Sergio Esenin II
El imaginismo
En 1918, con el regreso de Esenin a Moscú, se inicia para él un nuevo periodo. En principio toma contacto con los poetas del Proletkult e incluso vive durante algún tiempo en casa de éstos. Escribe conjuntamente con Guerasimov, Klichkobui y Pavlovich el escenario de La llamada de la aurora; posteriormente organiza la Cooperativa moscovita de escritores. El poeta se multiplica a través de una intensa actividad. Su poesía vira hacia los temas sociales y épicos, reflejando una lírica más directa basada en las profundas crisis de su vida.
Ya por esta época su nombre ha sido reconocido, la juventud se interesa por su obra. La popularidad se acentúa durante estos tiempos de revolución, en los cuales en las ciudades la poesía oral o escrita es el género más apetecido hasta para los tranquilos burgueses, desplazando a la prosa en plazas y cafés como lo describe Ilya Ehrenburg en sus Memorias.
En 1919 entra a formar parte del grupo de los imaginistas. Desde el punto de vista organizativo este grupo fue uno más entre los muchos de carácter decadente que subsistían como residuos del pasado. Al igual que los nichevok, bio-cósmicos y evfuisti, los imaginistas editaban ellos mismos sus libros, organizaban recitales, utilizando a granel la autopropaganda y el escándalo. Para recolectar fondos abrieron una pequeña librería en la calle Nikitski y más tarde el conocido café El establo de Pegaso en la calle Tverski. También solían visitar el café de los miembros de la Unión Rusa de Poetas, el de los futuristas y el de los poetas del grupo Los forjadores. Esenin era uno de los contertulios habituales de El establo de Pegaso. En estrecha unión con los imaginistas hizo varias giras por Jarkov, Rostov y otras ciudades. En lo que concierne a la identidad de criterios teóricos y artísticos con los imaginistas, Esenin estuvo desde el comienzo en clara divergencia con ellos. Sólo aceptaba la noción de imaginismo asimilándola al convencimiento de que, en lo profundo de todo arte, la noción de imagen es fundamental. De este principio concluía que tanto más rica, más plástica dicha imagen, tantas más posibilidades presentará para ser trabajada. Uno de los teóricos del imaginismo, V. Scherchenievich, argumentó en su folleto 2 X 2 = 5 que la imagen tiene valor propio, independientemente del contenido de la composición. Los imaginistas argumentaban, asimismo, que un poema debe poder leerse al derecho y al revés, de arriba a abajo y viceversa, del mismo modo que las monjes pasan las cuentas del rosario. Ateniéndose a este principio se escribieron muchos poemas francamente extravagantes o recargados del más burdo naturalismo. Todo esto era por completo ajeno al carácter poético de Esenin. Comienza a alejarse lentamente del movimiento y refrenda su actitud publicando un manifiesto sobre la disolución de la orden imaginista. Y escribe en el artículo Arte y vivencia dirigido a sus compañeros de grupo: Mis camaradas imaginan que el arte sólo existe como arte, sin ninguna ligazón con la vida y sus maneras... A mis camaradas tan sólo les atrae la plasticidad del lenguaje, pareciéndoles que la palabra y la imagen lo es todo. Sabrán pues perdonarme si les digo que semejante arte no es más que una tontería. Finalmente abandona el grupo literario y declara que lo importante no es la imagen, sino el sentimiento poético del mundo.
Esenin termina su manifiesto diciendo: Mis camaradas carecen de cualquier sentimiento patriótico, en el más amplio sentido de la palabra y de ahí su inconexión. Y por eso aman a tal grado esa disonancia que han sabido absorber a la manera de un sofocante vaho de bufonadas gracias a la bufonada misma... Pero la vida exige lo que le pertenece y siendo el arte una de sus armas, todo lo que la niega se elimina a sí mismo como ocurre con la confusión. Esenin, pues, no sólo sentía profundamente la interrelación entre arte y vida sino que incluso consideraba el arte como un arma para vivir.
No exageramos al afirmar que hoy día apenas sí recordamos los nombres de unos pocos imaginistas cuya obra no dejó huella alguna en la literatura soviética, e incluso recordamos la palabra imaginismo sólo por haber estado vincula al quehacer literario de nuestro poeta.
El hecho de que en los años inmediatamente posteriores a la revolución Esenin se marginara del procesó que estaba viviendo, no cayó en el vacío. Su relación con los imaginistas dejó su huella en las creaciones de 1919-1920. Los módulos de esa relación pueden concretarse en dos puntos: primero, su afición por las imágenes y metáforas extravagantes y, segundo, la profusión de motivos que utilizó como protesta contra el ambiente urbano. En Novenario, la ciudad arremete contra la choza campesina. En ciertos poemas como En el potro de las torturas, Esenin describe su horror frente a la destrucción y el hambre que azotan el país, condoliéndose de las víctimas con expresiones que llegan a desfigurar el sentido de la composición: Zarpas azuladas, fétida ventisca, jardín de masacradas calaveras, frenético resplandor de cadáveres:
Ciudad, ciudad, tras una lucha salvaje
nos has bautizado como carroña y deshecho.
Las contradicciones entre el campo y la ciudad no afectaron solamente a Esenin pues muchos otros poetas se ocuparon del tema. Hasta los mismos poetas del Proletkult escribieron poemas a este propósito, entre ellos Alexandovski, Guerasimov y Kirilov.
Debía pasar mucho tiempo antes que en el panorama de la literatura soviética apareciese un talento capaz de poetizar la vida del campesina. Esa figura fue la del poeta campesino Mijail Isakovski, oriundo de Smolensk y cuyas canciones aún canta el pueblo.
Volviendo al período imaginista de Esenin es preciso hablar del poema Pugachov, biografía del héroe rebelde cosaco del siglo XVIII, porque ilustra las diferencias que lo separaban de dicho grupo. El poema describe la rebelión espontánea de los campesinos y señala, justamente, como forma de lucha, el primer estadio de la lucha popular, la primera muestra de conciencia histórica. El tratamiento que Esenin le dio al tema constituye, asimismo, un paso adelante respecto de piezas anteriores como Inonia, El tamborilero celestial, El compañero, sin dejar de mencionar algunos poemas cortos como Transfiguración y Viejo amante, saturados de simbolismo religioso.
Pugachov está dedicado a la rebelión de los siervos contra el zarismo y los terratenientes. En un fragmento suprimido por el poeta del texto definitivo, leemos lo siguiente: campesinos en vuestro gobierno no debéis ser los últimos, sino los primeros El poema se ocupa de la etapa final de la rebelión, cuando las tropas comandadas por Pugachov pierden la batalla al enfrentarse con el ejército zarista (1774). Los emisarios del gobierno consiguen la complicidad de algunos de los compañeros de Pugachov -se trataba de algunos cosacos acomodados como Tvorogov, Chumakov y otros- permitiendo así la derrota.
La pieza no enfoca la totalidad del suceso que, por cierto, hizo temblar el trono de Catalina. Estamos pues ante un poema de corte lírico en cuyo fondo se suceden los acontecimientos históricos, tratados de una manera especialmente subjetiva. Pugachov concita sus guerreros a sacar el cuchillo de la bota y hundirlo en la espalda del señorito, sintiendo, según subraya el poeta, l inexplicable presentimiento de su propio fin. Encontramos seguidamente un monólogo de Pugachov donde habla de su amor por el olor de la hierba y como le duele iluminar la maléfica espesura. Asombrosamente inactivo, Pugachov prefiere escuchar la huida del viento y sus pasos entre la hierba, porque en lo hondo del pecho, corno si fuese una guarida, su alma se agita sofocada. Bueno hasta la ingenuidad, extraordinariamente sensible, impresionable, el héroe no se nos aparece como un dirigente de masas, como el guía de una rebelión contra los terratenientes feudales. He ahí por qué, en el fondo, la incitación a la violencia se convierte de pronto en una protesta contra la violencia.
La elección del tema de Pugachov que, como ya hemos explicado, poetiza la revolución campesina del siglo XVIII, se vincula con el drama personal del propio poeta. Ahí están enmarcados todos sus estados de ánimo: su sensibilidad ante la belleza de una manera de vida, el sentimiento de la pureza y la fugacidad de las cosas, su amor por el hombre. Pero no sería exacto reducir todo el contenido de Pugachov al reflejo de las inquietudes subjetivas del poeta. Es indudable que el poema consigue también -sobre todo en el monólogo de Jopuschi- orquestar todo el ímpetu de la rebelión, poniendo énfasis en el anhelo de libertad que embargaba al pueblo trabajador.
Apología del gamberrismo
En aquel momento su poema dramático Pugachov fue mal acogido por la crítica, que lo interpretó como una exaltación del individualismo anárquico. Esto acentuó su desajuste con la realidad, aumentó su depresión y su afición a la bebida.
Pero Esenin sigue seduciendo a todos con su figura de joven de cabellos rubios y ojos azules, su popularidad es muy grande, tanto en su vertiente de poeta como de camorrista y borracho. Precisamente el escándalo se convierte en otros de los motivos que animan la poesía de Esenin durante estos años. Es necesario dejar muy en claro lo que a estos temas se refiere, por cuando, en cierta medida, han jugado un papel negativo en la reputación del poeta. Las actitudes del gamberro han estado siempre referidas al ambiente campesino y fuertemente enraizadas en el folklore. Gorki señalaba cómo una de las paradojas de la poesía popular de muchos países, la poetización de la figura del gamberro, del golfo, es decir, del individuo dispuesto a realizar toda suerte de calaveradas, lo que puede explicarse teniendo en cuenta el deseo del campesino de destruir el medio que lo asfixia.
Habrá que distinguir, sin embargo, entre la grosería y la rebeldía, propia del campesino, de la mezquindad y el gamberrismo pequeño burgués, que expresa nihilismo y desmoralización. Esenin no veía esta diferencia. Su actitud extravagante no pudo surgió en él tan sólo de los imponderables de la lucha revolucionaria, sino más bien de la bohemia pequeño burguesa, de los círculos literarios que frecuentaba a su llegada a la capital.
Gamberro, Confesión de una gamberro, Poemas de un golfo, títulos como estos ostentan algunos de los poemas de Esenin. Se dibuja a sí mismo despeinado, con la cabeza como una lampara de keroseno sobre el pecho e incluso admite gustarle cuando en él bullen las blasfemias. Se llama a sí mismo bandido, fresco, gamberro, y asegura que por naturaleza es un cuatrero de las estepas. Y dicen aún: Si yo no hubiese sido poeta, es muy probable que fuese un pícaro.
Pese a la rotundidad de la frase, Esenin puso en ella un sentido absolutamente distinto al que nosotros le atribuimos hoy. En su acepción más simple, el gamberro es para nosotros aquel individuo superficial, deshonesto, irrespetuoso con la sociedad a la cual pertenece, motivadamente agresivo con los demás. Nada de esto encontramos en Esenin. De allí que sus alabanzas al gamberrismo no sean otra cosa que pose. El tema del gamberrismo en Esenin adquiere una nota de ternura hacia aquellos que no son capaces de encontrar su camino, ni siquiera en los momentos históricos más decisivos, y quizá por ello mismo, por el nuevo telón de fondo que se les presenta ante sus ojos. En la medida en que su delicadeza vistió los ropajes de un lenguaje religioso, asimismo sus sentimientos de desesperación, de inquietud, confusión y protesta se expresaron a través de imágenes tan poco sugestivas como las del gamberro y el golfo. Al hablar de su gamberrismo, el poeta expresaba más bien el eco de su propia tragedia, de su propio dolor:
Sí, yo poco me he dispuesto
para una vida en paz y entre sonrisas.
Y cuanto más corto ha sido mi camino
tanto mayores mis caídas.
Esta es una nota de humanidad que no denigra del hombre sino que, por el contrario, sabe extender una mano cálida en la que los otros encontrarán siempre comprensión compañía.
Con Isadora Duncan
En 1921 conoció en casa de un amigo, el pintor G. Iakulov a la célebre bailarina Isadora Duncan, Esenin se casó con ella el 10 de mayo del año siguiente y salieron juntos para el extranjero. Para su evolución intelectual estos viajes al extranjero entre 1922 y 1923 tuvieron excepcional importancia. Le llevaron por Alemania, Francia, Italia y Bélgica. Posteriormente, desde octubre de 1922 a febrero de 1923, visitó Estados Unidos. Radicalizó en el poeta su patriotismo. Comparando a la Unión Soviética con el occidente burgués, Esenin acierta a comprender con mayor profundidad la médula de las relaciones entre la ciudad y el campo, la significación de una sociedad industrializada y la trascendencia de la construcción del socialismo. También Maiakovski señaló al regreso de Esenin que había vuelto con un claro entusiasmo hacia lo nuevo.
Para Esenin, no obstante, el viaje fue penoso. La prensa imperialista, ávida de sensacionalismo, lanzó toda clase de conjeturas sobre las relaciones entre un poeta ruso y una bailarina americana, sin detenerse a pensar lo que había en ellos de común: temperamento artístico, carácter, nobleza, generosidad.
Isadora Duncan fue una artista y una mujer de ideas, sin interés por el dinero, que ganaba a manos llenas, ni por las comodidades pequeño burguesas, limitándose a tener lo necesario, aunque las costumbres que le imponía su modo de vida y el medio en que se movía, tenían mucho de la anarquía y la bohemia pequeño burguesas. Con razón A. Lunatcharski escribiría poco tiempo después del trágico deceso de la bailarina en 1927: En lo profundo de su concepción del mundo, Isadora sentía odio por las costumbres burguesas. Pensaba que las operaciones mercantiles, el sistema burocrático, las condiciones de trabajo y la vida pequeño burguesa en general, excepción hecha, según sus propias palabras, del mundo campesino, significaban una grosera y torpe negación de la naturaleza. Estaba convencida que el mundo entero había sido desfigurado por el capitalismo.
Una de las piezas preferidas de Isadora Duncan fue su danza de la Internacional, interpretada por ella en la escena del Gran Teatro de Moscú y posteriormente en sus giras por Estados Unidos, motivo por el cual fue privada de su ciudadanía americana. Su protesta contra los estamentos burgueses del mundo occidental, se resolvieron en una posición consecuente cuyo resultado fue su viaje a la Unió Soviética, donde habría de conocer a Esenin.
Ya en el extranjero, Esenin quien desconocía otras idiomas diferentes del ruso, se vio inexorablemente ligado a los viajes y compromisos artísticos de su esposa, hasta el extremo de que los periódicos apenas lo mencionaban como el marido de la célebre bailarina, lo que no podía dejar de herir su orgullo de hombre y de poeta ya ampliamente conocido en su patria. Le acometió, entonces, un sentimiento de mortal soledad, decidiendo regresar a la Unión Soviética tan pronto estuvo cerca de sus fronteras. Sólo el amor que sentía por Isadora, la admiración permanente por su talento y por sus cualidades de artista, pudieron sostenerle en medio de la agobiante soledad en el extranjero. Finalmente se produjo la ruptura no sólo con el género de vida que llevaba al lado de la bailarina, sino con ésta misma. Rompiendo con todo regresó, o más bien, para ser fiel a los hechos, huyó de París volviendo a Moscú en agosto de 1923. Tras él regresaría también Isadora. Jamás el poeta volvería a abandonar la Unión Soviética.
Su contestación al pútrido occidente tuvo un carácter bastante complejo, reflejado en sus cartas desde el extranjero: ¿Qué decirle a Usted -escribe Esenin- sobre este horrible reino de mezquindad, rayana en el idiotismo. Descontado el fox-trot no hay nada aquí que valga la pena. Todos beben y se atragantan y de nuevo fox-trot. Aún no encontré un hombre de verdad y no tengo idea de dónde se lo podrá encontrar. En los dominios del Señor Dólar el arte verdadero no cuenta, el producto más acabado es el music-hall. Una violenta crítica contra el sistema de vida americano está contenida en su ensayo La urbe de hierro donde el poeta consigna estas palabras: Cada vez me es más entrañable la sociedad socialista. Es cierto que no me identifico con los comunistas y que como el romántico de mis poemas apenas los siento próximos de corazón, pero espero algún día identificarme con las tareas que se proponen.
Regreso a la URSS
Durante la ausencia del poeta habían cambiado muchas cosas en la Unión Soviética. Cuando Esenin partió, el país de los soviets comenzaba a reponerse de las heridas de la guerra civil; a su regreso habían comenzado a sentarse las bases de la nueva política económica. En el campo se había procedido a reemplazar el sistema de contingentación por el impuesto en especie. La agricultura tomaba nuevos impulsos y en las ciudades se reanudaba la producción industrial.
En el campo de la literatura se vivía asimismo una profunda agitación, surgían tendencias y grupos por doquier. Esenin rompe definitivamente con los imaginistas y con los escritores campesinos. Sus preferencias, en este momento, se inclinan hacia los escritores agrupados en torno a la revista El erial rojo, especie de compañeros de viaje, en su mayoría al margen del Partido Comunista pero, en el fondo, compenetrados con las tareas del poder soviético. A través de la correspondencia de Esenin con Benislavski, resulta claro que aquel no quiso tomar parte en la lucha de grupos que se estaba librando. Es de todo punto de vista significativo el que uno de sus mejores poemas de la época, el titulado Canción sobre una gran gesta, haya sido entregado por el poeta a la revista proletaria Octubre. Por este mismo tiempo Esenin traba amistad con los escritores V. Ivanov, L. Leonov, Y.Levidznski, con las escritoras S. Vinograd, G. Ustinov y otras y con los periodistas P. Chagin, A. Verzin y otros, colaboradores del diario Pravda.
En las búsquedas de Esenin en torno a la poetización de los temas que le eran contemporáneos, ocupa un puesto especial el poema dramático. Una de sus primeras experimentaciones en este terreno es la pieza En el país de los canallas o Nomaj. El poeta no la consideró terminada y en vida sólo publicó un fragmento de ella que corresponde al monólogo del obrero Nikadr Rasvietov. Dentro de la obra general de Esenin la pieza tiene fundamentalmente el mérito de esclarecer los puntos de vista ideológicos del poeta.
A diferencia de Pugachov, El país de los canallas no es una obra lírica sino más bien de carácter publicístico, a través de la cual Esenin exploró nuevas posibilidades como narrador épico. El tema fundamental se lo proporcionó su periplo por el extranjero. Se trata, en el fondo, del enfrentamiento de dos sistemas y, más aún, del enfrentamiento entre la Unión Soviética y Estados Unidos.
En los razonamientos de los personajes se percibe el eco de las discusiones políticas que tuvieron lugar en el transcurso del Congreso del Partido Comunista. En medio de los personajes se destacan, por ejemplo, un desviacionista de derecha Chestikov, trotskista.
La figura de Nomaj, cabecilla de una banda, es bastante complejo. Romántico a todas luces, aparece de una parte como el folklórico gamberro tradicional: Quiero hacer una fiesta para los pobres, afirma aludiendo a su deseo de repartir entre ellos el botín robado. De otra parte Nomaj se siente atraído por la filosofía anarquista, pues está contra los rojos y los blancos, contra el gobierno: A mí me revientan estos y los otros. He perdido el equilibrio. Tampoco se encuentra contento con la nueva política económica, lo que significaba entonces colocarse al margen de las tareas de la revolución, que caracterizó una tendencia muy acusada, por aquellos años, en la obra de algunos poetas. No menos visible resulta cierto aire de aventurerismo e imaginismo en la figura de Nomaj, quien en una de sus últimas acciones aparece ataviado con un abrigo de moda y sombrero de copa. La complejidad de este personaje complica a su vez la significación que pudo tener para el autor mismo, destacándose en primer plano la impresión de un subjetivismo a cuya negatividad se añade un romanticismo de dudosa especie.
Como contrapartida, la figura del obrero bolchevique Nikadr Rasvietov aparece magníficamente bien delineada. Tanto el bolchevique Rasvietov como el trostkista Chestikov, han estado en la emigración, como obreros en Estados Unidos. Luego el Partido Comunista le destina a un rincón perdido de los Urales, como comisario de minas. Rasvietov no protesta, no se lamenta ni inventa teorías para probarse a sí mismo que el pueblo ruso es un pueblo de holgazanes, indiferentes y otras cosas por el estilo. Le dice a un compañero: No, mi querido amigo. Me doy cuenta que Usted no entiende las masas. ¿A quién se le oculta que en la Rusia de antes todos eran atacados bien por el cólera, bien por la viruela?... Para unos, dorados placeres, para otros, las más lóbregas tinieblas. Con una fe profunda en el porvenir el obrero bolchevique exclama:
Falta aquí sólo un remedio:
construir una red de vías férreas
y carreteras.
La piedra entronizar y no la madera.
Y el hormigón y la teja y la hojalata.
La ciudad se levanta con las manos,
como una promesa: honor y gloria.
¡Esperad!
Aún señalando la poetización de la espontaneidad, evidente en la pieza, es innegable que Esenin se propuso reflejar de la mejor manera el conflicto ideológico entre el capitalismo y el socialismo.
Cada vez con mayor intensidad Esenin se interesa por los temas de su época, como lo prueban sus poemas de 1924 Rusia soviética y Regreso a la patria, y Ana Sneguin de 1925. Al igual que sus coetáneos Maiakovski, Tijonov, Poletaiev, Yarov y Bezimienski, se vuelve hacia la figura de Lenin. Es también una época de intensos viajes por el interior del país.
Hay un énfasis distintivo en cada poeta como bien lo hizo notar Bielinski. Y en Esenin, circulando como una savia secreta que irriga toda su poesía, el énfasis no es otro que su amor por la patria, razón de amor de su vida y su poesía. Esta constante adquiere las más acusadas variantes como podemos ver en estos versos, en donde late una dolorosa nota de patriotismo:
Y entonces,
cuando sobre el planeta
haya cesado la discordia entre los hombres,
y la mentira y la amargura,
celebraré con toda mi voz
esta sexta parte del mundo
cuyo nombre es tan breve: Rusia.
El patriotismo en Esenin no nacía de un impulso instintivo sino de una actitud plenamente consciente. I. Rosanov, en sus memorias, recuerda que el poeta le dijo en 1921: Dése cuenta... en mi poesía prácticamente no hay motivos amorosos. 'Cuentos de amapolas' no cuenta; excluí la mayor parte de ellos de la segunda edición de 'Arcoiris'. Toda mi lírica gira en torno de un solo amor, mi amor por la patria. El patriotismo es fundamental en mi obra.
Es cierto que los motivos amorosos sólo aparecen de una manera definida en la poesía eseniana de los últimos tres años. Sin embargo, el querido rincón natal, el amor por el terruño, por la patria despuntan en ella. ¿Acaso su imagen puede disociarse del esplendor del mediodía en el Sur o de la belleza de la mujer? Todo el ciclo de los Motivos persas (1924-1925) está impregnado de una delicada ternura por la mujer, por el broncíneo color del otoño y por las nieblas eternas del lejano norte:
Acaso porque vengo del norte, acaso
es allí la luna cien veces más grande.
El Schiraz es bello, aunque no alcance
a ser del Riazan el más señero espacio.
Será acaso porque vengo del norte, será acaso.
He aquí una expresión múltiple y profunda de su amor por la patria y la cual es suficiente para distinguirlo de los motivos que inspiraban la poesía decadentista.
También los motivos patrióticos debían sufrir en su poesía una transformación con el correr de los años, y si bien es cierto que en algunas de sus poesías tempranas domina la nota sentimental, lastimera, por la Rusia que se fue, hacia 1925 el poeta escribe:
Ha cambiado mi espíritu primero...
En el marchito resplandor de la luna
como de piedra, como de acero
siento de mi terruño la bravura.
Este cambio refleja, no obstante, el pesar de romper con las ilusiones de antaño en torno a un paraíso para el mujik.
Mientras tanto, la vida misma del poeta se fue tornando hondamente dramática, hasta el punto de verlo aproximarse de nuevo a los medios decadentistas. Esta faceta de su vida se opone abiertamente a todo lo claro, humano y bello que sostiene su universo lírico, como también a sus sentimientos revolucionarios. Su poesía testimonia entonces, con la honradez que le caracterizó siempre, ese momento particular de su aventura vital. El poeta escribe en La Rusia que se va:
¡No soy de ahora!
Qué debo pues ocultar?
Quedé con un pie en el pasado
intentando a mi pueblo alcanzar,
y por tierra en mi empeño he rodado.
Fue este drama íntimo el que inspiró al poeta sus notas de rebelión y desesperación, drama que, por otra parte, vivieron muchos para quienes resultó difícil comprender la nueva coyuntura social, definida por una lucha sin cuartel entre lo viejo y lo nuevo.
No en vano escribiría Gorki en los ensayos que componen su libro Por el país de los soviets que Sergio Esenin es inseparable de nuestra realidad; él representa el clamor y el gemido de cientos, de miles, él representa viva y dramáticamente la inconciliable ruptura entre lo viejo y lo nuevo.
Entre la revolución y la bohemia
A su regreso del extranjero encontramos toda una serie de extraordinarios poemas escritos bajo el impacto del momento histórico que está viviendo el país soviético. A ese ciclo pertenecen poemas como Rusia soviética, Balada de los veintiséis, Poema sobre los treintaiseis, fragmento del poema De paseo por el campo, Ana Snegin. En un poema expresa su deseo de remangarse los pantalones y correr tras el komsomol. Y en De vuelta a la patria exclama:
Yo veo
que más triste, más desolados parecen mi madre y mi abuelo
más alegre, y sonriente el rostro de mi hermana.
Para mí, sin duda
Lenin no es un icono
pues yo conozco el mundo.
Pero amo mi hogar.
Y mi hermana comienza
abriendo como una biblia el Capital ventrudo
a hablarme de Marx y de Engels.
Jamás, en ninguna estación
yo he leído, por cierto, esos libros.
Pero por otro lado, la vida bohemia tenía que reflejarse necesariamente en su poesía, adquiriendo tonalidades decadentistas. Llegan los años de la NEP, la época más tenebrosa en la vida y la obra del poeta. En 1924 publica su breviario poético Moscú tabernario, en donde narra su vida de desplazado social y que en su momento se constituyó en símbolo de sus admiradores, y en el que advertimos mucho de una pose ya de antes conocida. El énfasis tabernario de esta poesía, como hemos dicho, se apoya tanto en la osadía como en el pesar. Esenin vuelve a hacer de la fanfarronada infantil una de sus imágenes preferidas: el bajo y flaco héroe de su grupo, o bien, mi nombre suscita espanto, como si se estuviera delante de la más grosera blasfemia. El poeta parece admirarse a sí mismo o, como se acostumbra decir popularmente, posa de guapetón. El escenario de sus fanfarronadas es el café y la taberna, y su auditorio, delincuentes y prostitutas con quienes el protagonista se incendia en alcohol. Reforzando el conjunto aparecen algunas imágenes accesorias poco acostumbradas como la guitarra, las canciones gitanas y el vino que corre a raudales. A menudo el énfasis escandaloso del poeta se transforma en lástima por sí mismo: El azul de tus ojos se empaña en la taberna o ¿Qué sucede? Qué ha quedado de mí?, etc.
Al respecto entre 1926 a 1927 hubo encendidas polémicas en la URSS sobre el espíritu de disolución que embargaba a ciertos sectores juveniles, publicándose varios trabajos importantes al respecto. Destacados escritores criticaron duramente la poesía bohemia de Esenin. No puede afirmarse, sin embargo, que Gorki, Lunacharski o Maiakovski, hayan personalizado en Esenin y sus admiradores los símbolos de un fenómeno colectivo. Maiakovski dijo: Establecer una relación entre el espíritu de decadencia y Esenin carece de sentido. Dicho estado de decadencia es un fenómeno mucho más serio, mucho más complejo y vasto en sus consecuencias que Sergio Esenin. Y en su artículo Cómo escribir poesía, Maiakovski subrayó que al escribir su poema A Sergio Esenin, se había propuesto la tarea de arrancar al poeta de los que han querido aprovechar su muerte.
Desde el punto de vista formal, la poesía bohemia de Esenin propone dos variantes: la primera la integran romances de una calidad muy relativa (por ejemplo, Vida, engaño y deliciosa pena o Ni me amas, ni me extrañas), y la segunda, extravagantemente insertada por el poeta mismo en la tradición de la canción popular. Al mismo tiempo, Esenin escribe ciertos poemas de sutilísima delicadeza artística como Canción, Entreveo un sueño. Sendero oscuro, Pena, estrella mía, no te extingas y Ay de los trineos, Ay de los corceles.
El punto culminante de la tragedia personal de Esenin está expresado en su poema Extraño visitante. El oscuro visitante resume en sí todo lo oscuro que había en el espíritu del poeta. Embargado hasta las heces por la repugnancia y la cólera, el poeta lanza su bastón a la cara del visitante, pero sólo consigue romper su propio rostro, reflejado en el espejo.
Durante su último año de vida, 1924-1925, Esenin escribe lo mejor de su obra lírica y épica: Ana Sneguin, Los motivos persas y otros. En su conocido Esta luna imposible (1925), el poeta escribe:
Ya no sé cual ha de ser mi destino...
Inútil soy para la vida que empieza,
pero quisiera ver trocarse en granito
esta Rusia miserable y hambrienta.
Según el testimonio de Lievidinski, en 1924 Esenin decide por segunda vez ingresar en el Partido Comunista, recomendado por el veterano Flerovski. Su tentativa se remontaba a la época de su trabajo junto a los escritores proletarios para volverme útil, como entonces se lo manifestara al periodista Ustinov, colaborador de Pravda.
Por esta época Lunacharski, comisario del pueblo de cultura, se interesa por el poeta. En Bakú, Esenin lee sus poemas a Kirov y Frunze. El diario Pravda se ocupa asimismo de su obra, despertándose un interés multitudinario por su talento, interés que se traduce, en 1925, en la edición oficial de sus poemas que alegró mucho al poeta.
Esenin pensó que era necesario estar más cerca del Partido Comunista, pero su propio estado de ánimo iba de mal en peor, rodeado como estaba, en todos los sentidos, por sus amigos de farra. En medio de éstos aparecieron antiguos amigos (Kliuev, Ganin) y otros que querían aprovecharse de su renombre. Semejante situación hizo extremadamente difícil su trabajo. La vida de Esenin se debatía entre dos extremos: de una parte, todo lo que le brindaba la nueva sociedad, de la otra, todo lo que le recordaba la Rusia de antaño.
El fallecimiento de Lenin le impresionó vivamente. Como delegado de Pravda, hizo guardia durante varias horas en la sala de las columnas en donde fueron velados los restos mortales del dirigente de la revolución. El poema escrito por Esenin en su memoria testimonia la difícil comprensión que el poeta tuvo de la tarea llevada a cabo por el dirigente comunista. El legado revolucionario leninista encontró eco en la obra de los más destacados intelectuales soviéticos: Yo me acicalo en nombre de Lenin, escribe Maiakovski en su poema Vladimir Ilich Lenin.
Esenin escribiría dos poemas alusivos al tema, el primero, inacabado, en 1924 lleva como titulo Desocupado y el segundo al año siguiente, intitulado El capitán de la tierra. El poeta evoca los avatares de la guerra civil:
¡Rusia! ¡Querido rincón natal!
Cuanto ha que no se escucha en el bosque
el trinar de los pájaros, ni los perros
ladrar.
El poeta veía en Lenin un salvador de Rusia:
Con su verbo de fuego
nos condujo a la fuente de lo nuevo.
Nos decía Para acabar con los tormentos
poned vuestra confianza en los obreros.
No os queda otra salvación
que vuestro poder y vuestros soviets.
En su poema El capitán de la tierra escribe: Me siento feliz de que en los momentos más lóbregos, con él respiré y viví.
Quizá el poeta no comprendió la figura de Lenin en toda su dimensión pues escribe: Para mí fue a modo de una esfinge, pensando que quizá sea a otro poeta a quien corresponda entonar una nueva canción en honor de los que han luchado con nuevas palabras. Y es posible comprobar, no cabe duda, ciertos momentos fallidos en el tratamiento de la figura de Lenin, pero de cualquier modo no se puede dejar de lado la sinceridad con la que el poeta encara la tarea.
Las piezas épicas de Esenin pueden servir como ejemplo para demostrar que las tareas impulsadas por la vida misma como fuentes de un arte socialista, debían adoptar nuevas formas, impulsando a su vez a los escritores y poetas en la búsqueda de un lenguaje acorde con la época. Esenin, que durante toda su vida de creador fue un buscador infatigable de dichos medios innovadores, se orienta no obstante hacia las formas épicas, pese a haber escrito con anterioridad que no era partidario de aquella poesía a la que son tan adictos los amantes de las bellas artes.
Un ejemplo admirable de la incursión de Esenin en el campo de la épica lo constituye su Canción de la gran gesta, escrito en 1925 y en donde empleó generosamente los motivos folklóricos. La canción está dirigida a expresar la hondura de la lucha popular en búsqueda de su destino; escrito en un ritmo de copla popular, el poema toma la figura del zar Pedro I, no desde el punto de vista de su significación histórica, sino más bien con la mirada de Kondr Bulavin, el dirigente de la revuelta contra el zar, es decir, como opresor del pueblo. Y si en Pugachov el llamamiento a la violencia termina en arrepentimiento, en la Canción de la gran gesta se escucha otro acento: Colgaremos a los nobles por los hombros -dice el pueblo- ¡y los colgaremos de sus propios faroles! Y más adelante en forma de copla popular lírico-humorística añade:
Oficialita,
sí, palomita,
se ajustaron cuentas
ayer en Guvcheka.
Se coreó 'Yablochko'
Un joven marino:
Aún falta por ver,
¡de encima os sacaremos!
En la segunda arte de la Canción, Esenin traza un fresco de la Revolución de Octubre y de la guerra civil. Interpretando la ira popular, el poeta habla del campamento de los blancos donde se revuelcan como el ganado, empapados en vodka y blasfemando, donde beben por el zar, por la santa Rusia, entre caricias de nobles rameras, olvidando el dolor. La imagen de los rojos, por el contrario, está trazada con profunda simpatía:
Los que no duermen de noche,
en sus chaquetas de cuero embutidos,
por los pobres viviendo
y sintiéndose contentos.
Los que no quieren entregar,
la ciudad de Pedro.
La obra de madurez de Esenin, tanto por su cualidad artística como por su significación histórica es, sin duda, Ana Sneguin. En esta pieza está claramente reflejada la lucha de clases revolucionaria en el campo que siguió a la Revolución de Octubre para liquidar la propiedad latifundista. La acción se desarrolla en el Riazan natal del poeta, en la aldea rica de Radovo, donde cada quien tiene su patio cubierto, y granero y jardín y, en las fiestas, carne y kvas a la mesa. Kriuschi, la otra aldea, es pobrísima, En ella sólo es posible labrar a todo correr un pedazo de tierra ayudado por dos derrengados jamelgos. Todos las personajes del poema están espléndidamente bien articulados en el plano social tanto como en el sicológico, ya se trate del cochero de Radovo, del molinero, del terrateniente o de la amiga del poeta, Ana, y muy especialmente caracterizados dos personajes de Kriuschi, los hermanos Pron, y Labuti Ogloblini. Los kriuschianos asedian con preguntas al desocupado poeta. En el portal de Pron se alza un vocerío de mujiks. ¿Entregarán a los campesinos la tierra sin rescate alguno? ¿En qué parará la guerra? Y Lenin, quién es? Y no es fácil comprender la respuesta que el poeta da a los campesinos cuando estos preguntan por Lenin. A través del personaje, el poeta contesta: él es Ustedes.
Artística y verazmente dibuja Esenin la imagen de los primeros campesinos forjadores del poder soviético. Pron es un rebelde. Al referirse a él la rica molinera de Radovo dice: zoquete, camorrista, patán. Al declararse la guerra de 1914, metido entre la multitud que gritaba, Pron mató a un sargento. Ahora, después de octubre, Pron se muestra diferente: firme y atento, arde en deseos de comenzar la reconstrucción de la vida campesina e incluso crear en Kriuschi una comuna. Con el aliento entrecortado por la alegría le dice al poeta:
Sin rescate alguno a partir del verano
tomaremos los campos y los bosques.
En Rusia de hoy mandan los soviets
con Lenin como primer comisario.
Pron, el primero, irá donde Sneguin, el terrateniente de Radovo, con la solicitud de que se entreguen las tierras a los campesinos, y cuando un regimiento de guardias blancos haga una de sus incursiones en Kriuschi, será también Pron el primer sacrificado.
En el trasfondo de estos acontecimientos revolucionarios se, despliega también un tema lírico: el encuentro del poeta-narrador con la hija del terrateniente, el amor que surge entre ambos y la irreversible separación. Pero Ana cambia, provocando la desilusión del poeta.
Los últimos momentos
En Moscú, en el verano de 1925, Esenin trata otra vez de reorganizar su vida, de crear una familia. Se casa con la nieta de León Tolstoi, Sofía, pero este matrimonio apenas duró unos meses. Los amigos del poeta se empeñan en seguirlo por doquier, acechándalo en la calle y provocando incluso incidentes que terminan can la intervención de la policía.
Una tarde antes de la Navidad de 1925 Esenin se aloja sombrío en el Hotel Angleterre de Leningrado. Durante tres días yace en su cuarto, sumido en estado de ebriedad. En un acceso de locura termina por ahorcarse a los 30 años en su habitación. Como testamento dejó escrito con su propia sangre un poema que termina diciendo:
Hasta pronto, amigo mío, sin gestos ni palabras,
no te entristezcas ni frunzas el ceño.
En esta vida el morir no es nuevo
y el vivir, por supuesto, no lo es.
Sergio Esenin, junto con Blok y Maiakovski, es el más importante de los poetas ruso-soviéticos, siendo los tres considerados como lo señala Sophie Laffitte: figuras mitológicas contra el fondo apocalíptico de la Revolución.
La víspera había entregado a uno de sus amigos papeles con el encargo de ser leídos más tarde. Se trataba del poema: Adiós, amigo mío, adiós, desesperada conclusión de su En esta vida morir no es nada nuevo, atendiendo a la repercusión que podía tener. Dicho poema sirvió de base para que Maiakovski escribiera su A Sergio Esenin.
El trágico fin de Esenin -igual que cualquier otro final parecido- fue el resultado de toda una serie de circunstancias: inadaptación, fracasos sentimentales, dipsomanía... En medio de estas se destaca la indefensión del poeta en medio de las dificultades personales que atormentaron su vida. Esenin era dueño de una enorme sensibilidad. El pueblo ha perdido a su resonante guitarrero borrachín escribió Maiakovski.
Sobre él podemos decir, con las palabras de Chejov, que estaba dotado de un talento especial para intuir todos los matices del dolor. Esenin se quitó la vida bajo la presión súbita de un dolor torrencial de la desesperación, del cansancio espiritual.
En sus momentos de depresión Esenin consideraba que su poesía resultaría superflua en una sociedad nueva. Sin embargo, hoy día Esenin está considerado uno de los grandes de la poesía soviética y sus obras se editan en miles de ejemplares. Han dejado una huella profunda en la literatura soviética. Poeta difícil, quizá uno de los más difíciles, fue un talento admirable. Para Gorki era no sólo un hombre común y corriente, sino más aún, alguien a quien la naturaleza había dotado con la sensibilidad de un poeta para que expresara la inagotable tristeza del campo, el amor por todo lo que de entrañable y querido hay sobre la tierra y que, más que cualquier otra cosa, merece el hombre.
Serguéi Esenin, más que un hombre es un órgano que ha creado la naturaleza exclusivamente para la poesía, dijo Gorki cuando lo conoció. Asombra tanto como la riqueza y humanismo de su lenguaje poético, su sinceridad, y el hecho de que en el brevísimo lapso de 10-12 años pudiese crear un mundo con el cual se identifican en mayor o menor medida quienes le admiran.
Ante del nombre de Esenin salta siempre a la mente el tema del poeta nacional ruso, como si se quisiera parafrasear las palabras de Gogol sobre Pushkin, el poeta más amado de Esenin. Todo el paisaje ruso, Rusia misma, se halla reflejada en su poesía: Ah, sucede que ladeas el sombrero, aflojas las riendas del caballo y lo acercas al pienso: entonces acuérdate de mí. Esto nos recuerda a Nekrasov: No importa, pon pies en polvorosa, etc.
Esenin es, pues, un poeta popular. Lo es no sólo por su léxico, por su raigambre folkórica; lo es también por la esencia misma de toda su temática.
El motivo de su poesía es la vida en toda su dimensión, el rincón natal, el abedul, que el poeta se complace en grabar con su cuchillo, las canciones del los jóvenes comunistas, e incluso la agitación de la taberna. La industrialización del país, el Cáucaso y Riazan, el morduino y el gruzino, la estepa y la mujer. Y como héroe central, el poeta mismo. Todo lo que hay en el hombre, todo lo que puede sensibilizarlo: ¿La campanilla, su eco lejano? Todo se aposenta dulcemente en el pecho. Él nombró todo lo que aún carecía de nombre, lo que permanece dormido en el espíritu del hombre y que hace falta nombrar.
El secreto de su lirismo está en la forma en que su poesía abarca todo, en una época especialmente dura, cuando tanta sangre se ha vertido: Pienso -escribe en Ana Sneguin- ¡qué hermosa es la tierra sobre la que el hombre vive y cuántos mutilados y monstruos al llegar la guerra!
He aquí pues el por qué de la universalidad de Esenin. Él es junto a Maiakovski uno de los poetas más importantes de la Rusia del siglo XX. Su poesía sirve para comprender a todos aquellos que sufren, que padecen en medio de los escombros, a todos los que trabajan, a todos en fin los que aman la justicia social y la buena poesía. Por eso está entre los poetas más luminosos del siglo XX. El poeta turco Nazim Hikmet señaló también a Esenin como uno de los más grandes poetas universales. En la propia URSS Alexei Tolstoi escribía después de la muerte de Esenin: Ha muerto un gran poeta... Su poesía es como si nos hubiese entregado el tesoro de su espíritu a manos llenas.
Esenin supo despertar en el corazón los lirios de nuevas primaveras y escribió sobre sí mismo algunas palabras preñadas de plasticidad:
Vida, ¿acaso has sido un sueño más?
Es como si en el alba de la primavera
resonara
de mi rosado corcel su galopar.

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