin, Surikov o Drozhin. Incluso un poema como Poeta recuerda no precisamente a Lermontov -Esenin más tarde daría cuenta del afecto que sentía por él- sino más bien una pieza de Nadson del mismo título: Bien está que tu canción arda en el fuego de la ira y tu espíritu en el de la verdad.
Precisemos, entonces, que si bien los motivos urbanos y progresistas aparecen en las piezas tardías de Esenin (El herrero, Rusia, Maria Posadnitsa y otros) es de la antigüedad, de la Rusia patriarcal, de su dulzura y turbulencia, aún no conmovidas por los crueles antagonismos del capitalismo, de donde el poeta extraerá las claves fundamentales de su obra. Rompiendo el aire enrarecido que había traído el simbolismo de Balmont y Merezhkovski a la poesía rusa, la expresión poética de Esenin proviene del sentimiento ancestral del campesino que ignora las comparaciones abstractas y para el cual todo objeto es definido en comparación con otro objeto. Así, los sauces son ancianos, el sol una rueda, la aurora una gata que se lava en el tejado, la tierra una nodriza, la luna una miga o una oveja. Parece no estar escrita con palabras, sino con surcos de arados, bosques, perros que ladran a la luna. La poesía de Esenin se singulariza por ser un intento de revivir la tierra natal y los días de infancia -esas hermanas gemelas- que constituyen el paraíso perdido, en este caso el mundo campesino estable y ordenado. Mientras para Maiakovski era preciso escupir sobre el pasado y la poesía era un vehículo para transformar el mundo, Esenin -aunque desgarrado por contradicciones internas- fundamentalmente se volvía hacia un mundo pasado, al que presentía condenado a desaparecer, tal como en un poema en el cual describe un caballo que se esfuerza inútilmente por alcanzar una locomotora.
Los motivos religiosos
Muchos de los motivos religiosos que informan la obra de Esenin resultan ininteligibles para el lector actual. Formó parte del grupo dirigido por Ivanov-Razumnik, ideólogo del socialismo místico, proclamador que en el socialismo el sufrimiento del mundo salva al hombre, al revés del cristianismo, y que Rusia es revolucionaria y orgánicamente socialista, en contraposición al Occidente burgués, individualista y ateo.
El poeta buscó salir de ese ámbito místico al que lo había condicionado su estancia en la escuela de Spas-Kliepik. Alguna vez escribió que en Cristo no veía a Dios sino a un hombre predicador del bien. Por otro lado, Esenin no tomó jamás a pecho su religiosidad. De ahí la facilidad con que su poesía mística se transmuta en blasfemia: Me enseñaste a insultar, no a invocarte, Señor. Posteriormente, en enero de 1924, preparando la edición de uno de los libros, Esenin escribiría: La más engorrosa de mis etapas y que se refleja en mis primeros poemas es la que corresponde a mi religiosidad. Yo no considero que tenga mérito alguno. Ruega por tanto, al lector, considerar estos trabajos como fantasías poéticas, como los mitos y leyendas típicos de cada pueblo. No obstante, estos motivos no jugaron en su poesía el papel de simples ornamentos. Cuando los empleó, tomándolos de la biblia y del evangelio, aunque no creyese en ellos, lo hacía apoyándose en el sentido que los mismos tienen dentro de la religión cristiana. Ese sentido no es otro que la bondad, la resignación y la mansedumbre.
Por ejemplo en el poema Evpaty Kolovrat (1912), el acento no está puesto en la resistencia heroica del pueblo ruso, sino sobre episodios que no tienen carácter heroico. Para sus compañeros, el enfermo Evpaty era un borracho, pese a que éste les dice:
Embriagarse
las ideas embota, y el cuerpo
hasta la hierba misma se puebla de enemigos.
Estas palabras que no son escuchadas. Luego Esenin describe cómo, muerto ya Evpaty, yace con un cirio en la mano, teniendo en derredor las huestes rusas aniquiladas por los tártaros. Burlándose de los vencidos, Baty ordena que se le haga una copa para el vino con la calavera de Evpaty y se mofa diciendo que las tropas rusas sólo fueron traídas al campo de batalla para levantar las empalizadas donde sucumbirían.
En realidad, tal como consta en el Relato sobre el saqueo de Riazán por Baty en 1237, Evpaty sucumbe durante el combate a manos de Jostovrul, yerno de Baty, y éste, impresionado por el coraje de Evpaty y sus guerreros, ponen libertad a todos los prisioneros rusos.
Es imposible, por tanto, ignorar la maestría artística de Esenin en la utilización que hizo de los motivos ancestrales y más aún, en el empleo de expresiones típicas de la región. La riqueza de éstas constituyó para el poeta un verdadero arsenal, hasta el punto de que, encontrándose todavía en la aldea, llevara siempre consigo un cuaderno en donde anotaba palabras y expresiones de uso corriente entre los viejos. Es claro que muchas de estas palabras y giros exijan, hoy día, una explicación. El diccionario mismo confirma el extraordinario colorido de su Evpaty. Asimismo corre por todo el poema, como por su María Posadnitsa, el aura del Cantar de las huestes de Igor.
Valga recalcar que el interés de Esenin por el lenguaje y la historia de la antigua Rusia tuvo motivaciones diferentes a las exclusivamente literarias. Ese interés se imbrica con una tendencia general de la época, especialmente durante los años de la guerra, orientada a mantener vivo el espíritu multinacional de la literatura rusa. La vigencia de ese espíritu se manifestó en los simbolistas (un ejemplo es el libro de Andrei Biely, Ceniza). La idea central era la de que el espíritu nacionalista no sólo dependía de los temas sino, ante todo, del trabajo con el lenguaje popular y la creación de obras inspiradas en la tradición.
El más conocido aporte de Esenin a la estilización es, sin duda, la narración El barranco, escrita por el poeta durante el verano de 1915, en el transcurso de una visita que hiciera a su aldea natal. Esta narración no convenció a Gorki y el poeta mismo no la tuvo nunca en gran estima, pues no volvió a trabajar en ella.
La narración está tejida con giros folklóricos netamente campesinos. Como motivo se destaca cierta intención social, patente en el asesinato de algunos mujiks a manos del terrateniente. Sin embargo, la obra gira en torno a una imagen simbólica, el barranco, espeso bosque de la vida. La aldea dibujada por Esenin en el relato vive de sus secretos, mentirijillas, chismorreros y rebeliones, siguiendo la corriente imperante por aquellos años en las obras de un Zaitsiev o Sergueieiev-Tsenski. Y se deja sentir, incluso, la influencia de Biely y su La paloma de plata. Esenin, sin suficientes fundamentos, consideraría más tarde la rosa de Biely como uno de los fenómenos más extraordinarios en la literatura rusa después de Gogol.
Toda la obra de Esenin está, pues, saturada de profundas contradicciones, inscritas, por otra parte, en la vida misma, pero que son, a la postre, el reflejo de la impotencia y la indefensión de aquellas masas campesinas sometidas al embate del capitalismo en ascenso, y vueltas hacia el espejismo de una Edad de Oro en donde debían reinar las leyes del patriarcado.
El embrujo de Octubre
Un momento especial de la carrera de Esenin corresponde a su contacto con la poesía de Blok, Biely y Kliuev.
Alexander Blok permitió que Esenin ahondara en uno de sus temas preferidos: Rusia. A través de Blok, aunque a su manera, comprendió las posibilidades del romance-gitano. A través de Biely asimiló el simbolismo religioso contemporáneo y los secretos de la rima. Pero la figura de Nikolai Kliuev tuvo para él una significación especial. Resulta significativo en este sentido el que las relaciones entre ambos poetas fuesen las de amigos-adversarios y que a lo largo de muchas cartas y poemas Esenin se dirija a su amigo llamándolo cariñosamente sacristán o humildísimo Nikolai.
Oriundo de la provincia de Vologski, Kliuev fue un hombre culto, talentoso, creador, en el más alto grado, de cierta poesía familiar rusa. Su tono es inconfundible como lo es también su fondo reaccionario. Su poesía está dedicada a exaltar las presencias tutelares que residen la vida del mujik. Cuando Esenin llegó a Petrogrado, Kliuev había publicado ya cuatro libros. No pudo menos que asombrarse del parentesco entre muchos de sus poemas y los de Kliuev. Pero a pesar de esta aproximación, hay entre los dos poetas una frontera perfectamente clara: mientras Kliuev permaneció alelado en su contemplación religiosa, Esenin evolucionó, nadando en la exaltación de sus imágenes, de sus metáforas, es decir, en el júbilo que le producía su propio quehacer. No pasaría mucho tiempo antes que Esenin se diera cuenta de cuáles eran los motivos que le separaban de Kliuev.
Pero Esenin está aún distante de su plenitud, aunque muchos de los poemas escritos antes de octubre de 1917 anuncien ya al poeta de la madurez, que se fraguará en el crisol de la revolución. Octubre de 1917 provoca en Esenin un cambio fundamental, aunque las constantes de su poesía sigan orientadas hacia la imaginería del pasado, al cual la revolución ha propinado un golpe de muerte. La revolución dio a Esenin la oportunidad de compenetrarse más profundamente con su pueblo, enriqueciendo su temática, enriqueciendo el conocimiento que tenía de sí mismo, pero, sobre todo, dándole la posibilidad de comprender la trascendencia de la misma revolución para el campesinado y para Rusia. Según sus propias palabras, vio la revolución con sus ojos de campesino.
Esenin no se planteó la alternativa entre aceptar o no la revolución que recibió con entusiasmo:
¡Oh Rusia, lánzate
hacia un nuevo horizonte!
Bajo otros nombres late
una nueva estepa.
Con estas palabras recibió Esenin la bandera roja en las calles de Petrogrado. Pero la generación que saludaba así la revolución de febrero sólo podía recaudar engañosas perspectivas, entre ellas la de aumentar los privilegios de la pequeña burguesía campesina. En los primeros momentos Esenin se muestra adicto a los socialistas revolucionarios de izquierda, colaborando activamente con ellos, aunque formalmente no estuviese afiliado a su partido. Las enormes contradicciones desatadas por el estallido revolucionario, tenían que reflejarse en su poesía. Sus versos se impregnaron del hálito de libertad, del dolor de la confusión, de la nostalgia hacia el pasado y de la pujanza del proceso político, en una palabra, de todos aquellos sentimientos propios de las grandes masas al pasar de la revolución democrático-burguesa de febrero a la revolución socialista de octubre. Pero todo lo heroico y esencial de este momento, tan presente, por lo demás, en la obra de muchos otros artistas, no llegó a figurar en el primer plano de su poesía. He aquí por qué Esenin en La Rusia que se va escribió: Envidio a aquellos a quienes la vida empuja a luchar, a quienes defienden una gran ideal.
En lo que hace a las relaciones del poeta con la Revolución de Octubre conviene, sin embargo, para mayor precisión, distinguir dos partes.
La primera está referida a la aceptación política del poder soviético, la segunda a la toma de conciencia respecto al significado de la revolución proletaria. Comprender la esencia de ésta última, la política bolchevique y el carácter de la lucha de clases, comprender la filosofía del materialismo histórico, presuponían una amplia formación política de la que Esenin carecía. La literatura del período soviético comienza justamente con aquella generación de artistas y escritores anteriores a la revolución que pasó a engrosar las filas del poder soviético. Y aunque muchísimos de ellos ni entonces ni jamás pudieron comprender el carácter fundamental de la revolución proletaria -valgan como ejemplos Blok, Briusov, Viriesaiev y otros- estuvieron en cambio dispuestos a integrarse dentro de la nueva sociedad soviética, dispuestos a reflexionar sobre las implicaciones que la nueva etapa tenía sobre su obra. Esenin fue uno de ellos.
Una vez en marcha la revolución bolchevique, Esenin siente despertarse en él sus sentimientos patrióticos. Habla, pues, de los enemigos llamándoles con desprecio blanco rebaño de gorilas. En el poema La estrella de Jordán, el poeta ensalza a la Rusia que ha levado anclas, la cual, comparada con un cisne, vuela en las alturas.
El cielo es como una campana,
como el tiempo mis palabras,
como mi madre la patria,
y yo me siento bolchevique.
En estos versos está expresada la espontánea alegría de millones de campesinos ante a la revolución, que los conduciría a la liquidación del latifundismo. Pese a todo, los poemas escritos por Esenin entre 1917-1919 dejan también traslucir sentimientos encontrados. Como pieza característica de dicho conflicto es útil mencionar Inonia (Otra) donde expone su mesianismo campesino, según el cual la revolución traerá a Rusia el reinado del mujik, el paraíso terrestre aldeano. Lo que halló expresión artística en la poesía de Esenin fue el sueño con el justo país del mujik, y en ese sueño se mezclaban caprichosamente los sentimientos y estados de ánimos más contradictorios. El secular apego a la tierra, la exaltación del atraso de la aldea y el miedo a la ciudad. El anhelo de acabar con la vieja vida y el desconocimiento de las auténticas vías de lucha, el temor a los cambios. El ingenuo carácter soñador y la animadversión a los señores.
El poema comienza con un tono singularmente profético y en el que se advierte un tácito rechazo a las creencias de la antigua Rusia. El poeta amenaza con despojar a Dios de su barba y a Cristo de sus pantalones, representándose a sí mismo como un creador que pudiera invertir los polos con las tenazas de sus manos, poner de rodillas el ecuador y romper el orbe como si se tratara de un simple kalach (especie de pan rudo en forma de arco). Estas inesperadas imágenes producen la impresión de que todo se ha salido de su eje, mezclándose caóticamente, agitándose infatigablemente en el utópico país de Inonia. La imagen nos presenta a una anciana-madre que, sentada en el pórtico de su barraca, se entretiene jugando con los rayos del sol como si se tratara de un gato ovillado sobre sí mismo.
Cuando se reflexiona acerca de este poema y otros trabajos utópico-románticos que siguieron a la Revolución de Octubre, se recuerda la situación del campesinado tras muchos años de explotación, que ha ido acumulando el odio y el deseo de suprimir el orden imperante, pero al mismo tiempo que está dispuesto a conquistar nuevas formas de vida, actúa arbitraria, patriarcal, irresponsablemente al encarar lo que ha de ser esa nueva etapa, ni saber tampoco a ciencia cierta cómo habrá de lograrlo y quienes deben ser los que dirijan ese proceso revolucionario.
En algunos poemas cortos de esta época (Inonia, Pantocrator, El libro de horas de la aldea, Transfiguración) Esenin se muestra ingenuo en el más alto grado, como un soñador que aún no ha podido asimilar la trascendencia verdadera de la revolución y los problemas que plantea. Como contrapunto, sin embargo, el poeta maneja extraordinariamente sus recursos artísticos, reflejando de alguna manera las ilusiones que el campesinado tenía respecto de la nueva sociedad.
Hay una saturación de imágenes bíblicas que sirven de ropaje al pensamiento terrenal del poeta. La utilización de este tipo de recursos poéticos con objeto de traducir el soplo épico de aquella coyuntura histórica fue, en cierta medida, una característica común a la poesía de la revolución, como pueden atestiguarlo El misterio bufo de Maiakovski, o Tierra de promisión de Biedni, así como también los poemas de la mayor arte de los poetas del culto al proletariado.

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